La crisis migratoria que atraviesa Ceuta entra en una nueva fase marcada por la necesidad de conjugar la urgencia humanitaria con los procedimientos administrativos y la coordinación institucional. El Gobierno central confía en poder trasladar a la Península a unas 500 niñas migrantes que permanecen actualmente en la ciudad autónoma en un plazo de “pocas semanas”, según ha señalado el secretario de Estado de Juventud e Infancia, Rubén Pérez Correa.

El anuncio llega acompañado, sin embargo, de una carencia reconocida por el propio Ejecutivo: Ceuta todavía no ha recibido una propuesta concreta y formal sobre cómo se articularán los traslados, pese a que el presidente de la ciudad autónoma, Juan Manuel Vivas, había reclamado precisamente ese documento para poder avanzar.

La contradicción entre la urgencia del escenario y los tiempos de la Administración vuelve a situar el foco sobre una crisis en la que las cifras representan mucho más que una estadística. Detrás de los cientos de menores se encuentra una red de acogida sometida a una presión extraordinaria y, especialmente en el caso de las niñas, la necesidad de garantizar espacios adecuados para su protección y atención.

Un plan todavía pendiente de concretar

Pérez Correa ha defendido que el Ejecutivo lleva trabajando desde comienzos de semana con empresas y organizaciones sociales para preparar el dispositivo. El secretario de Estado ha explicado que se están elaborando expedientes individualizados para cada menor, una tarea que considera especialmente necesaria ante la saturación de los recursos actualmente disponibles en Ceuta.

Según su explicación, el traslado requeriría la formalización de un convenio entre la ciudad autónoma y las entidades encargadas de acoger a las menores, una fórmula que ya se habría empleado en anteriores ocasiones. El Gobierno prevé además destinar parte de los fondos puestos a disposición de Ceuta para facilitar la operación.

La cuestión política reside ahora en transformar esa planificación en una propuesta concreta que pueda ser aceptada y ejecutada por las instituciones implicadas. Pérez Correa ha asegurado que, si el Ejecutivo ceutí reclama un documento formal, este será presentado.

El secretario de Estado ha defendido, asimismo, que el procedimiento puede desarrollarse con relativa rapidez. Como precedente ha citado el traslado de alrededor de 600 menores desde Canarias en el plazo de un mes, después de que el Tribunal Supremo obligara al Estado a asumir la atención de menores que habían solicitado protección internacional.

La protección de las menores, en el centro del debate

La discusión sobre el traslado no se limita a una cuestión de reparto territorial. La situación de los menores migrantes está sometida a un marco jurídico específico que obliga a las administraciones a garantizar su protección con independencia de su nacionalidad o de las circunstancias en las que hayan llegado a España.

La jurisprudencia del Tribunal Supremo ya estableció en 2024 que la devolución colectiva de menores no acompañados que habían llegado a Ceuta en agosto de 2021 vulneró las garantías legales. El principio que subyace a esta doctrina es que la condición de menor prevalece sobre la situación administrativa de quien llega al territorio.

En el caso de las niñas, además, el Gobierno sostiene que la saturación de los recursos constituye un factor añadido de vulnerabilidad. De ahí que la propuesta de traslado se plantee como una medida de carácter urgente y no únicamente como una fórmula de descongestión territorial.

Bruselas reclama protección y recuerda las devoluciones

Desde la Comisión Europea, el portavoz Markus Lammert ha situado la cuestión dentro de una doble exigencia: por una parte, ha expresado su expectativa de que los migrantes que hayan entrado ilegalmente en Ceuta sean devueltos a Marruecos; por otra, ha recordado que España tiene la obligación de garantizar la protección de las personas especialmente vulnerables.

La posición europea introduce así dos planos que conviven en la gestión de la crisis: el control de las fronteras y el cumplimiento de las obligaciones de protección internacional y de derechos de la infancia.

No existe, por tanto, una disyuntiva sencilla entre seguridad y protección. La respuesta institucional debe desenvolverse dentro de un marco jurídico que contempla obligaciones diferentes según la situación y las circunstancias de cada persona.

