Madrid, complejo de La Moncloa. 1 de enero. 13.00 horas. El presidente ha invitado a amigos y familiares.
- Pedro, feliz año. ¿Cómo te va la vida?
- Esta crisis no la pueden pagar los mismos de siempre. Nosotros gobernamos para la mayoría social de este país, nuestras medidas son aplaudidas en Europa y pese a la pandemia, filomena, un volcán y una guerra, hemos conseguido apuntalar los cuatro ejes que cimentaban la hoja de ruta de nuestro programa político: la economía social, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la cohesión territorial y la transición ecológica.
El presidente sonríe. Ya le sale del tirón, sin inmutarse, se lo sabe de memoria. Tiene ganas de más. El resto de los comensales están exhaustos: ni el jamón ni los gambones amenizan semejante chapa. Otra intentona.
- ¿La familia bien?
- La oposición de este país no acepta las reglas constitucionales. Es más, qué vamos a pedirle al señor Feijóo si su partido aún no quiere asumir que este gobierno ganó las elecciones. Por llevarle la contraria, se la llevan hasta a Europa. ¿No recuerdan lo del timo ibérico? ¿No lo recuerdan? Ahora tenemos la factura más barata de toda la Unión Europea, Von der Leyen nos aplaude. Y la inflación más baja. ¡La inflación más baja! Por no hablar del poder judicial.
Se viene retahíla. El presidente, sonrisa profident, sin corbata y con más canas de las que empezó la legislatura, ha perdido el rumbo: donde hay amigos ve periodistas, confunde las botellas de vino con micrófonos, la tele a todo volumen por si aparece Feijóo. O peor: Abascal. O aún peor: Ayuso. Ni hablemos de Iglesias. Quedan 12 meses para las elecciones generales. Cinco para las municipales y autonómicas. Mira el calendario… “¡España está en juego!”, vocifera. Suena el teléfono, prefijo europeo. Lo hemos perdido.
Moaña, comarca de O Morrazo (Pontevedra). 1 de enero. 15.00 horas. Feijóo cuenta una anécdota a los más jóvenes de la familia.
- Cuando era chaval, teníamos toda serie de animales. Solo matábamos un cerdo, pero recuerdo que se montaba una auténtica fiesta. Pero lo que a mí verdaderamente me gustaba era seguir la procreación de los conejos.
Suena el teléfono. Es Moreno Bonilla: “Feliz año, amigo”
- Tienes razón, Juanma. Es el momento de rebajar la crispación, volver a la moderación. Somos la alternativa sensata, la única capaz de echar a Pedro Sánchez de La Moncloa sin insultos, de forma transversal, tendiendo puentes y cimentando la candidatura en la solvencia y la gestión de las mayorías.
Uff. Vuelve a la mesa. Ha sido una conversación corta. Moreno ha quedado contento, y el tío tiene una mayoría absoluta. Es el barón territorial con más peso dentro del partido, qué bien hicimos en rodearnos de sus asesores en nuestra Ejecutiva. Joder, otra vez el teléfono. Se aclara la voz, es Isabel: “2023, Alberto, ya sabes lo que significa”.
- No caben medias tintas, Isa. Este Gobierno, ilegítimo, nos quiere llevar a una pseudodictadura como las de Venezuela. Sánchez y Castillo, será cosa de pedros. Hay que ilegalizar a los socios. Rufián se ha convertido en el mayor penalista del Reino de España, Felipe VI está en peligro, nos vamos directos al referéndum de autodeterminación. España no puede seguir en manos de sediciosos, malversadores, etarras y violadores.
Por fin un poco de tranquilidad. Como iba diciendo, jóvenes, los conejos yacían en… vuelve a sonar. Llaman desde la redacción de El Mundo. Esto no se puede hablar en público. Ni comer tranquilo dejan a uno.
Barrio de Hortaleza (Madrid). 1 de enero. 17.00 horas. Santiago Abascal mantiene una videollamada con amigos de España.
Rojo como la botella de vino acaba de caer. En mangas de camisa, pecho al aire por pura necesidad -demasiado gimnasio para seguir usando la M- y puro en mano. Calada larga. Se debate una moción de censura.
- Toni Cantó: Santi, soy tu candidato. El discurso lo tengo. ¿Me dejarás colar algún chiste de los que hago en 7nn, no? Además, el castellano lo domino como nadie, el currículum me avala, y no hay nadie de más consenso que yo: he pasado por todos los partidos, soy de todos y de nadie, los de Pie en Pared me apoyarían.
- Rosa Díez: Yo de ti no me fiaría de Toni, Santi. A mí ya me la jugó en UPyD. Hoy está contigo y mañana con Olona. En cambio, yo, que llevo un tiempo fuera, puedo volver como un fénix.
- Joaquín Leguina: ¡Viva Ayuso! Lo vuelvo a decir. ¿Me va a echar Sánchez por decirlo? Pues lo digo otra vez: ¡Ayuso, presidenta! Ya lo dije cuando me echaron… no me voy a quedar quieto. Con algo de suerte Guerra o González me echan un cable. Tengo que llamar a Emiliano.
La conversación sigue cerca de una hora. Esto es un auténtico jolgorio. Los juegos del hambre patrios. Los candidatos se rifan a pares. Adanero no quiere, pero si se le aprieta cede. Se acaba la reunión. Hora del brindis.
… pero si pregunta alguno,
bueno será contestarle
que, español, a toda vena
amé, reñí, di mi sangre,
pensé poco, recé mucho,
jugué bien, perdí bastante
y, porque esa empresa loca
que nunca debió tentarme,
que, perdiendo ofende a todos,
que, triunfando alcanza a nadie,
no quise salir del mundo
sin poner mi pica en Flandes".
Por España. Turno de llamar a Inés y a Cayetana. Esto es más difícil que la lista de Luis Enrique.
Fene (A Coruña). 1 de enero. 19.00 horas. Yolanda Díaz sigue escuchando.
Yolanda Díaz escucha más que nadie. Sentada frente a un mapa de España, se da cuenta de que aún le quedan un par de pueblos por visitar. No quiere perder el tiempo, así que improvisa: ha montado cinco mesas redondas en un momento. Una frente a la panadería. Otra en el bar. En la Iglesia. En el Colegio. En el centro de salud. No es momento de hablar de listas. Y encima Garamendi no coge el teléfono, el idilio terminó.
Llega a casa exhausta, se quita los tacones, se pone cómoda. Es la ministra mejor valorada y la candidata sin candidatura más prometedora. Lo dice Iván Redondo. ¿Es momento de descolgar el teléfono y llamar a Belarra, Montero, Errejón, Baldoví? Aún es pronto. Medita mientras sostiene un sucinto christmas navideño que acaba de llegar al buzón.
- Recuerda quién te puso ahí. Firmado: P.I.
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