La interlocución con Junts, con límites. Es el mensaje que le lanzan al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, los sectores más pesados del aznarismo, encarnados por el propio expresidente del Gobierno José María Aznar y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La estrategia por la que está apostando el gallego para recuperar terreno político en Cataluña y mejorar las relaciones con la formación de Carles Puigdemont está siendo mirada con lupa desde estos frentes y levantando alguna que otra ampolla. El cambio de enfoque del líder popular para con los neoconvergentes y con el procés catalán, del que dijo la semana pasada que "había que pasar página", ha despertado recelos, especialmente entre los sectores más conservadores de la formación. Las críticas se han hecho visibles esta semana a través de las intervenciones de los políticos citados, dos de las figuras con mayor influencia en el ala más dura del partido. Ambos han lanzado mensajes interpretados internamente como advertencias frente al nuevo rumbo marcado por la dirección nacional.
Todo comenzaba cuando Feijóo reivindicaba, la pasada semana durante el congreso del PP catalán en Barcelona, la necesidad de "pasar página" del procés para afrontar la realidad política actual de Cataluña. Además, insistió en que cualquier alternativa de gobierno en España no debería construirse "contra Cataluña", un mensaje que, según fuentes populares, estaba dirigido tanto a Junts como al conjunto de la sociedad catalana. La intención de estas declaraciones es clara: traer al redil a un partido político con el que las relaciones nunca han sido buenas y suavizar posturas de cara a eventuales movimientos parlamentarios.
Sin embargo, estas declaraciones provocaron incomodidad entre numerosos dirigentes del partido. Para los sectores más duros, rebajar la confrontación con el independentismo supone renunciar a uno de los principales ejes políticos que han definido al PP durante la última década, que es, precisamente, la confrontación con los movimientos nacionalistas. Algunos referentes internos consideran que el desafío soberanista sigue siendo una cuestión central del debate político español y que no puede darse todavía por superado, aunque el contexto sea muy distinto al de hace una década.
Ampliar la base electoral...
Desde Génova defienden que el objetivo de este nuevo rumbo dialéctico es, por un lado, ampliar la base electoral del partido en Cataluña, y por otro, reducir la imagen de formación hostil hacia Cataluña que todavía persiste en determinados sectores de la sociedad catalana. La meta de los 'populares' consiste en mejorar sus resultados en una comunidad donde el PSOE mantiene una ventaja considerable y en la que Salvador Illa pudo formar Gobierno, y por limar asperezas en clave parlamentaria con los neoconvergentes.
La estrategia también busca facilitar una futura interlocución con Junts. Y es que aunque dentro del PP son pocos los que creen viable que la formación de Carles Puigdemont apoye una moción de censura contra Pedro Sánchez, máxime habiendo apostado por la 'vía Starmer', algunos dirigentes consideran que mantener una relación menos confrontativa podría resultar útil en un eventual escenario de investidura. Los de Puigdemont han recomendado durante esta semana un cambio político a la inglesa, esto es, que Pedro Sánchez designe un candidato, socialista o no, y que intente cosechar la mayoría parlamentaria para ser investido igual que él lo hizo.
...pero encontrarse con el lobo en casa
Esta aproximación a los independentistas catalanes, no obstante, ha visto coto. José María Aznar defendió recientemente que el objetivo del PP debe ser construir una "mayoría nacional" en las próximas elecciones generales, una fórmula que excluye la dependencia de fuerzas independentistas y que pasa, necesariamente, o por un PP lo suficientemente fuerte como para conseguir mayoría absoluta, o por pactar con Vox igual que en las autonomías. El expresidente también apeló a la necesidad de conformar una amplia mayoría de carácter centrista capaz de atraer apoyos tanto de la derecha como de sectores moderados de la izquierda.
Sus declaraciones fueron interpretadas de dos maneras dentro del partido. Por un lado, como una advertencia frente a cualquier estrategia sustentada en los votos del independentismo catalán, y por otro, como una llamada a ampliar la capacidad de atracción electoral del PP más allá de la suma con Vox, una posibilidad que cada vez cobra más fuerza en los cálculos de Génova.
En una línea similar se expresó Isabel Díaz Ayuso: la presidenta madrileña rechazó implícitamente la idea de considerar cerrado el capítulo del procés y defendió la necesidad de mantener distancia frente a lo que definió como una amenaza independentista permanente, posicionándose ante la línea nueva del partido al respecto. Entre los dirigentes más críticos existe, además, una oposición clara a la posibilidad de impulsar una moción de censura con el respaldo de Junts. Consideran que una iniciativa de ese tipo podría terminar beneficiando políticamente a Pedro Sánchez más que debilitándolo si no saliese adelante.
¿Alcance electoral limitado?
Para este sector de las filas 'populares', el principal problema de Feijóo no es la dificultad para atraer a Junts, sino la limitada fortaleza electoral del PP. Voces internas señalan que las encuestas sitúan al partido alrededor del 32% de intención de voto y que eso es una cifra insuficiente para aspirar a gobernar en solitario. La preocupación aumenta porque estos porcentajes se sitúan por debajo del resultado obtenido en las últimas elecciones generales, cuando el PP alcanzó el 33% de los votos. Pese a ello, siguen siendo la primera fuerza política.
En el mismo sentido, el PP intentará capitalizar en votos el desgaste del Gobierno de Pedro Sánchez por las recientes investigaciones judiciales, una circunstancia que algunos dirigentes populares consideran insuficientemente aprovechada por su partido. Ante este panorama, muchos cuadros del PP asumen que una eventual llegada al Gobierno pasaría previsiblemente por un acuerdo con Vox para poder alcanzar la mayoría absoluta. Feijóo, por su parte, ha empezado a contemplar públicamente esa posibilidad, aunque dentro de la organización existen voces que alertan de los riesgos de una coalición nacional con la formación de Santiago Abascal.
La cuestión adquiere, además, especial relevancia en un momento en que Vox ha reforzado su posición política frente al PP. Tras el ciclo electoral autonómico, la formación de extrema derecha considera haber conseguido imponer parte de sus condiciones a los populares. Incluso dirigentes tradicionalmente moderados, como Juanma Moreno en Andalucía, han tenido que incorporar a Vox en acuerdos de gobierno y asumir parte de sus planteamientos políticos para poder mantenerse en el poder.
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