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ANÁLISIS
España

Lo que está en juego el 29-N

Lo que está en juego el 29 de noviembre es si participa en la gestión del Estado del bienestar y de la concordia civil un partido que pretende acabar con ellos

Santiago Abascal y Donald Trump. EP/Archivo.

Santiago Abascal y Donald Trump. EP/Archivo.

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Los neorreaccionarios norteamericanos en quienes se inspira Donald Trump -Curtis Yurvin, Nick Land, Peter Thiel- acusan a los europeos en general y a los progresistas en particular de idealistas, de vivir en Babia, de imaginar que es posible una justicia universal o un mundo perfecto que, en realidad, solo existen en sus cabezas. Los neofascistas de hoy apuestan por la fórmula de un CEO que supuestamente encarnaría el grado cero de la política, un ejecutivo de empresa para dirigir un país con mano firme, clarividente y justa, con la democracia reducida al mínimo, sin mediaciones institucionales que estorben la dinámica del dinero, con un mercado sin interferencia política alguna, bajando impuestos, adelgazando el gasto público: cuanto menos Estado, mejor.

En realidad, para idealistas, ellos: verdaderamente imaginan que existe en la realidad, y no únicamente en sus cabezas y en sus blogs, ese líder inmaculado, alguien que, sin ataduras constitucionales, dirigirá el país con ecuanimidad y coraje, sin meterse en política, decidiendo siempre lo que es mejor no para la mayoría social sino para el país (aunque cabe preguntar: si un país no es, principalmente, su mayoría social, entonces ¿qué es?). Ese hombre providencial no sería un CEO, como ellos sostienen: sería más bien un reflejo, una proyección de Dios mismo. Pocas veces un argumento de naturaleza tan inequívocamente teológica, es decir, tan idealista, tan fantástica, habrá logrado con tanto éxito pasar por un argumento realista para tanta gente de a pie. Ya nos alertó de ello Antonio Machado: “Quien prefiere lo vivo a lo pinta/ es el hombre que piensa, canta o sueña/. El carbonero tiene/ llena de fantasías la cabeza.

La paloma de Kant

A los votantes españoles de Vox les sucede algo parecido: creen ser los más realistas, los que hablan más claro, los que se atreven a decir las cosas como son de verdad, sin pelos en la lengua, al pan, pan, etc., etc. Ocurre, sin embargo, que en realidad son los más idealistas, los más ilusos, los más cándidos, pues solo desde la candidez cabe creer seriamente que los líderes providenciales existen en la realidad y que, además, a su país le ha tocado en suerte contar en sus filas con uno, precisamente a ese al que ellos van a votar. Piensan que los contrapesos institucionales que conforman el entramado democrático son un estorbo para la prosperidad del país, del mismo modo que la paloma mencionada por Kant pensaba que si el aire no la frenara, podría volar más velozmente: la pobre no sabía que era precisamente el aire lo que hacía posible su vuelo. Los ultras del mundo son la paloma kantiana; las instituciones de la democracia liberal, el aire que querrían suprimir porque piensan que entorpecen la buena gobernación, cuando en realidad son las que la hacen posible.

Lo que está en juego en las elecciones del 29 de noviembre es si participa en la gobernación del Estado del bienestar y en la gestión de la concordia civil un partido que pretende acabar con ambos. La singularidad de Vox en la política española es su firme determinación de destruir todo aquello en lo que sucesivas generaciones de españoles, de izquierdas y de derechas, venimos creyendo desde la refundación democrática medio siglo atrás: la igualdad de hombres y mujeres, la libertad sexual, el derecho a ser uno mismo sin amenazas ni peligros, la protección de los trabajadores, la mejora de los salarios, la garantía de las pensiones, la promoción de la vivienda como un bien público, la acogida cordial a los inmigrantes que quieren ganarse aquí la vida…

¿Es Feijóo una garantía?

¿Es acaso el presidente del PP, Alberto Núñez, Feijóo una garantía de que Abascal no intentará hacer las mismas cosas que están haciendo Trump o Milei? Feijóo no ha despejado las dudas que se ciernen sobre él. Por lo visto hasta ahora, recuerda más a un hombre débil que a un dirigente fiable. Inquieta pensar que presidirá un Gobierno con Santiago Abascal de vicepresidente: el líder de Vox tal vez no sea más listo, pero está muy bien conectado con la internacional neofascista, es más fuerte, más implacable, está poseído de una fe más intransigente y está más decidido a impulsar la revolución neorreaccionaria que propugnan los Trump y los Milei. Abascal cree ser un realista pero en realidad es un idealista de la peor especie, de esos convencidos de que la mejor solución para limpiar un país de herejes es la hoguera. Si la izquierda no logra gobernar de nuevo y quien lo hace finalmente es la derecha, ¿a quién se parecerá más el futuro gobierno, a Feijóo o a Abascal?

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