Hace ya unos días que el papa León XIV abandonó España y aún existe una especie de resaca en las ciudades que se vieron colapsadas. Su visita ha suscitado un intenso debate político y social sobre el papel de la Iglesia en la sociedad actual —recordemos que España es un país aconfesional y que se ha destinado dinero público a la visita del Pontífice—. Aprovechando este contexto, hablamos con el Padre Apeles, sacerdote y antiguo rostro televisivo, que reaparece públicamente para valorar el éxito del viaje pontificio y darnos su visión personal sobre los titulares y las polémicas que la visita papal deja sobre la mesa.

PREGUNTA (P): Hace mucho que no hablábamos con usted. ¿Cómo está?

RESPUESTA (R): Bien. Respiro y tengo pulso.

P: Debe de haber sido una semana muy emocionante por la visita del Papa.

R: Muchísimo. De niño era uno de los que iba con la hucha para las cuestaciones en pro de la Sagrada Familia y veía su continuación como un sueño que nunca llegaría a hacerse realidad. Asistir a la ceremonia en la que Benedicto XVI consagró la basílica y contemplar ahora a León XIV bendiciendo la torre más alta ha sido un gran orgullo como barcelonés y como católico.

P: ¿Usted lo conoce personalmente?

R: No. Yo solo conocía personalmente a Juan Pablo II y a Benedicto XVI. No conozco a León XIV, a pesar de que vivimos a pocos metros. (Risas). Pero sí conozco a muchos de sus colaboradores. Prevost es un hombre piadoso, inteligente, culto, respetuoso, cercano y prudente. Tengo muy buena opinión de su persona, aunque no siempre comparta sus decisiones.

P: ¿Qué valoración hace de su visita?

R: Ha sido extraordinaria. Yo nunca hubiese imaginado tal éxito. San Juan Pablo II tuvo una maravillosa acogida, pero fue en el año 1982. Aún España era buena y católica. Después de tantos años de descristianización, anticlericalismo y crisis de la Iglesia, no me imaginaba algo así. La juventud ha salido a las calles masivamente, pero no creo que haya sido un mérito de la Iglesia, sino consecuencia de la necesidad de trascendencia y de guía moral. Los jóvenes están ya hartos de todo: de la vaciedad, del cinismo, de la ridiculización de la fe, del fracaso del nihilismo moral y de la falta de perspectivas. Tienen sed de Dios e intentan saciarla. Esperemos que la Iglesia lo entienda y dé cumplidarespuesta. Existe el peligro de que eso sea aprovechado por las sectas protestantes, patrocinadas por Estados Unidos, como ocurre en Hispanoamérica. En unos pocos años nos podríamos encontrar con las locuras del sionismo cristiano o las payasadas que vemos en la Casa Blanca con Paula White-Cain y los telepredicadores.

P: Ha recibido grandes críticas tanto por sectores de la derecha como de la izquierda por sus mensajes políticos. ¿Lo entiende? 

R: Las críticas bipartidistas son un excelente termómetro de lo acertado del mensaje papal. El Papa y la doctrina católica no son rehenes de ningún partido ni de ningún poder político. El mensaje de Jesucristo está por encima de los tiempos y de los partidos. El Papa tiene que predicar la Verdad y el Bien, que vienen de Dios, y no someterse a ningún poder humano. Los siete minutos de aplausos de los políticos en el Congreso se debían a que cada uno apoyaba una parte de lo que decía el Papa, pero no necesariamente la misma. Sin embargo, la coherencia estaba en la totalidad del mensaje. No se pueden escoger los preceptos morales según el propio deseo, como si se tratara de una carta de restaurante.

P:  En algunos discursos sobre la inmigración o la igualdad de oportunidades, se asemeja a lo que ha defendido parte de la izquierda de nuestro país. ¿Podríamos decir que el Papa es un icono de la izquierda?

R: Yolanda Díaz y otros políticos lo han intentado... El Papa no es de izquierdas ni de derechas. Es ridículo aprobar leyes anticlericales, anticristianas e inmorales, en favor del aborto o la eutanasia y en contra de la familia y la castidad, y luego decir que se está con el Papa. Pero tampoco es lógico apoyar un liberalismo salvaje que maltrata a los débiles y creer que se es un buen católico.

P: ¿Debería España haberle abierto las puertas del Congreso al Papa tratándose de un país aconfesional?

