El idilio romántico del Partido Popular (PP) y Vox atraviesa un bache en Extremadura. Los de Alberto Núñez Feijóo ya no se empeñan en disimular que la extrema derecha es su socio preferente en toda España, pero intentan mantener inalterada las relaciones de poder que les otorgan una posición casi de dominio total sobre los ultras. La formación dominada con mano de hierro por Santiago Abascal no está por la labor de transigir y presiona a María Guardiola, con la que ha suspendido las negociaciones para la constitución de un nuevo Gobierno. Si bien el movimiento va más allá de territorio extremeño.
En apenas 20 días, los aragoneses acudirán a las urnas para decidir la estructura de su Parlamento autonómico para los próximos cuatro años. Este viernes comienza la campaña y Vox pretende mostrar, con su movimiento en Extremadura, que son más que una muleta del PP, que en la práctica es lo único que han sido, más allá de los discursos reaccionarios y exaltados. Asimismo, también lanzan un aviso a los navegantes conservadores: o siguen transigiendo, como en la Comunidad Valenciana, o el PP va a tener muy difícil constituir nuevos gobiernos. Ni en Extremadura ni en Aragón.
Las negociaciones con el PP extremeño pueden quedar paralizadas, o por lo menos reducidas, hasta que pase el 8 de febrero y Aragón ya esté decidido. La intención de Vox es conseguir un nuevo ascenso y poder exigir la entrada en el Gobierno, no solo la asunción de tesis ultras, machistas y racistas, que los de Feijóo no han dudado en asumir ya en otras localizaciones. La demanda es clara y el Comité de Acción Política (CAP) nacional ha ordenado al equipo negociador extremeño paralizar las negociaciones hasta que los de Feijóo se la tomen en serio.
Este martes, la Asamblea de Extremadura será constituida y comenzará el plazo de un mes para que Guardiola, que necesita el apoyo o la abstención de los afincados en la madrileña calle de Bambú, sea capaz de alcanzar un acuerdo con Óscar Fernández, líder de Vox en Extremadura. La ultraderecha quiere “hacer valer sus votos” y, para ello, da un tiempo a la baronesa del PP para que se replantee la postura en las negociaciones. “Parace que quiera repetir elecciones”, advierten los ultraderechistas, que buscan trasladar apariencia de impasibilidad.
Reparto de Consejerías
La líder del PP ya ha aceptado que tendrá que entregarle a Vox varias Consejerías, algo que los de Abascal ven con buenos ojos; pero, por el momento, ambas formaciones no se ponen de acuerdo sobre el reparto de carteras. "Nosotros pedimos que se hagan unas políticas determinadas, pero si esas políticas no van acompañadas de unas consejerías con presupuestos ejecutables que hagan posible ese cambio de políticas no habría nada, y ahí está la madre del cordero", ha explicado el portavoz nacional, José Antonio Fúster.
Esta petición “no le ha quedado claro a Guardiola", pero el equipo negociador de Vox "está intentando que lo entienda", ha insistido Fúster. "Ahora mismo no vamos a poder avanzar si el PP no entiende, no asume por entero, que vamos a defender con uñas y dientes los votos de Vox, eso es lo que nosotros queremos, no es una cuestión de una consejería, dos o tres, una vicepresidencia, el problema es el presupuesto, porque si las políticas no se pueden ejecutar no sirven de nada", ha advertido a la dirección nacional de sus socios.
No obstante, más allá de la bravuconería, el portavoz nacional ha dejado claro que las negociaciones no están rotas, sino que este movimiento responde a las prácticas habituales que se dan durante las negociaciones para conformar gobiernos. “Se puede y debe negociar, nosotros queremos gobernar. Ojalá, Guardiola, atienda a razones, no entenderíamos otra cosa que no sea trabajar para llegar a un acuerdo", ha añadido, utilizando el caso valenciano, donde Juanfran Pérez Llorca ha aceptado todos los postulados de Vox con tal de mantener vivo al PP y huir de Carlos Mazón y su gestión de la DANA.
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