Hay preguntas que duelen porque contienen una verdad incómoda. Y una de ellas se escucha cada día más en miles de hogares andaluces: "Papá, mamá, ¿por qué votasteis al PP y me impedisteis emanciparme?". Puede parecer una pregunta exagerada. Pero basta con observar la realidad que viven miles de jóvenes para comprender que detrás de ella hay una frustración creciente. Trabajan, estudian, encadenan contratos, pagan impuestos y hacen todo lo que la sociedad les pidió que hicieran. Sin embargo, siguen viviendo en casa de sus padres porque acceder a una vivienda se ha convertido en misión imposible.

La situación resulta todavía más difícil de entender cuando el Gobierno de Pedro Sánchez plantea destinar cerca de 1.200 millones de euros a Andalucía para ampliar la vivienda asequible, impulsar la construcción de vivienda protegida y propone blindar de forma permanente las Viviendas de Protección Oficial para evitar que vuelvan a acabar en manos de la especulación, mientras Moreno Bonilla rechaza estas medidas y opta por la confrontación política y judicial. ¿Por qué hace esto?

En plena escalada de precios y alquileres, cuando la vivienda se ha convertido en Andalucía en una de las principales preocupaciones de las familias, la pregunta es por qué Moreno Bonilla se opone a medidas orientadas a aumentar la oferta de vivienda asequible y a contener la escalada de los precios del alquiler.

Málaga se ha convertido en el símbolo de una Andalucía cada vez más atractiva para las grandes fortunas y más inaccesible para quienes nacieron en ella. Hace unos días ocupaba titulares la venta de un ático de lujo por cerca de seis millones de euros, una cifra que resume a la perfección la distancia entre el mercado inmobiliario y la realidad de la mayoría de los ciudadanos.

Porque la realidad de los malagueños poco tiene que ver con esas operaciones millonarias. El salario medio en la provincia ronda los 22.000 euros brutos anuales. Dicho de otra forma: un trabajador medio necesitaría más de dos siglos de salario íntegro para comprar una vivienda de ese tipo. Son dos mundos distintos conviviendo en la misma ciudad.

Los datos del Banco de España confirman lo que las familias perciben cada día. Málaga es la ciudad española donde más esfuerzo económico se necesita hacer para comprar una vivienda y también una de las más difíciles para alquilar. Para muchos jóvenes, el alquiler consume más de la mitad de sus ingresos. ¿Hay derecho a esto?

Pero el problema no afecta únicamente a Málaga. Sevilla, Granada, Cádiz, Córdoba, Almería o Huelva están experimentando una evolución similar. Los precios del alquiler crecen mucho más rápido que los salarios. Andalucía acumula años de incrementos continuados en el mercado inmobiliario mientras sus trabajadores siguen percibiendo remuneraciones inferiores a la media nacional.

Esa es la gran paradoja andaluza. Los precios de la vivienda se acercan cada vez más a los de territorios más ricos, pero los salarios continúan muy lejos de ellos. Para miles de jóvenes, comprar una vivienda ya no es un proyecto de futuro, sino una fantasía.

En Andalucía, las competencias en vivienda las tiene Moreno Bonilla, y tras ocho años de gobierno del PP, los problemas de acceso a la vivienda no han dejado de agravarse. Existen mecanismos para ampliar la vivienda pública, contener la especulación y facilitar el acceso a una casa a precios razonables. La diferencia está entre quienes intentan ponerlos en marcha y quienes prefieren bloquearlos.

Precisamente por eso resulta tan relevante el nuevo Plan Estatal de Vivienda impulsado por el Gobierno de Pedro Sánchez. Una de sus medidas más importantes consiste en blindar de forma permanente las Viviendas de Protección Oficial para evitar que viviendas construidas con dinero público acaben incorporándose al mercado libre y convirtiéndose en objeto de especulación. Si una vivienda se construye sobre suelo público o con recursos públicos para garantizar un derecho social, debe seguir cumpliendo esa función para siempre.