R: El Papa es la primera autoridad moral mundial, y la política y la actividad legislativa no pueden sustraerse a los principios morales. Desde Pablo VI, los papas han hablado incluso en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Frente a un orden político que muchas veces es esclavo de las políticas partidistas, es necesario alguien que proclame la objetividad del derecho natural. Además, España, aunque aconfesional, es un país que fue unificado, civilizado y educado por la Iglesia católica y sigue siendo mayoritariamente católico. Si a jefes de Estado se les permite hablar ante las cámaras —por ejemplo, a Zelenski en España o al Rey de España en la Cámara francesa—, es lógico que lo haga también el primer jefe de Estado de la potencia más antigua de Occidente, creadora del sistema de derecho internacional.

P: Sin duda alguna, su visita será recordada por el excelente acto organizado en la Sagrada Familia. Entiendo que, como catalán, lo viviría con especial emoción.

R: Los catalanes y los barceloneses sabemos hacer las cosas muy bien y con unión suprapartidista de las distintas autoridades. Es una pena que en los últimos años algunas personas miopes hayan querido provincializar nuestra tierra, oponerla a la gran familia deEspaña y encerrarse en su cortedad. Ha sido un orgullo para Barcelona. Yo viví con juventud y ganas de diversión los fastos de Barcelona 92 y me acordé de ellos. Pero en esta ocasión se añadía, además, el factor religioso. La Sagrada Familia es un templo expiatorio y tanto sus promotores como el venerable Antoni Gaudí tenían un objetivo excelso y espiritual, no meramente artístico.

P: ¿Entendió las presiones para que el Papa hablara en catalán?

R: Absolutamente no. La Santa Sede, desde los tiempos de San Juan Pablo II, tiene muy en cuenta las distintas culturas y, en las visitas de todos los papas, se ha tenido un gran respeto por nuestra bella lengua catalana. El Papa ha demostrado una gran humildad aprendiendo a pronunciar muchos textos en lengua catalana, pero no se puede exigir a alguien nacido en Chicago, nacionalizado peruano y residente en la península itálica que pronuncie todos sus discursos en catalán. No es su lengua, pero respeta mucho la nuestra. La actitud de Puigdemont y de Miriam Nogueras fue ofensiva y demuestra su pésima urbanidad.

P: Un asunto extremadamente delicado que afecta directamente a la Iglesia española es que hasta 94 altos cargos de la misma estarían señalados por tapar casos de pederastia. ¿Debería el Papa afrontar estas acusaciones con más contundencia?

R: La pederastia es un pecado nefando y un crimen horrendo. Ha tenido lugar no solo en la Iglesia, sino en muchos ambientes, principalmente en el familiar y el educativo. Pero lo peor es que un cierto progresismo —sobre todo en Francia— ha sido favorable a las prácticas sexuales infantiles. Corromper a los niños exponiéndolos a la sexualidad, ya sea en la práctica o en la teoría, supone robarles la infancia y merece el mayor castigo. Que en el seno de la Iglesia haya habido numerosos casos ni siquiera es lo peor, sino que algunos obispos hayan reaccionado pasivamente, limitándose a cambiar de lugar a los responsables.

P: ¿No cree que no afrontar el asunto con decisión, más allá de reunirse con algunas víctimas, protegería a la institución?

R: Hasta que no se castiguen esos comportamientos no habrá justicia. Benedicto XVI fue quien más hizo para acabar con esta lacra. Pero creo que, hasta que no se deje de realizar grandes declaraciones y se actúe con eficacia jurídica —respetando el derecho a la presunción de inocencia y el debido proceso, por supuesto—, no se acabará con esta peste. Obviamente, son los tribunales civiles los que tienen que actuar, porque son los que disponen de los medios necesarios —no existen hoy en día tribunales de la Inquisición con medios propios—, pero la Iglesia tendría que crear secciones criminales en los tribunales de la Santa Sede (la Rota Romana y la Signatura Apostólica) para todo lo referente al derecho canónico. Yo lo he propuesto en algunas ocasiones, pero nadie me ha escuchado. (Risas).

P: Cambiando radicalmente de tema. Hacía tiempo que no lo veíamos en televisión, pero el otro día lo vimos aparecer en «Todo es mentira». ¿Le gustaría volver a la televisión, a la nueva Mediaset?

R: No. Soy un gran fan de Mediaset. Parte de mi vida la dediqué a esa empresa, pero hoy en día me encuentro absolutamente retirado y más pendiente de mi vida ultraterrena que de esta.

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