Mariano Rajoy llegó tarde, este jueves, a su cita con un Congreso de los Diputados volcado en la moción de censura. A su llegada, el presidente del Gobierno eludió contestar a los periodistas que se agolpaban a las puertas del Parlamento y que le lanzaron preguntas como si pensaba dimitir hoy. Ni siquiera miró a las cámaras.



El presidente del Gobierno entró al hemiciclo con gesto serio, que mantuvo durante la intervención del portavoz socialista,  José Luis Ábalos. El rostro de Rajoy es el de un presidente de un partido hundido, al que la corrupción se lleva por delante.

Ya en su réplica al portavoz socialista, Mariano Rajoy lo apuesta todo a negar que su partido está carcomido por la corrupción hasta los tuétanos. El último gran golpe ha sido la detención del veterano Eduardo Zaplana, su compañero de Gobierno en tiempos de José María Aznar.