La crisis de los incendios de la Sierra Oeste de la Comunidad de Madrid ha abierto una subtrama en la fontanería del Partido Popular regional. La imagen de la presidenta madrileña, la hasta ahora baronesa intocable, está en entredicho. Su imagen de dirigente férrea, autónoma y capaz de imponer criterio tanto en la sucursal del PP como en Génova se deshace. La emergencia ha colocado a la jefa del Ejecutivo en un brete que no admite una única estrategia comunicativa, sino decisiones inmediatas, coordinación institucional y capacidad de anticiparse a un fuego que llegó a desbordar los recursos autonómicos. Según avanzaba El Constitucional este sábado, hay voces en el PP de Madrid que dibujan a una Ayuso desbordada y a la que Génova se ha visto obligada a rescatar. A las grietas intestinas se le suma, además, las pertinentes críticas de la izquierda y las amenazas de su Administración al colectivo de bomberos forestales en huelga.
La situación operativa en los frentes de Madrid y Ávila comenzaba a mejorar este domingo, cuando la Unidad Militar de Emergencias (UME) – antaño denostada por el PP - daba por contenidos los escenarios pese a continuar activas varias cabeceras y reproducciones sobre las que han concentrado los trabajos de extinción. Ese respiro de alivio llega tras varios días de castigo social, pero el incendio político que se ha abierto en torno a la Puerta del Sol no ha hecho más que empezar.
El Constitucional puso sobre la pista el descontento interno en el Partido Popular de Madrid. Fuentes citada por el medio describen a una presidenta totalmente alejada de la imagen que ha proyectado durante ocho años. “Está totalmente anulada y sin saber reaccionar ante la emergencia”, resumen al digital las voces consultadas, quienes al mismo tiempo sostienen que la jefa del Ejecutivo regional se encontraba tan “perdida” que la dirección nacional del partido conservador tuvo que intervenir para ayudarla en la toma de decisiones. Una información que también apunta al malestar de algunos alcaldes populares ante la falta de instrucciones de un Gobierno regional sobrepasado en las horas más duras del incendio. Sus críticas alcanzan también otras ramas del organigrama autonómico, como al consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo; quien previamente presumió del “mejor operativo antiincendios de Europa”, y al jefe de Gabinete de Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez.
La relevancia de dicha información no reside exclusivamente en los reproches, algo que puede ser habitual en un momento de rápida toma de decisiones ante una catástrofe climática como un incendio, sino en el papel que se vio obligado a asumir Alberto Núñez Feijóo durante la misma. Y es que Ayuso, desde que escaló a la cima de la Comunidad de Madrid se presentó como un verso libre que no sólo no necesita la batuta de la dirección nacional, sino que es en ocasiones quien marca el paso argumental a Génova. El hecho de que el jefe del principal partido de la oposición a Sánchez haya tenido que acudir a su auxilio altera por completo esa correlación de fuerzas y abre una grieta poco habitual en la imagen que ha tratado de pulir la propia Ayuso en conjunción con MAR.
Feijóo, al rescate
Pese al ruido interno, en público se ha evitado alimentar cualquier tipo de crítica hacia la presidenta de la Comunidad de Madrid. Feijóo explicó el sábado que había hablado con los barones de las autonomías más afectadas y con algunos regidores madrileños, mientras reclamaba responsabilidad y cooperación entre administraciones. “Todos somos uno”, sostuvo antes de pedir que cada responsable – autonómico o municipal – permaneciera en su puesto y “a la altura” de sus obligaciones.
La intervención del jefe de los conservadores sirvió para enviar un mensaje con tono institucional en medio de la bronca abierta entre Ayuso y Óscar Puente. Feijóo trató de rebajar la confrontación, pidiendo que “se refrescara el ambiente político” y eludió secundar los ataques verbales de las horas previas. Un cortafuegos político para Ayuso, que posteriormente engrasaría con una defensa de la colaboración con el Gobierno central, una reclamación de disciplina a la población y situando el foco sobre la loable actuación de los servicios de emergencia. Sin embargo, los inputs que circulan por las cañerías de Génova son bien distintos y señalan a una presidenta desdibujada que ha necesitado de la mano de una dirección nacional a la que ha presionado hasta la extenuación.
Las amenazas a los bomberos alimentan las críticas
Por si el incendio popular fuera poco virulento, Sol arrojó más leña al cierre del viernes al abrir un nuevo frente con unos 60 bomberos forestales. Los trabajadores denunciaron que acudían a sus puestos para ayudar en la emergencia, pese a permanecer sin vehículos, herramientas ni órdenes para incorporarse al operativo. En plena crisis, optaron por desplazarse por sus propios medios a los parques para ponerse a disposición de la cadena de mando en cuestión.
