Quince años habían pasado desde la última visita apostólica de un Papa a España hasta este sábado, cuando León XIV aterrizaba en el aeropuerto Adolfo Suárez-Madrid Barajas para pasar seis días en nuestro país con una agenda marcada por actos contra la polarización y contra los postulados de la ultraderecha en asuntos como la migración. Dentro del cronograma papal en su visita a España, en el que han destacado varias reuniones con colectivos desfavorecidos, está marcado en rojo su discurso en el Congreso de los Diputados de este lunes, que será el primero en la historia de un Pontífice en la Cámara Baja española.

Esta intervención tiene las expectativas muy altas. En los días previos, la máxima autoridad vaticana ha dejado patente las claves principales de su ideario personal, rechazando aquellos "enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos", llamando a "abandonar armas y muros", a no negar la complejidad y las diferencias y "vivirlas como una bendición", o a "avanzar junto al otro y a crecer juntos". Pese a ser una persona claramente tímida, lanzaba estos mensajes con toda la contundencia que se le puede presuponer o pedir al líder de una institución religiosa. A vista de los precedentes del sábado y el domingo, sobre el discurso parlamentario de este lunes recae sonada expectación.

Destacaron también las menciones del Papa al pasado multicultural y de convivencia de religiones de Al Ándalus o las diferentes citas a figuras de otras religiones. No se refirió en ningún momento a la 'reconquista', sino a la "presencia del islam" y a la "realidad política, cultural y religiosa de larga duración" que construyó y con la que "se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo". El Pontífice contrapuso aquellos tiempos a los actuales, en los que, a su juicio, apremia "la oscuridad de la razón y la violencia de las emociones", sin olvidarse de las redes sociales las redes sociales, donde "los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita, los intereses prepotentes siembran pulsiones de muerte".

Arqueo de cejas en el conservadurismo

Todas estas palabras, que sientan una base para lo que se puede esperar del discurso en el Parlamento, hacen arquear las cejas en la derecha y en la extrema derecha. Vox lleva meses atacando a los obispos por mantener postulados similares a los del Pontífice, especialmente en materia migratoria, ante la contundente respuesta de los religiosos, que mantienen que "un xenófobo no puede ser un verdadero cristiano". Al otro lado del charco, el presidente estadounidense, Donald Trump, ya ha atacado a León XIV, y no sería de extrañar que la ultraderecha española pasase a hacer lo propio en poco tiempo. Una encuesta de 40db para El País y la Cadena SER arroja, no obstante, que un 70% de los españoles respalda el rechazo a la guerra y un 57% hace lo propio con las críticas del Papa a las deportaciones llevadas a cabo desde Washington.

El líder vaticano nunca ha mencionado explícitamente al mandatario republicano, pero siempre queda claro a quién se refiere con las intervenciones de esta índole. Lanza postulados y proclama valores, y las alineaciones son automáticas. También es cierto que algunas de las afirmaciones papales eran ambiguas y podían leerse desde cualquier posición política (abandonar las narrativas divisivas y polarizantes, simplificaciones estériles, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones), lo que hizo que hasta Santiago Abascal se pusiera en pie y le aplaudiese. Pero cuando los mensajes eran más directos y significados, se despejaban las dudas.

La disyuntiva para las derechas es evidente. El conservadurismo se encuentra en un extraño punto en el que, al mismo tiempo, rechaza valores cristianos clásicos mientras reivindica su defensa o se los intenta apropiar como consecuencia de la cada vez más intensa batalla cultural. El Papa navega entre estos dos mundos y pone a las derechas en una encrucijada: lanza proclamas y mensajes alineados con los citados valores cristianos, pero la derecha no puede reivindicarlos como suyos como hace en otras ocasiones, porque incurriría en claras contradicciones, especialmente en las cuestiones migratorias y hacia las personas más desfavorecidas. "Necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia", reivindicaba el Pontífice.

 

De las personas vulnerables al baño de masas

El sábado por la tarde tuvo lugar uno de los actos papales que más sirvieron como declaración de intenciones. Estuvo en un centro de acogida en las afueras de Madrid que atiende a inmigrantes sin papeles, personas sin hogar y toxicómanos. Aquella visita dejó imágenes muy poderosas, como la de un senegalés que llegó durante la pandemia sin nada más que su cuerpo incluso y le regaló al Papa una réplica de su tarjeta de residencia. El Pontífice le saludó afectuosamente y con cercanía, un gesto normal, corriente y humano que, sin quererlo, tiene carga política frente a los discursos que deshumanizan a las personas más desfavorecidas.

Tras ello, el Papa se dio un paseo con el Papamóvil por la capital, desde el Palacio Real a la nunciatura, donde descansó y comió a mediodía. Unas 130.000 personas, según la Delegación del Gobierno, se acercaron a verle, y por la noche, otras 500.000 llenaron la plaza de Lima en un encuentro multitudinario con los jóvenes, en un acto en el que Prevost aconsejó a la juventud española que fuera humana. "Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día", reivindicó, en unas frases que también tienen lectura política: el CIS determina que el 27,1 de los jóvenes que votarán por primera vez en las próximas elecciones lo harán por la ultraderecha. El entorno de la plaza de Lima es, además, uno de los feudos de votantes de Vox.

Con la intervención parlamentaria, el Papa continuará su paso por España, que se prolongará hasta el jueves y se enmarcará en una dilatada agenda internacional. En septiembre irá a Francia y en noviembre se prevé que vaya a Perú y otros países latinoamericanos. Donde no ha querido ir, no obstante, es a Estados Unidos, pese a estar en el año del 250 aniversario de su fundación. "En estos tiempos, por desgracia, el mensaje de la paz resuena para algunos como ingenuo", pronunció también en un momento dado.

Súmate a

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio

 

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora