España vivió este miércoles 12 de agosto una de las citas astronómicas más esperadas de los últimos años. El eclipse total de Sol convirtió el atardecer en un espectáculo excepcional para millones de personas que miraron al cielo desde distintos puntos del país. No era una fecha cualquiera: se trataba del primer eclipse total de Sol visible desde la Península Ibérica en más de un siglo, un fenómeno que atravesó España de oeste a este y cuya franja de totalidad pasó por ciudades como A Coruña, Oviedo, León, Bilbao, Zaragoza, Valencia o Palma.

Durante unos instantes, la Luna se interpuso completamente entre la Tierra y el Sol en las zonas situadas dentro de la franja de totalidad. La luz del día disminuyó de manera drástica y el paisaje adquirió un aspecto poco habitual para una tarde de agosto. En el momento de la totalidad, además, quedó visible la corona solar, la capa más externa de la atmósfera del Sol, normalmente oculta por el intenso brillo de su superficie.

La experiencia, sin embargo, fue mucho más que una imagen en el cielo. Uno de los elementos que más llamó la atención de quienes pudieron seguir el eclipse fue el rápido cambio de luminosidad. El oscurecimiento del entorno, especialmente llamativo al producirse cerca del atardecer, transformó durante unos minutos la apariencia de calles, playas, campos y miradores desde los que se congregaron numerosos aficionados.

También estuvo presente otra de las sensaciones características asociadas a los eclipses solares: la percepción de un descenso de la temperatura cuando la Luna bloquea progresivamente la radiación solar. Para algunos espectadores, ese cambio ambiental pudo resultar tan sorprendente como observar el propio disco solar cubierto. A ello se sumaron las sombras, los cambios en el paisaje y la expectación colectiva de quienes esperaban el momento de máxima ocultación.

El eclipse tuvo además una particularidad que contribuyó a aumentar su espectacularidad en España: tuvo lugar al final de la tarde, con el Sol situado a poca altura sobre el horizonte en buena parte del recorrido. Según el Instituto Geográfico Nacional, el fenómeno completo se prolongó durante 264 minutos a escala global, aunque la totalidad apenas duró alrededor de uno o dos minutos en muchas localidades españolas.

Durante las horas previas, el fenómeno había generado una notable expectación, con actividades de observación y encuentros organizados para disfrutar de una cita astronómica poco habitual. La Agencia Espacial Europea, por ejemplo, programó una jornada especial de observación en León.

La jornada deja imágenes difíciles de olvidar y también experiencias muy diferentes según el lugar desde el que cada persona siguió el fenómeno. Algunos se quedarán con la repentina oscuridad en pleno día; otros, con la sensación térmica y el cambio del ambiente; y para muchos lo verdaderamente impresionante habrá sido contemplar un fenómeno astronómico que llevaba generaciones sin producirse de esta manera en la Península.

Después de una tarde histórica para la astronomía en España, queremos conocer la experiencia de nuestros lectores. ¿Qué fue lo que más te impresionó del eclipse de este miércoles: la oscuridad, el cambio de temperatura o el propio fenómeno solar?

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