El Gobierno madrileño respondió con una retahíla de acusaciones y amenazas judiciales. Sol les señaló por mantener una posición de “chantaje”, mientras anunciaba que estudiarían “todas las vías administrativas y jurídicas” para depurar posibles responsabilidades. El Ejecutivo autonómico, sin embargo, defendía que los empleados públicos no se encontraban en las bases que tenían asignadas, por lo que cualquier incorporación al dispositivo debía seguir los cauces establecidos. Los bomberos, por su parte, denunciaron los contratos en situación irregular, un estado de abandono institucional, falta de reconocimiento profesional y medios insuficientes. Un escenario de precariedad que no les impidió sumar sus manos en la batalla contra el fuego que asolaba la Sierra Oeste.
Al margen, otro grupo de 450 profesionales de las brigadas forestales gestionadas por la empresa Tragsa, cuyo comité de empresa aclaró posteriormente que trabaja con normalidad tras suspender la huelga iniciada en 2025 a finales de mayo, acentuaron sus reivindicaciones por cuestiones similares: bajos salarios, temporalidad y precariedad. Sin embargo, éstos sí han sido partícipes de los dispositivos de extinción.
Sendas quejas y la amenaza de acciones legales al grupo de 60 bomberos ofrecía a la izquierda un argumento sólido y especialmente sensible. De hecho, el propio Puente no tardó en señalar al Gobierno de la Comunidad de Madrid por “perseguir” a los profesionales públicos. Entre tanto, el PSOE-M y Más Madrid vincularon la emergencia con los recortes, la falta de prevención y el deterioro de las condiciones laborales de quienes combaten los incendios. Incluso los socialistas madrileños cuestionaron que una autonomía con el poder presupuestario como Madrid no dispusiera de capacidad suficiente para responder a la crisis sin requerir la intervención del Estado. Los regionalistas, en cambio, acentuaron las advertencias previas de los trabajadores sobre la falta de plantilla, vehículos y equipamiento adecuado.
Ausencia en la reunión de emergencias
A las críticas de la oposición se añade una información publicada el sábado por InfoLibre, que desvelaba la ausencia de la presidenta regional en la reunión del Comité Estatal de Coordinación y Dirección del Plan Estatal de Emergencias del viernes. Según este medio de comunicación, Ayuso abandonó el lugar justo antes de que comenzara el encuentro, en el que participaron el rey Felipe VI; el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco; el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; y responsables de la UME, Protección Civil, la Guardia Civil, Policía Nacional y la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).
Dicha publicación hace constar que ninguno de los asistentes conocía los motivos de su marcha. De hecho, la presidenta pasó buena parte de la jornada en el puesto de mando de Cenicientos – reubicado el sábado en Navalcarnero por la evacuación del municipio – e incluso participó en el Cecopi y ofreció una comparecencia a los medios de comunicación. Su ausencia posterior, sin embargo, refuerza la grieta interna en el PP de Madrid que apunta al desconcierto político de la baronesa madrileña en un momento en el que el Estado ya asumía la dirección operativa.
Un intento por recuperar la iniciativa
A lo largo del fin de semana, la jefa del Ejecutivo madrileño ha tratado de pasar página y recuperar la iniciativa a través del anuncio de un plan de recuperación para los municipios afectados por las llamas. Sol ha comenzado a evaluar los daños y prepara actuaciones sobre más de cien kilómetros de carreteras, además de movilizar oficinas de atención para los evacuados y un rosario de recursos destinados a las explotaciones ganaderas y agrícolas. “Madrid nunca para”, proclamó Ayuso durante su visita a Villamanta este pasado domingo, junto a los Reyes.
La estrategia de la baronesa pivota ahora hacia el desplazamiento del debate desde la gestión inicial del incendio hacia la página de la reconstrucción y atención a los damnificados. O dicho de otra manera: la esperanza tras la tragedia. No obstante, el alcance real de su desgaste está aún por determinar, pues conserva el control absoluto del PP de Madrid y una mayoría holgada en la Asamblea; pese a que el cronómetro para las próximas elecciones autonómicas – mayo del 2027 – ya está en marcha. Lo que sí ha dejado esta crisis es una imagen absolutamente inédita, con dirigentes populares cuestionando su capacidad y la necesaria intervención de Feijóo, al que tantas veces ha tratado de reconducir al carril de la línea dura conservadora.
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