Junto a ello, el Ejecutivo central ha planteado una movilización histórica de recursos para aumentar el parque de vivienda asequible y contribuir a moderar los precios del alquiler. Andalucía podría recibir casi 1.200 millones de euros destinados a impulsar vivienda protegida y facilitar el acceso a una vivienda a miles de jóvenes y familias trabajadoras.

Sin embargo, Moreno Bonilla ha rechazado esta cantidad y ha optado por la confrontación política y judicial. La Junta ha recurrido medidas impulsadas por el Gobierno central y ha cuestionado iniciativas destinadas precisamente a ampliar la vivienda pública y reforzar su protección. Y eso obliga a formular una pregunta incómoda: si Andalucía es una de las comunidades donde más difícil resulta comprar o alquilar una vivienda, ¿por qué rechazar herramientas destinadas a aliviar ese problema?

Más aún cuando en las últimas semanas han surgido críticas por la gestión de la vivienda pública andaluza y por procesos de externalización dentro de la Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía. Y cuando también este fin de semana varias manifestaciones han recorrido las calles de Andalucía denunciado el aumento del precio de la vivienda y los alquileres, la proliferación de pisos turísticos y reclamando más vivienda asequible y medidas contra la especulación.

Pero a pesar de todo ello, Moreno Bonilla sigue fielmente la hoja de ruta marcada por Ayuso y Feijóo. El esquema se repite: el Gobierno propone una medida, el PP la rechaza, se anuncian recursos y se presenta cualquier intervención pública como un supuesto ataque al mercado.

Por otro lado, y aunque Moreno Bonilla y Vox tratan de escenificar desencuentros públicos, la realidad demuestra que en cuestiones fundamentales tienen posiciones muy similares. La vivienda es una de ellas.

Moreno Bonilla y Vox siguen escenificando una confrontación que desaparece cuando se aborda cuestiones como el problema de la vivienda. Ambos rechazan las herramientas destinadas a intervenir en los mercados tensionados y limitan el papel de las administraciones públicas para garantizar vivienda asequible.

A estas alturas resulta difícil tomar en serio el supuesto distanciamiento entre Moreno Bonilla y Vox. Se trata de un teatrillo político para intentar preservar una imagen de moderación que cada vez resulta menos creíble, puesto que fue el presidente andaluz del PP quien abrió la puerta en España a los acuerdos con la ultraderecha. Y hoy sigue coincidiendo con Vox en buena parte de los planteamientos que definen la agenda de esa derecha radical.

Porque detrás de cada estadística hay historias reales. Parejas que retrasan tener hijos. Jóvenes que siguen compartiendo piso a los treinta años. Familias que destinan más de la mitad de sus ingresos a pagar un alquiler. Trabajadores que deben abandonar la ciudad donde crecieron porque ya no pueden permitirse vivir en ella.

La pregunta con la que comenzaba este artículo es una pregunta sobre consecuencias. ¿Qué ocurre cuando los gobiernos autonómicos del PP, como el de Moreno Bonilla, que son los que tienen las competencias en vivienda, rechazan medidas para facilitar su acceso?

Y por eso esa frase resuena cada vez con más fuerza en Andalucía.

“Papá, mamá, ¿por qué votasteis al PP y me impedisteis emanciparme?”.

Porque cuando una generación pierde la posibilidad de acceder a una vivienda, ya no estamos hablando únicamente de ladrillos. Estamos hablando de futuro. Y mientras Moreno Bonilla sigue los pasos de Ayuso, mantiene abiertos los puentes con Vox y rechaza medidas destinadas a ampliar la vivienda asequible y contribuir a la bajada de los alquileres, son miles de jóvenes andaluces quienes pagan las consecuencias. El futuro de Andalucía debería empezar garantizando algo mucho más sencillo: que quienes trabajan puedan vivir y prosperar en la tierra donde nacieron.

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