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Queda poco más de un mes para que se celebren las elecciones generales del 29 de noviembre y, pese a que la campaña electoral no dará comienzo hasta el próximo 13 de noviembre, los principales candidatos están dejando ver su verdadera cara. En el horizonte de la izquierda empieza a dibujarse el temor a la llegada de un Gobierno ultraderechista, con un Alberto Núñez Feijóo radicalizado a la cabeza y Santiago Abascal como vicepresidente, y el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, llama a frenar este tándem “involucionista”.
Partido Popular (PP) y Vox han ofrecido pocos detalles de lo que será su alianza, pero han ido deslizando que algunos grupos sociales corren peligro, como los pensionistas y futuros jubilados, que pueden ver desmontado su sistema, o la clase trabajadora, a la que se le ha pedido “sacrificios” por adelantado. La cultura y la educación, como ya puede verse en las Comunidades Autónomas (CCAA) en las que gobiernan conjuntamente, son las otras dos patas de la mesa que están siendo serradas por los socios ultraderechistas.
“Dicen que la alternancia es interesante, es buena y sana, pero cuando metes en la ecuación a Vox todo cambia. Ya no estamos hablando de alternancia, estamos hablando de involución”, advertía Sánchez, en la noche de este jueves, durante su entrevista concedida a ‘La Revuelta’. “Hace varios días, en la Junta de Castilla y León, han acordado PP y Vox el censurar aquellas subvenciones a creaciones artísticas que consideren ideologizadas. ¿Quién elige y decide qué es ideológico? ¿Ellos? Eso se llama censura y no te lleva a una alternancia, sino a una involución”, ponía de ejemplo.
La medida a la que hacía referencia el jefe del Ejecutivo es el veto a la subvenciones para largometrajes, impulsado por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de Castilla y León, en manos de Vox. El PP ha apoyado definir un equipo de expertos, censores se llamaban durante la dictadura, que visiones las películas y corte el grifo de dinero público a aquellas “que impliquen adoctrinamiento ideológico, propaganda partidista o apoyo expreso a opciones políticas concretas”. Por supuesto, esta decisión la tomarán los ultraderechistas elegidos por la Junta.
Lejos de parecer esta una excepción en blanco y negro, son muchas las que se extienden por España. “En el 90 aniversario de la muerte de Federico García Lorca, en el Ayuntamiento de Valladolid acaban de suspender una obra de teatro suya”, apuntaba Sánchez otro ejemplo. Sin embargo, más allá de los cultural, existen otros muchos abordajes que están poniendo en peligro la vida de miles de personas, cercenando la igualdad e imponiendo un régimen de discriminación y exclusión que recuerda a tiempos pasados.
Este el caso de Andalucía, donde el moderado Juan Manuel Moreno Bonilla ha apoyado un plan de sus socios de Vox para “deportar” migrantes y, así, solucionar el “colapso” de la vivienda. El PP no tiene plan para la crisis habitacional más que otra época del pelotazo que llene los bolsillos de las constructoras, reniega de intervenir el mercado, pero no titubea a la hora de comprar el bulo ultraderechista de señalar a los migrantes como responsables del encarecimiento de los alquileres. Señalar al más vulnerable, un clásico fascista.
Esta es la prioridad nacional que Feijóo y Abascal quieren imponer también desde Moncloa. Una prioridad nacional que, no obstante, no funciona para todos aquellos que se ven afectados anualmente por las inclemencias climatológicas, como los vecinos valencianos que han subido recientemente una nueve DANA. El PSPV y Compromís han propuesto en Les Corts lanzar un paquete de ayudas, pero PP y Vox lo han rechazado, asegurando que la Comunidad Valenciana ya dispone de suficientes partidas presupuestarias ordinarias. Juanfran Pérez Llorca ha preferido apoyar una propuesta de refuerzo de las capacidades del Estado en Ceuta. La prioridad valenciana.
Esto son solo algunos ejemplos de las últimas semanas. Los de la última legislatura se cuentan por centenas. Todo colectivo o estrato social alejado de la España que dibujan PP y Vox ya está en peligro allí donde gobiernan y el líder del PSOE se apoya en esta tesis para solicitar el apoyo para cuatro años más de Gobierno. “Son cosas que no corresponden a la España del siglo XXI. No debemos permitir que avance el pasado”, trasladaba Sánchez. Por el momento, las encuestas parecen dar la ventaja a los tiempos pretéritos.




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