Los buques de la Marina Real de Marruecos que entraron en aguas de Ceuta coincidiendo con la llegada masiva de personas migrantes a finales de julio incumplieron las normas de seguridad marítima.
Concretamente, ellos vehículos habrían apagado el Sistema de Identificación Automática (AIS), según informa El País. Se trata de una herramienta que transmite automáticamente los datos de identificación de un barco, su posición, rumbo y velocidad, con el objetivo de que resulte más complicada su localización. Es cierto que no se trata de un elemento obligatorio, pero se considera una medida de seguridad para evitar choques, sobre todo en zonas en las que existe un tráfico marítimo considerado intenso, como puede ser el Estrecho de Gibraltar.
Además de esta medida, según fuentes recogidas por el periódico mencionado, la Marina marroquí habría tomado otras que dificultaron la vigilancia y protección de las aguas ceutíes por parte de la Armada española. En este sentido, los militares del país vecino tampoco habrían respondido a los mensajes que sus homólogos españoles les enviaron a través del canal de radio de comunicación marítima que se utiliza para realizar llamadas de socorro, emergencia o seguridad y al que los barcos civiles o de guerra deben siempre prestar atención por si se requiere que presten ayuda.
En el caso que concierne, esto llevó a que los barcos de la Armada española tuvieran que aproximarse a los de la Marina Real de Marruecos, para pedirles que se retiraran de la zona emitiendo señales visuales. De un lado, la parte de España tenía totalmente localizados la intromisión de la parte marroquí -que era plenamente consciente de estar saltándose las normas- gracias a su radar.
Los barcos de la Armada marroquí no reconocen habitualmente la soberanía española de las aguas en las que se produjeron la entrada, pero sí suelen respetarla, al contrario de lo que ha ocurrido en esta ocasión. No fue, por lo tanto, una entrada puntual ni con carácter accidental, sino que se trató de una acción hecha a propósito y de manera reiterada y persistente a lo largo de varios días, atendiendo a lo que rememoran la información publicada.
A punto de colisionar
En una de las aproximaciones, el patrullero de la Armada española Isla Pinto, de 40 toneladas y 20 metros de eslora, estuvo a punto de colisionar con una decena de tripulantes a bordo con una embarcación procedente de Marruecos ante la falta de respuesta a los mensajes por radio.
Con base en Melilla, Isla Pinto se desplazó a Ceuta para reforzar el despliegue naval de la ciudad autónoma ante las continuas intrusiones en aguas internacionales de la Marina de Marruecos. El choque, de haberse producido, podría haber provocado un grave siniestro dada la velocidad a la que navegaban y la peligrosidad de las maniobras que tenía que realizar le embarcación española.
Barcos desplazados
Los otros barcos que se desplazaron a la zona para vigilar las aguas territoriales fueron el Buque de Acción Marítima (BAM) Rayo, cuya base se encuentra en Canarias, y la fragata Santa María, a la que sustituyó la Navarra debido a una avería. Las dos tienen en base en Rota(Cádiz).
Las dos fragatas atracaron en Ceuta el pasado 5 de agosto para llevar a cabo el relevo, pero las instrucciones llegadas desde el Gobierno habrían sido que permanecieran en el puerta de la ciudad el menos tiempo posible. La intención con esa orden fue que Marruecos no interpretara que se buscaba una escalada militar de la crisis por parte de España.
Del lado del país vecino, participaron varios buques de guerra en la entrada en aguas españolas, entre ellos la fragata Hassan II. También se habrían entrometido una fragata de la clase Sigma, la Tarik Ben Ziyad, en su caso con más más de 2.000 toneladas y 105 metros de eslora, construida en los Países Bajos. Además de buques de guerra, alcanzaron también aguas españolas varios barcos pesqueros.
El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, mostró su preocupación ante la situación a su homólogo marroquí, Naser Burita, quien alegó ignorancia y pidió que se tratase el tema por canales militares. Las embarcaciones abandonaron la zona después de una conversación entre responsables militares de alto nivel de los dos países.
El pasado 13 de octubre tuvo lugar una nueva entrada, pero en este caso se consideró un acto fortuito y no hostil.
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