Continúa ensanchándose el cisma entre la extrema derecha y los obispos. El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha apelado a respetar la "línea roja de la dignidad" y el "bien común" en relación con el debate sobre la inmigración, al tiempo que ha pedido "no dejarse atrapar por eslóganes polarizadores ni por la interpretación aún más polarizadora que algunos realizan a favor de sus intereses de poder", en referencias veladas a Vox, con quien mantienen un enfrentamiento dialéctico ya prolongado a raíz de esta cuestión. Para los obispos, el enfrentamiento y la deshumanización de la población migrante contribuye a una "mayor división social".
En su carta pastoral correspondiente a la primera quincena del mes de mayo, el prelado vallisoletano ha señalado que todos están llamados a respetar la "línea roja de la dignidad" que brota de la propia naturaleza humana y a moverse en un "ejercicio prudencial" de opciones económicas y políticas a la hora de la realización del "bien común". El arzobispo de Valladolid se ha referido a la Doctrina Social de la Iglesia para "iluminar" un debate que considera necesitado de justicia y en el que "dignidad humana y bien común han de conjugarse de manera simultánea". "Ambos principios son recíprocos y la consecución de uno es imprescindible para la realización del otro. La polarización tiende también a anular esta polaridad y a enfrentar a quienes ponen más acento en uno u otro polo", ha expresado el prelado.
Sobre el asunto de las migraciones, ha recordado que el Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 2241, señala que "las naciones más prósperas tienen el deber de acoger en cuanto sea posible al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país de origen", por lo que "las autoridades deben velar para que se respete el derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben". En ocasiones anteriores, recalcando su enemistad con Vox, responsables eclesiásticos han llegado a hacer afirmaciones tales como que "un xenófobo no puede ser un verdadero cristiano".
También ha explicado cómo el Papa Francisco, desde los principios morales básicos que recoge el Catecismo, invitó reiteradamente a un proceso de acogida, protección, promoción e integración en el que la Iglesia ha de ser "signo e instrumento de la fraternidad universal". Además, ha apuntado que el Papa León XIV acaba de afirmar, en el regreso de su viaje a África, dos principios: que los Estados tienen derecho a regular sus fronteras, pero, al mismo tiempo, los que llegan deben ser tratados con respeto y con arreglo a su dignidad. "Queridos amigos, dialoguemos, iluminados por esta doctrina, sin dejarnos atrapar por eslóganes polarizadores ni por la interpretación aún más polarizadora que algunos realizan a favor de sus intereses de poder", ha concluido el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española.
Nuevas brechas... y antiguas ensanchadas
Por su parte, Vox ha optado por seguir ensanchando el cisma con las autoridades religiosas. En vísperas de la visita del Papa a Españavisita del Papa a España, a poco más de un mes de la llegada de León XIV, el partido de extrema derecha intensifica sus ataques al episcopado, en un movimiento que evidencia tanto su radicalización discursiva como su disposición a tensionar instituciones históricamente cercanas a su ideario. Así, el líder de Vox, Santiago Abascal, acusó recientemente a los obispos de "hacer negocio con la inmigración ilegal", en una declaración que ha sido ampliamente criticada tanto por su contundencia como por no tener pruebas fehacientes para respaldarla. Estas palabras llegaron después de que el obispo de Canarias cuestionara las políticas de "prioridad nacional" impulsadas por Vox y aceptadas por el PP en los pactos autonómicos, invitando a los políticos a experimentar de primera mano la realidad migratoria antes de criminalizarla.
Lejos de rebajar el tono, Vox ha redoblado la ofensiva. Su portavoz, José Antonio Fúster, llegó a sugerir que algunos obispos deberían pasearse por barrios musulmanes en Bruselas, en una insinuación que ha sido interpretada como un intento de alimentar el miedo y la xenofobia. Esta escalada verbal forma parte de una serie de desencuentros que han ido en aumento en los últimos meses, rompiendo definitivamente la aparente sintonía que durante años mantuvieron ciertos sectores de la Iglesia con el partido. Según recoge eldiario.es, el punto álgido de esta tensión podría coincidir con la visita del Papa, prevista entre el 6 y el 12 de junio.
Especial atención genera, además, su intervención en el Congreso el 8 de junio, donde se espera que defienda la acogida de migrantes y un mensaje de paz. Vox ya ha advertido que no dudará en criticar al Pontífice si respalda políticas migratorias inclusivas, dejando claro que su línea ideológica está por encima incluso de figuras religiosas de alcance global. Este posicionamiento no solo evidencia una ruptura con la jerarquía eclesiástica, sino también una clara deriva ideológica que sitúa a Vox en una confrontación directa con valores tradicionalmente asociados al cristianismo, como la solidaridad o la acogida. Paradójicamente, el partido que durante años se presentó como defensor de las "raíces cristianas" de España ahora acusa a la Iglesia de complicidad con el Gobierno y de priorizar intereses económicos.