Loma Colmenar comienza a recibir a los migrantes

Mientras el Gobierno prepara la eventual redistribución de menores, Ceuta continúa tratando de ordenar la situación generada tras la llegada masiva de migrantes.

El recinto de Loma Colmenar, habilitado por el Ejecutivo central, ha comenzado a recibir nuevos ocupantes. Los accesos se están realizando de forma progresiva y grupos reducidos, mientras un numeroso grupo de personas aguardaba en las inmediaciones para poder entrar.

El presidente de la asociación vecinal de la zona, Rafael García, ha expresado su malestar por el hecho de que los primeros en acceder hayan sido personas procedentes de la playa de El Trampolín. Según su testimonio, los vecinos habían entendido que el espacio estaría destinado prioritariamente a los migrantes que permanecían en la propia barriada desde la llegada masiva registrada el día 30.

La situación ha generado también movilización vecinal. Residentes de las zonas próximas reclamaron que quienes permanecen en las calles puedan acceder igualmente a los recursos habilitados.

La playa del Trampolín, otro frente de la crisis

El escenario de la playa del Trampolín refleja de forma especialmente visible la dimensión material de la emergencia. Los trabajos de limpieza del arenal han vuelto a ponerse en marcha después de que tuvieran que ser interrumpidos el día anterior por razones de seguridad.

Los operarios abandonaron temporalmente la zona cuando el dispositivo de Policía Nacional y Guardia Civil se retiró y comenzaron a aproximarse migrantes que buscaban entre las numerosas construcciones improvisadas y tiendas instaladas en el lugar.

Las fuerzas de seguridad habían trasladado a unas 1.400 personas desde la playa hacia un recinto militar y un aparcamiento acondicionados para atenderlas. Sin embargo, durante la tarde alrededor de 500 regresaron al arenal, obligando nuevamente a detener las labores de limpieza.

La sucesión de desplazamientos evidencia las dificultades para estabilizar una situación en la que los recursos de acogida, los espacios urbanos y los dispositivos de seguridad deben adaptarse con rapidez a una presión extraordinaria.

El negocio clandestino de los traslados

A la dimensión humanitaria y administrativa se suma la actuación de redes dedicadas al tráfico ilícito de migrantes. La Policía Nacional ha desarticulado dos organizaciones presuntamente dedicadas a trasladar personas desde Ceuta hasta la Península, con cinco detenidos.

Según la investigación policial, las redes empleaban embarcaciones de pequeño tamaño y podían llegar a cobrar hasta 9.000 euros por persona.

En una de las operaciones fueron arrestadas cuatro personas, dos en Ceuta y otras dos en La Línea de la Concepción, en Cádiz, acusadas de organización criminal y favorecimiento de la inmigración irregular. En una segunda investigación fue detenido otro hombre, señalado como presunto integrante de una estructura dedicada a la misma actividad, que ingresó en prisión provisional.

Una de las organizaciones investigadas habría desplazado embarcaciones desde la costa gaditana hasta Ceuta para recoger a personas en situación irregular y trasladarlas posteriormente a la Península.

Una crisis entre la urgencia y la respuesta institucional

Ceuta queda así atrapada entre varias tensiones simultáneas: la presión sobre sus recursos de acogida, la necesidad de proteger a los menores, el control de los movimientos migratorios, la exigencia de coordinación entre administraciones y la actuación de redes clandestinas que convierten la vulnerabilidad en negocio.

El Gobierno central sostiene que el traslado de las 500 niñas puede materializarse en cuestión de semanas. Pero antes deberá concretar con Ceuta una operación que todavía no se ha plasmado en el documento que reclama su Ejecutivo autonómico.

En esa distancia entre el anuncio y su ejecución se juega buena parte de la credibilidad de la respuesta institucional. Porque cuando los recursos están saturados y las personas más vulnerables permanecen a la intemperie, la Administración no solo debe tener un plan: debe convertirlo cuanto antes en una realidad verificable.

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