Hay documentos políticos que envejecen mal. Y otros que regresan como un boomerang. La carta que Santiago Abascal envió en 2013 a Mariano Rajoy para abandonar el Partido Popular —denunciando falta de democracia interna, traición a los principios y una cúpula “inamovible”— es hoy el texto que sus propios excompañeros de Vox utilizan para acusarle exactamente de lo mismo. Lo que entonces fue una declaración de ruptura con el poder establecido dentro del PP se ha convertido ahora en el espejo incómodo en el que una parte del partido le obliga a mirarse.

En la carta, reivindicaba el papel histórico del PP como “herramienta extraordinaria en favor de la sociedad española”, especialmente en los años más duros del terrorismo, cuando —recordaba— los escoltas formaban parte de la vida cotidiana de muchos dirigentes y militantes. El entonces dirigente popular evocaba a referentes del partido en el País Vasco y defendía el legado político de esa etapa, pero denunciaba que ese espíritu había sido arrinconado. A su juicio, se había producido un abandono de ideas, principios y políticas que definieron al PP en momentos clave, así como un olvido de figuras que simbolizaban la resistencia frente a ETA y el compromiso con una determinada concepción de España.

La misiva incluía una dura crítica a la dirección de Rajoy tanto en el plano político como orgánico: cuestionaba la continuidad de determinadas políticas, el trato a las víctimas del terrorismo, la gestión del desafío independentista y la falta de reformas estructurales. Pero, sobre todo, denunciaba la negativa a democratizar internamente el partido, el “pisoteo” de sus estatutos y la consolidación de una cúpula “inamovible” que, según afirmaba, había traicionado los valores y el contrato electoral suscrito con los ciudadanos.

“Son tus palabras, Santi”

Trece años después, esos mismos argumentos han sido rescatados por voces críticas dentro de Vox para denunciar lo que consideran una situación similar en el seno de la formación que nació, precisamente, como reacción a aquella ruptura. La carta de 2013, concebida como acta de divorcio con el PP, circula ahora como prueba documental en una batalla interna que cuestiona el modelo de liderazgo y la gestión orgánica del partido.

El detonante más visible ha sido el durísimo hilo publicado en redes sociales por el exdiputado Víctor Sánchez del Real. En él, cita extensamente la misiva enviada a Rajoy y subraya que las frases sobre congresos “bien amañados”, ponencias convertidas en “papel mojado” o una “implacable maquinaria” que convierte en disidentes a quienes discrepan no pertenecen a ningún adversario político, sino al propio Abascal. “Son tus palabras, Santi. No son mías”, insiste en varias ocasiones.

El mensaje llega en medio de una tormenta interna marcada por salidas abruptas de dirigentes, tensiones en las estructuras territoriales y un clima de creciente malestar entre sectores que denuncian falta de debate y centralización de decisiones en la cúpula. La ruptura con figuras relevantes del partido ha reactivado las críticas sobre el funcionamiento interno y el tratamiento dispensado a quienes cuestionan la estrategia o reclaman mayor participación en la toma de decisiones.

Sánchez del Real va más allá del reproche orgánico. En su hilo, apela al lema fundacional “Habla” para denunciar que hoy —a su juicio— hablar tiene consecuencias. Sostiene que se ha instalado una dinámica de señalamiento, filtraciones y descalificaciones contra quienes discrepan, una práctica que compara con la que el propio Abascal denunciaba cuando acusaba al PP de Rajoy de sofocar el debate interno.

El núcleo de la crítica es el paralelismo. En 2013, el entonces dirigente popular advertía a Rajoy de que otros seguirían su camino si no se corregía la deriva. Hoy, algunos de los que acompañaron a Abascal en los primeros pasos de Vox sostienen que la historia se repite: que el arrinconamiento de determinadas figuras y el abandono de ciertos planteamientos están generando una fractura silenciosa. Y utilizan la carta como espejo incómodo.

Desde la dirección del partido se enmarca la situación en la normalidad de cualquier organización política que evoluciona y toma decisiones estratégicas, y se defiende la cohesión del proyecto. Sin embargo, la recuperación del texto de 2013 introduce un elemento simbólico difícil de neutralizar: el contraste entre el discurso fundacional —centrado en la regeneración, la coherencia ideológica y la democracia interna— y las acusaciones actuales de falta de pluralidad y control férreo desde arriba.

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