La tragedia ferroviaria en Urda, en Toledo, asola a una sociedad consternada que arrastra el compungimiento de Adamuz desde el pasado enero. Dos graves e insoportables accidentes impactan sobre la memoria del país. Tragedias que han truncado en pedazos la vida de decenas de familias, amigos, vecinos o conocidos de las víctimas. Inasumible. Insufrible.
Desde las 8.53 de este lunes, la atención pública se concentra en el corredor ferroviario de alta velocidad que conecta Madrid y Andalucía, una línea marcada por la tragedia, que en menos de un año ha dejado decenas de víctimas mortales. La sociedad española comparte el duelo, acompaña en la distancia y abraza, simbólicamente, a todas las personas afectadas, heridas y fallecidas. Pero, pese a toda la conmoción y todo el espanto, quedan trenta días para las decimoséptimas elecciones generales de nuestra democracia.
El duelo altera la precampaña
El accidente ha trastocado los tiempos de la política española y ha obligado a los partidos a revisar sus estrategias en un contexto marcado por el desconsuelo, la incertidumbre y la exigencia de responsabilidades. Las agendas y los mensajes previstos han quedado desplazados por la atención a las víctimas y sus familiares, mientras el Gobierno afronta una crisis cuya dimensión política dependerá, en buena medida, de los resultados de la investigación y de su capacidad para ofrecer explicaciones convincentes.
La precampaña que conocíamos ha dado paso a un escenario en el que la gestión de los servicios públicos, la seguridad ferroviaria y la respuesta institucional ocupan el centro del debate. La tragedia también ha alterado el terreno emocional sobre el que competían las formaciones políticas. “La tragedia ha dado un giro al tono de la mal llamada precampaña que estaba imprimiendo Pedro Sánchez de manera muy efectiva: positivo, alegre, con expectativa de remontada”, explica Toni Aira, profesor de comunicación política en la UPF-BSM.
El cambio de contexto sitúa al Ejecutivo ante la doble exigencia de gestionar la emergencia y preservar la credibilidad y la confiabilidad del sistema. Al mismo tiempo, abre una oportunidad para que la oposición refuerce su proyección presidencial o, por el contrario, trate de capitalizar el malestar social. El modo en que cada partido gestione el equilibrio entre la exigencia de responsabilidades y el respeto al luto puede resultar determinante para la evolución de la campaña.
Gobierno a la defensiva, investigación decisiva
El politólogo y consultor de comunicación Jordi Sarrión-Carbonell considera que el accidente ha modificado el marco de la disputa política y ha colocado al Gobierno en una posición vulnerable. “Ahora mismo, el Gobierno está a la defensiva. Y la gran incógnita es dónde va a poner el foco la investigación y qué responsabilidades se van a determinar”, señala. La evolución de la crisis dependerá tanto de las conclusiones técnicas como de la capacidad del Ejecutivo para explicar qué ocurrió, qué decisiones se adoptaron y qué medidas se tomarán para evitar que vuelva a suceder.
Sarrión-Carbonell advierte, además, de la distancia entre los tiempos de la emergencia y los de la confrontación partidista. “La conversación política está siendo profundamente desigual: mientras todavía hay familias pendientes de encontrar a sus seres queridos, ya hay quienes están trasladando la confrontación política a las puertas del Ministerio de Transportes”. El politólogo subraya la necesidad de no perder de vista “esa dimensión humana, especialmente en un momento en el que la sociedad está muy sensibilizada”.
La posición del Partido Popular y la de Vox, sin embargo, responden a lógicas distintas. Aira considera que el principal elemento diferencial de la formación de Santiago Abascal es su oposición frontal al presidente del Gobierno. “Vox es lo más anti-Sánchez que hay, ese es el mayor diferencial que tienen respecto al PP”, afirma. A su juicio, ese antagonismo permite al partido interpretar prácticamente cualquier acontecimiento negativo como una consecuencia de la actuación del Ejecutivo: “Para el votante de Abascal, todo lo peor que pueda existir, incluidos los muertos tras el desastroso accidente, es culpa de Pedro Sánchez”.
La estrategia de Vox también plantea interrogantes sobre los límites de la confrontación política en un momento de pesar colectivo. Aira sostiene que a la formación le beneficia distanciarse de los comportamientos convencionales y que sus dirigentes pueden considerar rentable esa ruptura. “A Vox le favorece no hacer lo convencional y creen que pueden tener premio para romper y movilizar”, apunta. Sarrión-Carbonell coincide en señalar que el partido ha encontrado en distintas situaciones de emergencia oportunidades para reforzar su discurso contra el Gobierno, aunque advierte de que todavía no puede determinarse si su actitud acabará traduciéndose en un beneficio electoral.
En ese contexto, Sarrión-Carbonell menciona los análisis de Fernando Pittaro sobre la nueva derecha y el concepto de “pornocracia” desarrollado por Jorge Dioni, asociado a una lógica de exposición y consumo del sufrimiento. La incógnita es si esa estrategia refuerza la identificación de los votantes más movilizados o si, por el contrario, provoca el rechazo de quienes consideran que se han traspasado determinados límites.
Frente a la estrategia de confrontación de Vox, el PP dispone de la posibilidad de proyectar una imagen de alternativa de Gobierno. “El PP tiene la oportunidad de buscar un perfil más presidencial y central, como partido de Gobierno que vendrá y lo solucionará, si es que Feijóo lo sabe asumir”, sostiene Aira. La crisis puede permitir a Feijóo reivindicar solvencia, moderación y capacidad de gestión, siempre que consiga diferenciar su posición de una oposición centrada exclusivamente en el desgaste del presidente.“Si se instala la percepción de que el Gobierno oculta información o de que no controla la situación, el coste político puede ser muy elevado”, advierte Sarrión-Carbonell.
Una campaña que ya no puede ser la misma
Más allá de las responsabilidades que puedan derivarse del accidente, la tragedia ha alterado el marco emocional de la precampaña. El PSOE había comenzado a construir un relato basado en la esperanza, la alegría y la movilización de sus simpatizantes, con la expectativa de recuperar terreno electoral. Ese planteamiento resulta ahora difícil de mantener sin cambios. La gravedad de los acontecimientos obliga a sustituir la lógica de la movilización partidista por un tono de prudencia y responsabilidad institucional.
Una de las opciones del Gobierno sería propiciar un efecto de rally around the flag, es decir, "una reacción de cohesión social en torno a las instituciones y al liderazgo responsable de gestionar la emergencia". Sin embargo, ese efecto no es automático. Para que una parte de la ciudadanía cierre filas con el Ejecutivo, este debe transmitir solvencia, transparencia y empatía.
La crisis ha abierto, por tanto, un periodo de incertidumbre en el que la comunicación política estará subordinada a la respuesta institucional y al esclarecimiento de los hechos. El Gobierno deberá demostrar que está a la altura de la emergencia; la oposición, acreditar que sus exigencias se ajustan a la información disponible; y Vox, comprobar si su estrategia de ruptura moviliza a sus electores o genera rechazo. Como advierte el experto, “los próximos días van a ser determinantes”.
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