El centralismo y la verticalidad son dos características que se han demostrado más que evidentes en la estructura interna de Vox. La fidelidad y afinidad a su líder, Santiago Abascal, es crucial para cualquier dirigente que quiera prosperar en la formación, y aún con esas, el líder ultraderechista se empeña en ser el protagonista en todas las campañas del partido en los territorios autonómicos. Ha pasado recientemente en Extremadura, en Aragón y está pasando en Castilla y León, donde desde el comienzo de la campaña el pasado 26 de febrero el ultraderechista se ha paseado por las localidades de la región acompañando al candidato a la presidencia autonómica, Carlos Pollán, pero sin dejarle ser el protagonista de su propia campaña y relegándole a un segundo plano constante. Lo mismo que ocurrió en los comicios anteriores con los respectivos candidatos de Extremadura, Óscar Fernández, y Aragón, Alejandro Nolasco.
Vox se ha lanzado a por los votos de los castellanoleoneses con un tipo de campaña que, más que explicar las propuestas de su candidato, está siendo más bien una suerte de gira personal de Abascal, de manera idéntica a las dos campañas electorales anteriores. Este cesarismo casa perfectamente con las voces críticas que señalan que acostumbra a acallar a los dirigentes con "capacidad de liderazgo", como ha ocurrido con varias figuras del partido que han destacado y han terminado purgadas o abandonando la formación por su propio pie. Ejemplos de este fenómeno son Iván Espinosa de los Monteros, Macarena Olona, Javier Ortega-Smith o Jose Ángel Antelo. Cualquier nombre que despunte y que amenace la supremacía de Abascal será eliminado.
Abascal goza de buena reputación entre buena parte de la ciudadanía. Le piden fotos por la calle, repiten sus proclamas y le muestran su apoyo. Ello hace que se convierta en protagonista, buscado o no, de las campañas políticas a las que se desplaza, robándole los focos a sus propios candidatos y diluyendo la autoridad y la popularidad de los mismos. A su vez, los discursos ante las cámaras se alejan de ser propositivos y están cargados de ataques y reproches tanto al Gobierno central como al Partido Popular, exportando la política parlamentaria nacional a municipios y autonomías con otros problemas y necesidades. Por ahora, no obstante, tal estrategia parece estar funcionando, ya que la tendencia de la formación ultraderechista es claramente alcista y el votante promedio de esta formación está satisfecho ante esta forma de hacer política.
La tercera gira autonómica de Abascal... y solo Abascal
Las primeras semanas de la campaña castellanoleonesa han contado con una presencia acaparadora del líder nacional del partido y la consiguiente y ya reiterada invisibilización de su candidato regional. En concreto, el move de los abascalianos se está basando en consistiendo en visitas a pequeñas y medianas localidades donde llaman a la prensa públicamente para montar un numerito en el que Abascal se convierte en protagonista y contesta a los medios para el deleite de sus acólitos hasta allí desplazados. Si la prensa se le sale del tiesto y le hacen al César alguna pregunta incómoda, los periodistas reciben reproches de sus fans. Pollán, por su parte, ni habla, ni contesta preguntas, ni se le ve en todo este proceso, o si lo hace, es con un perfil mucho más liviano que el de su jefe. Cuando se dan estos encuentros mediáticos, se limita a ser un mero acompañante del líder nacional del partido, quien recibe los elogios, la atención y los baños de masas, como ha sucedido en localidades como La Bañeza en León, con una gran presencia de jóvenes. Tanto es así que a veces Pollán ni siquiera está en las visitas a las localidades, como la que realizó Abascal por su cuenta a la cuenca minera leonesa de Laciana, en Villablino.
El desplazamiento al que está siendo sometido Pollán es tal que en las convocatorias de campaña de Vox no aparece ni su nombre. Solo avisan de la presencia de Abascal en el destino que toque, y si Pollán aparece, es para tomar un rol de acompañante, salvo en los mítines, donde sí habla, aunque habitualmente eclipsado por el César ultraderechista.
Asumir el rol alfa
Una justificación al sobreprotagonismo del líder ultra puede ser la falta de tracción de sus candidatos en el electorado. Tener una estructura tan vertical y en la que cualquier otra figura está desprovista de peso anula la agencia de los mandos medios y, por ende, su impacto y aprobación entre los votantes. Por ello, los tentáculos de Abascal han de expandierse y convertirse en la figura clave de todas las campañas, sin delegar lo más mínimo en sus líderes autonómicos. Ocurrió lo mismo en Aragón y Extremadura y se refleja en las redes sociales del partido, que divulgan carteles que anuncian convocatorias en las que solo aparece él y los candidatos, que deberían ser los protagonistas, están relegados a estar tras su espalda.
Llama especialmente la atención el contraste con otros partidos políticos, en los que aunque la presencia de los líderes también es acuciante, no es ni remotamente tan exagerada. El PP o el PSOE, por ejemplo, suelen reservarse la presencia de Feijóo o Sánchez para momentos especiales como la apertura o el cierre de la campaña, y su presencia nunca significa la eliminación total del candidato, sino un mero acompañamiento. La estrategia de Vox, no obstante, eclipsa a Carlos Pollán, y es Santiago Abascal el que ocupa los titulares de los medios y la publicidad del propio partido.
"Ya hemos demostrado que nosotros no tenemos ningún interés en los cargos, que lo que de verdad nos importa es el cambio de rumbo y las medidas concretas y todavía no hay ningún avance en ese sentido", expresaba Abascal hace unos días tras los comicios extremeños y aragoneses, en los que también fue el protagonista con el mismo discurso de siempre, repartiendo a partes iguales para el Gobierno y para el Partido Popular.
Desde el día 12 de enero, Abascal recorrió numerosos municipios de Aragón, empezando por Teruel el día de la presentación de candidatos, siguiendo el resto de días por Utebo, Jaca, Calamocha, Panticosa, Ejea de los Caballeros, Sos del Rey Católico, Aínsa, Fraga, Alcañiz, Huesca, Calatayud, La Almunia de Doña Godina, La Puebla de Alfindén, Andorra, Barbastro, Cuarte de Huerva, Zuera, Villarluengo, Caspe, Tarazona, Monzón, Zaragoza, La Muela y Huesca, donde Abascal terminó su gira el día 6 de febrero. En algunos encuentros, la mayoría, estuvo acompañado de Alejandro Nolasco, y en algunas ocasiones, solo.
Mismo escenario en Extremadura. El dirigente gira comenzó su tour en Mérida el 17 de noviembre con la presentación de candidatos para las elecciones autonómicas, y también estuvo en Badajoz, Navalmoral, Coria, Trujillo, Villanueva de la Serena, Guadalupe, Jerez de los Caballeros, Cáceres, Montijo, Azuaga, Almendralejo, Miajadas, Azuaga, Plasencia, Almaraz, Casares de las Hurdes y Zafra. El mismo discurso troncal de siempre: Sánchez y Feijóo y lo malos y traidores que son, y Óscar Fernández, nuevamente, reducido a un papel secundario. Lo cierto es que no le está yendo mal a la ultraderecha con estos visos, ya que ha mejorado resultados de manera clara en las dos últimas votaciones, pero conviene reflexionar sobre la verticalidad de la formación y sobre su profuso cesarismo, no tan distinto al que acusan desde su latitud política de perpetrar a Pedro Sánchez en las filas socialistas.