El presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, ha presentado este viernes la candidatura de Alfonso Fernández Mañueco a las elecciones autonómicas que se celebrarán el próximo domingo 15 de marzo. Sin haberse curado todavía la herida de los comicios en Aragón, el próximo caucus de la derecha parece cortado por el mismo patrón que el anterior: el candidato a la reelección volverá a ser la primera fuerza, el partido socialista verá mermado su poder en la oposición y Vox cosechará una tercera posición de récord por encima del 20%.
No obstante, Feijóo ha presumido de resultados y sostiene que “cualquier partido firmaría el resultado del PP” porque “solo nos importa España”. Pese al estancamiento del PP de Extremadura y al retroceso del PP de Aragón, Feijóo considera que “no hacen lo que sus adversarios quieren”. Durante su intervención, Feijóo cargó contra el ministro Óscar López tras criticarle a Javier Lambán por no hacer oposición al PP en Aragón: "Óscar López jamás le llegará a la suela de los zapatos a Javier Lambán", espetó.
Extremadura y Aragón, en el horizonte
El terremoto extremeño ha levantado ampollas y Mañueco a puesto sus barbas a remojo. María Guardiola, la ganadora del 21-D, está acorralada entre su relato y la realidad. No obstante, a Guardiola le fue mejor yendo al choque con Abascal que a Azcón cerrando campaña con Vito Quiles. A los socialistas “el muro contra la ultra” se les va cayendo voto a voto, elección tras elección.
Ni centrando el grueso de su campaña en un mensaje optimista sobre la economía, ni radicalizando su discurso en la recta final, ni cerrándola con la participación de un agitador de extrema derecha ajeno a las tradiciones liberal-conservadoras del PP. En efecto, los azules eligieron el carrusel electoral de diciembre al próximo julio para debilitar al PSOE y ahora tiene una ultraderecha hiperdopada que escenifica su poder sobre Feijóo.
La ultraderecha llega fuerte y sin incentivos para regalar nada. Los de Abascal no necesitan demostrar responsabilidad, porque su papel fuera del sistema del bipartidismo les da votos. No temen tampoco una repetición electoral y no tienen prisa. Creen que cada día sin acuerdo en los gobiernos autonómicos erosiona al PP, no a ellos. Vox ha entendido algo que, por ejemplo Ciudadanos, no comprendió: para crecer no puedes ser partido bisagra, tienes que ser partido sustituto.
Pero la negociación no se juega solo en Extremadura o en Aragón. Vox quiere marcar líneas para futuras negociaciones autonómicas y municipales, y nacionales, y en el PP temen que cada concesión se convierta en un precedente. Por ello, el escenario más plausible es un bloqueo calculado y estirado, probablemente, hasta la celebración de las elecciones generales.
La lógica del sorpasso al Partido Popular resulta incompatible con una dinámica de coalición estable como socios equivalentes. Frente a la idea de “hermandad” expresada por la portavoz popular Esther Muñoz, Vox necesita mantener un perfil competitivo y diferenciado para seguir captando votantes descontentos.
Abascal, al galope
En Génova 13 sienten el aliento del caballo Abascal en la nuca, quien galopa hacia la lepenización de la derecha tradicional: el relevo. Por ello, Feijóo asumió un cambio de discurso y quiere que Vox entre en los ejecutivos regionales y hacerle partícipe del desgate por la gestión.
Por eso, Mañueco arrancó la precampaña del PP en Castilla y León con un mensaje directo a Vox: "Nosotros no nos marchamos, nos quedamos. No salimos huyendo, nos quedamos y damos la cara. Lo hemos hecho siempre y lo seguiremos haciendo". Por su parte, su colega extremeña se mantuvo más cometida y dejó "su mano está tendida, la agenda abierta, la voluntad intacta y la convicción de que lo que nos separa es mínimo" tras días de suflé retórico.
“Estamos abiertos a que otros se sumen, pero sumar no es perder respeto a nuestros votantes. Quien quiera un partido sin principios, que vote a Sánchez o pacte con él. Nosotros tenemos límites y principios”, ha dicho este mediodía Feijóo frente a su barón castellanoleonés.
A la metabolización de Vox ha contribuido -de manera asimétrica- el mismo bipartidismo que hoy se ve devorado por el monstruo. PP y PSOE retroceden y mientras se tiran los resultados a la cabeza, la extrema derecha avanza. Los ultraderechistas aceleran su estrategia antipolítica para matar a los populares. Ese es el verdadero reemplazo.