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Opinión

Sánchez dispara a España en la economía mientras Feijóo y Abascal afilan la motosierra laboral

La derecha y la extrema derecha responden al progreso con su único programa real: perjudicar al trabajador, desmantelar lo público y hacer más precaria la vida de la mayoría social

Miguel Ángel Heredia
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. EP

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. EP

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Las nuevas previsiones del Fondo Monetario Internacional confirman el liderazgo indiscutible de nuestro país entre las grandes economías avanzadas por tercer año consecutivo. Ante la solidez de un modelo progresista que crea más empleo y más derechos, la derecha y la ultraderecha solo ofrecen recortes sociales, la sumisión a las mutuas y la asfixia del trabajador.

España vuelve a desmentir todos los pronósticos catastrofistas. El último informe de Perspectivas Económicas Mundiales del Fondo Monetario Internacional ha elevado la previsión de crecimiento de nuestro país hasta un rotundo 2,5%, lo que nos sitúa ante las grandes economías desarrolladas como el país que más crece de todo el planeta.

España no solo crece más del doble que la media de la eurozona, fijada en un modesto 1,1%, sino que triplica holgadamente el ritmo de gigantes en apuros como Alemania, Francia o Italia. Tres años consecutivos liderando la expansión económica mundial no son fruto del azar ni de una casualidad; son el triunfo indiscutible de una política socialdemócrata valiente, del impulso de los fondos europeos y de un modelo de prosperidad que beneficia al conjunto de la sociedad y que ha echado por tierra, uno a uno, todos los dogmas del neoliberalismo.

Frente a la contundencia de estos datos, la pregunta resulta tan inevitable como demoledora: ¿qué alternativa le ofrecen a la ciudadanía Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal? La respuesta es ninguna, solo ruido y recortes. Incapaces de aceptar la solidez de los números y el prestigio internacional que ha conseguido el Gobierno de Pedro Sánchez, la coalición reaccionaria solo propone acabar con los avances sociales y volver a la receta que ya arruinó a las clases medias y trabajadoras.

Mientras España demuestra que se puede crecer protegiendo el poder adquisitivo y ampliando derechos, la derecha y la extrema derecha responden con su único programa real: perjudicar al trabajador, desmantelar lo público y hacer más precaria la vida de la mayoría social.

Esta falta de coherencia y de proyecto propio la hemos visto estos días, con la visita de Milei a España: ni Abascal ni Feijóo han querido hacerse una foto con él. La única que lo ha abrazado ha sido Ayuso. Quienes hasta hace poco consideraban a Milei un gran referente político hoy evitan fotografiarse con él porque empiezan a ser conscientes del destrozo social que está provocando en Argentina. El mismo destrozo social que ellos provocarían en España si el 29-N consiguieran llegar al Gobierno.

El éxito económico que hoy encabeza Pedro Sánchez adquiere un valor todavía mayor si se examina el difícil contexto en el que se ha conseguido. El Partido Popular y Vox no han arrimado el hombro ni un solo día de esta legislatura. Al contrario, han practicado una política de tierra quemada, votando sistemáticamente en contra de cada avance legal y social que ha hecho posible este momento de prosperidad sin precedentes.

Cabe recordar que el PP votó ferozmente en contra de la reforma laboral, aquella norma que sus dirigentes aseguraron que provocaría desempleo y miseria y que, sin embargo, ha permitido alcanzar cifras históricas de afiliación a la Seguridad Social, con 22,78 millones de personas trabajando, según la última Encuesta de Población Activa.

Gracias a ella, España ha superado sus propios récords de empleo estable, con cifras históricas de contratos indefinidos, ha favorecido la incorporación de muchas más mujeres al mercado laboral y ha alcanzado las mayores tasas de empleo juvenil de las últimas décadas.

A esta oposición destructiva se suma el rechazo del PP y Vox a la reducción de la jornada laboral sin bajar los salarios, lo que demuestra una ceguera total ante las demandas de conciliación y la modernización del tejido productivo. Tampoco apoyaron la revalorización de las pensiones según al IPC ni las sucesivas subidas del Salario Mínimo Interprofesional, medidas que han mejorado las condiciones de vida de más de dos millones de familias en nuestro país.

