La escena no ocurrió en un mitin ni en un plató de televisión, sino en los pasillos del Senado. Y, precisamente por eso, resulta más reveladora. El periodista Aimar Bretos, director y presentador de Hora 25, ha compartido una anécdota reciente que retrata con nitidez las contradicciones del discurso político actual, especialmente en el seno del Partido Popular.

Según relató en antena, hace apenas unos días visitaba la Cámara Alta el ministro de Exteriores de Albania, Ferit Hoxha. Una visita protocolaria, sin mayor trascendencia pública, en la que un alto cargo del Senado vinculado al PP ejercía de anfitrión. En mitad del recorrido, se cruzaron con el entonces ministro de Economía, Carlos Cuerpo. Fue entonces cuando se produjo una escena que, en palabras de Bretos, “define bastante bien el momento político que vivimos”.

El dirigente popular no dudó en detener a Cuerpo para presentarle al representante albanés. Hasta ahí, todo dentro de la normalidad institucional. Sin embargo, lo llamativo llegó después. Lejos de mantener una cortesía neutra, el alto cargo del PP se deshizo en elogios hacia el ministro socialista: destacó su perfil técnico, su capacidad y su dominio de idiomas, calificándolo incluso como “de lo mejor que tiene el Gobierno de España”.

Una valoración que contrasta de forma frontal con la línea oficial que el Partido Popular ha adoptado en los últimos días. Bretos subrayó precisamente ese contraste: apenas diez días después de aquella escena, y tras el ascenso de Cuerpo a la vicepresidencia primera, la formación que lidera Alberto Núñez Feijóo ha endurecido su discurso, restando valor a su nombramiento y enmarcándolo dentro de lo que califican como una continuidad del “sanchismo”.

Para el periodista, la anécdota puede parecer menor, pero encierra una clave interpretativa más profunda. “Es una chorrada”, admitía, antes de matizar que episodios como este ayudan a entender cómo funciona la política española. Por una ventanilla va lo que se dice en privado o en contextos institucionales, mientras que por otra muy distinta, el mensaje de la batalla partidista.

El caso de Cuerpo ilustra esa dualidad. Mientras en círculos internos o en encuentros informales se reconocen perfiles técnicos y trayectorias, el discurso político se endurece cuando entra en juego la confrontación pública. Una lógica que, según desliza Bretos, no es nueva, pero que se hace especialmente visible en momentos de relevos y ascensos dentro del Ejecutivo.

El 'relevo' de Calviño

Más allá de la anécdota, el nombramiento de Carlos Cuerpo como vicepresidente primero del Gobierno ya es una realidad formal. Este mismo viernes ha jurado el cargo ante el rey Felipe VI, en un acto en el que también ha tomado posesión Arcadi España como nuevo ministro de Hacienda.

Durante la ceremonia, Cuerpo ha prometido “cumplir fielmente las obligaciones del cargo con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución”, en línea con el protocolo habitual. Su ascenso se produce tras la salida de María Jesús Montero de esa responsabilidad, quien ha destacado públicamente la preparación de su sucesor y su disposición a asumir el cargo en un contexto complejo.

El relevo, sin embargo, no ha estado exento de críticas desde la oposición, que ha cuestionado el movimiento del Ejecutivo. Un contraste que, a la luz de la anécdota relatada por Bretos, pone de manifiesto las tensiones entre el discurso público y las valoraciones privadas dentro de la política española.

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