Finca El Castaño



Esto no se cuenta así como así. Esto requiere que el lector se sitúe en el mapa y localice el pequeño pueblo de Luciana (416 habitantes), en el Valle de Alcudia, provincia de Ciudad Real, donde el bosque mediterráneo reina por los cuatro puntos cardinales y los corzos, jabalíes, venados...pastan con tranquilidad ante la ausencia de depredadores. De depredadores con colmillos y garras, claro, porque las escopetas ya están desenfundadas ante la inminente llegada de la apertura de la veda de caza mayor (8 de octubre). Aquí, a 167 kilómetros de Madrid, o a 500 de Santander, tiene su refugio el banquero más poderoso de España y uno de los más influyentes del mundo. Aquí, en el latifundio de “El Castaño”, una finca de 11.000 hectáreas, Emilio Botín es propietario del mayor aeropuerto privado del país para el aterrizaje de aviones a reacción. Pero no se conforma con eso. Quiere más.

2.400 metros de pistas de aterrizaje
No. Emilio Botín, como “viejo zorro” financiero que es, sabe que tras el cierre del fallido aeropuerto de Ciudad Real, las posibilidades de negocio se amplian a nuevos horizontes, y no conforme con ser propietario de la mayor pista de aterrizaje privada del país, situada en pleno corazón del paraíso cinegético en que se ha convertido Castilla-La Mancha, solicitó hace unos meses la construcción de una nueva instalación. De esta forma, además de los 900 metros que tiene en la actualidad, dentro de unas semanas, si el plan de obras que va a gran ritmo cumple con los plazos, dispondrá de una segunda pista de aterrizaje de 1.500 metros (), lo que posibilitará la llegada de aviones a reacción de gran tonelaje, con más pasajeros...con más negocio. Su deseo es inaugurarla el 1 de octubre, fecha en la que cumplirá 80 años de edad.

Plano del aeródromo de Botín



Un aeropuerto tan grande como Cuatro Vientos...
Botín no se anduvo por las ramas cuando solicitó en diciembre de 2013 al Ministerio de Agricultura dirigido por Miguel Arias Cañete el pertinente permiso para construir esta nueva pista de kilómetro y medio de longitud, autorización que como no podía ser de otra forma le fue concedida () con la no menos lógica complacencia del Gobierno que preside la amiga íntima del machista exministro, María Dolores Cospedal. Luz verde que convertirá al aeródromo privado de “El Castaño” en un aeropuerto comparable al de Cuatro Vientos (Madrid), A Coruña, Murcia-San Javier, San Sebastián...o más grande que el de El Hierro, La Gomera, Córdoba, Gibraltar o Melilla.

...Con sólo 200 operaciones al año de su jet privado
Un aeropuerto para una sola persona, cuyo jet privado a reacción, un “Cessina Citattion”, valorado en torno a los 10 millones de euros, y que se puede ver estacionado la mayoría de los fines de semana en “El Castaño”, como el que aparca su “Altea” en Leganés. Unas instalaciones, en resumidas cuentas, para uso individual que apenas llegan por ahora a las 200 operaciones al año, según los datos de vuelo proporcionados por AENA, mientras que los pilotos que aterrizan en Melilla se las ven y desean para alcanzar la pista de 1.428 metros, 72 menos que los que tendrá la nueva de Botín, pero con la particularidad de que la ciudad norteafricana realiza al año 8.000 operaciones y transporta 300.000 viajeros.

Un aeropuerto relacionado con el narcotráfico


Un guardia civil señala los restos de la avioneta



Y es que hay que reconocer que al aeropuerto privado de Botín no le falta de nada. Ni siquiera una historia novelada para ser contada o llevada al cine. El caso es que el 25 de abril de 2008 una avioneta se estrellaba cerca de la propiedad del banquero transportando más de 200 kilos de hachis. En el accidente murieron dos personas (un español y un marroquí) y, según el entonces delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha y hoy peso pesado del Gabinete de la presidenta andaluza, Máximo Díaz Cano, la droga transportada iba a ser cargada en varios vehículos que esperaban la mercancía en el aeropuerto de la finca “El Castaño”, como decimos propiedad de Emilio Botín, que nada tuvo que ver con la “narcomovida”.

Desfibriladores, golf y tenis
Un susto mayúsculo para Emilio Botín, que sin olerlo ni catarlo se vio envuelto en esta asombrosa historia. Tal vez por eso, sus guardaespaldas siempre lo acompañan con un maletín donde lleva un desfibrilador por si las moscas, o para prevenir cualquier accidente cardiorrespiratorio. El caso es que al campo de golf, con vallas electrificadas para que los cérvidos no se coman el cuidado césped (apesar de estar prohibido), a las canchas de tenis, a su aeropuerto y diez torres de control; a sus casas de colonos donde residen 20 familias que cuidan de la propiedad, sumado al edificio central donde las cabezas de los trofeos conseguidos engalanan la mayoría de las numerosas dependencias, Botín tiene distribuidos por las 11.000 hectáreas de su latifundio distintos de estos aparatos electrónicos portátiles. Y es que no hay nada mejor que prevenir antes que curar. Quien pueda, claro.