Para la derecha, el bienestar de la clase trabajadora nunca ha sido un objetivo, sino un coste a recortar. La estrategia de Feijóo ha respondido siempre a la idea de que cuanto peor le vaya a España, mejor le irá al PP. Pero el país no ha naufragado y las propuestas de la derecha han quedado en evidencia ante la contundencia de los hechos.

La alternativa que Feijóo intenta presentar como moderada representa una amenaza directa para la estabilidad económica y la salud de los trabajadores. Su última propuesta importante, orientada a dar a las mutuas privadas el control de las altas y bajas médicas, es una clara declaración de intenciones. Pretenden trasladar responsabilidades del sistema público de salud a entidades vinculadas a los empresarios, con el único fin de presionar a los trabajadores enfermos para reincorporarse antes de tiempo a sus puestos de trabajo. Que nadie se engañe: un gobierno sostenido por la alianza entre el PP y Vox no solo recortaría libertades y derechos laborales, también pondría en peligro el dinamismo económico del que hoy presumimos fuera de nuestras fronteras.

Cuando Mariano Rajoy asumió el Gobierno en 2011, la respuesta del PP ante las dificultades fue aplicar una austeridad extrema, abaratar el despido, recortar drásticamente los salarios y conceder amnistías fiscales a las grandes fortunas. El resultado de aquel modelo fue un desempleo desbocado que superó la barrera del 26%, la marcha masiva de talento joven al extranjero y una recesión prolongada que dejó a España en el farolillo rojo de Europa. Frente a aquel desastre, el modelo progresista de Pedro Sánchez demuestra que la justicia social y la equidad son el verdadero motor de la eficiencia económica.

Mientras otros países que apostaron por políticas conservadoras sufren hoy el estancamiento o el aumento del desempleo, como es el caso de Finlandia al encabezar los índices de paro en el norte de Europa, España presenta una combinación sólida de crecimiento del PIB superior al 2,5%, creación de empleo de calidad, atracción de inversión extranjera y modernización del sistema energético. Los datos de la eurozona, cuyo crecimiento medio apenas ronda el 1,1%, con Alemania cerca del estancamiento y Francia e Italia creciendo a un ritmo muy lento, confirman que el buen resultado de España no responde a una coyuntura internacional favorable, sino a una gestión política acertada y valiente.

Medidas pioneras como el tope al precio del gas, la apuesta firme por la transición ecológica, la protección de los ERTE durante los momentos más difíciles y la correcta gestión de los fondos europeos para la transformación económica han marcado la diferencia. España se consolida hoy como un referente de estabilidad en una Europa sacudida por la incertidumbre geopolítica. La figura de Pedro Sánchez se proyecta internacionalmente como la de un líder capaz de hacer compatible el control del gasto público con la protección del Estado del bienestar.

En contraste, Feijóo y Abascal carecen de proyecto de país, de visión de futuro y de respuestas para las exigencias del siglo XXI. Su única hoja de ruta consiste en deshacer los avances sociales para devolver los privilegios de una minoría. Pero frente al ruido estridente y las profecías apocalípticas de la derecha, la realidad se impone con datos incontestables: España funciona, España lidera el crecimiento mundial y España cuenta con un Gobierno progresista que defiende el interés general. Retroceder ahora hacia el recorte y la precariedad sería un error histórico que la sociedad española no se puede permitir.

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Miguel Ángel Heredia Díaz (Mollina, Málaga, 1966) es Doctor Cum laude en Ciencias Biológicas por la Universidad de Málaga y Titulado Superior en Cultivos Celulares. Ha publicado en varias revistas científicas americanas como Aquatic Botany, Journal of Experimental Botany o Studies in Environmental Science.

Fue Diputado nacional desde 1996 hasta 2019, llegando a ser Secretario General del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados. También fue Secretario General del PSOE de Málaga desde 2009 a 2017. De 2019 hasta 2023 es Senador, llegando a ser Portavoz Adjunto de la Dirección del Grupo Socialista en el Senado.

Ha sido ponente de numerosas leyes, entre las que destacan la Ley de Dependencia, la Ley del Impuesto sobre las Transacciones Financieras, del Parque Nacional Sierra de la Nieves o de los Presupuestos Generales del Estado de 2021, 2022 y 2023.

Asimismo, ha publicado Tribunas de opinión en El Plural, HuffPost, Infolibre, Público, Eldiario.es o El País.

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