Durante toda la democracia, ha habido partidos que han usado a su favor el reglamento del Congreso de los Diputados para garantizarse tener grupo parlamentario propio a pesar de su limitado alcance electoral. Es el caso de los partidos de corte autonómico o nacionalista, o de los más pequeños a nivel nacional. El Partido Popular y Vox amenazan con bloquear esta posibilidad si, tras las próximas elecciones generales, consiguen mayoría en la Mesa de la Cámara Baja. Lo han dejado claro este martes, en el debate preliminar planteado, precisamente, sobre esta cuestión.
Lo han llevado a la palestra los partidos nacionalistas catalanes —ERC y Junts— junto a Podemos y el BNG desde el Grupo Mixto, y Compromís desde este último y del de Sumar. Son ellos los que podrían verse sin grupo propio la próxima legislatura si la derecha controla la Mesa del Congreso, que es la que decide sobre el régimen de constitución de los grupos parlamentarios. El PSOE, junto a estos partidos, el resto de Sumar, el PNV y EH Bildu, votaron a favor de que se tome en consideración esta reforma.
De esta manera, a pesar del voto en contra de PP y Vox, la Cámara Baja toma en consideración actualizar el reglamento para "favorecer una proyección más plena de la participación política de la ciudadanía por medio de sus representantes y del pluralismo en la organización y el funcionamiento internos del Congreso", según el texto presentado por los partidos.
¿Cómo se forman los grupos ahora?
Para ello, proponen modificar el artículo 23 del Reglamento del Congreso de los Diputados, que regula la formación de grupos parlamentarios tras las elecciones generales. En su forma actual, el texto acota la posibilidad de unirse y formar grupo propio a aquellos partidos que cumplan al menos uno de los siguientes supuestos:
- Tener quince o más diputados.
- Tener cinco o más diputados y llegar, al menos, al 15% de voto en las circunscripciones en las que se presente el partido.
- Tener cinco o más diputados y llegar al 5% de voto a nivel nacional.
Durante décadas, ha existido una suerte de competencia no escrita de la Mesa para conceder grupo a los partidos aunque no cumplieran con estos requisitos. La diferencia entre tenerlo y no tenerlo es clave, pues además de en la financiación repercute en el tiempo de intervención de los partidos en los debates parlamentarios. Los últimos ejemplos de esta salvedad son ERC, que en 2023 se quedó en el 13,1% de los votos en sus circunscripciones en Cataluña, y Junts, que logró el 11,1%. A pesar de esto, previo pacto con PSOE y Sumar, ambos partidos tienen su propio grupo.
En otras legislaturas, se han beneficiado de lo propio Coalición Canaria, el BNG o incluso UPyD. Pero igual que ha permitido conceder grupo a partidos que no cumplían los requisitos, esta potestad de la Mesa ha servido también para bloquear esta posibilidad para algunos partidos en las mismas condiciones. Fue el caso de Junts en 2019, o Amaiur en 2011, ambas con mayoría del PP en la Mesa y a pesar de quedarse muy cerca de cumplir los mínimos.
La reforma que se debate y la amenaza de PP y Vox
El Congreso ha tomado en consideración la propuesta de reforma, lo que significa que todavía no está aprobada. Acaba de comenzar su tramitación, y se tendrá que debatir y votar en el futuro. El nuevo texto propuesto para el artículo 23 rebaja los requisitos mínimos para formar grupo para aquellos partidos con cinco o más escaños. Necesitarían el 10% del voto en sus circunscripciones, en lugar del 15% exigido ahora; o el 3% a nivel nacional, en vez del 5% actual.
Los socios y el Gobierno se han apresurado a llevar esta cuestión a la Cámara Baja ante la amenaza de PP y Vox, que dicen abiertamente que, si logran mayoría en la Mesa la próxima legislatura, no van a conceder ninguna salvedad a los partidos minoritarios: "El vigente reglamento del Congreso ya es generoso con ustedes, yo diría excesivamente generoso, y les ha dado mucha más voz y mucho más protagonismo a lo largo de nuestra democracia del que los españoles les han dado en las urnas", dijo en el debate preliminar el diputado popular José Antonio Bermúdez de Castro.
Su homólogo en Vox, Ignacio Gil Lázaro, fue más allá, y acusó a los partidos que han propuesto la reforma de hacerlo porque prevén que, "en las próximas elecciones generales", van a sufrir "un rotundo descalabro en pérdida de escaños", a pesar de que algunos de los partidos se han beneficiado de esta dinámica estando en máximos históricos, como fue el caso de ERC en 2023. El diputado de la ultraderecha asegura que, si tienen poder en la Mesa, "impedirá que se sigan produciendo todas las mangarrufias".
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