La primera vez que leí algo sobre la realidad de la ayuda oficial al desarrollo (AOD) española fue gracias a Gonzalo Fanjul bajo el título “La realidad de la ayuda 1998-99: Una evaluación independiente de la ayuda al desarrollo española e internacional”. Durante muchos años este informe era la principal y casi la única bitácora sobre la que poder navegar sobre los datos de la AOD internacional y española además de los seguimientos de los PACI (Plan Anual de Cooperación Internacional) cuyo informe anual del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (MAEUEC) detalla los programas, acciones y desembolsos de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) española.

Hoy, casi 30 años después, siempre cada vez que se publican los datos de la AOD española e internacional, los leo con detenimiento. Este pasado jueves 9 de abril, el Comité de Ayuda al Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) adelantaba las cifras globales de 2025. 

A modo de titular, nunca antes la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) internacional había sufrido una caída tan grande. Un recorte cifrado en un 23,1% que la sitúa globalmente en un 0,26% de la Renta Nacional Bruta combinada del conjunto de todos los países donantes de la OCDE. Este descenso cuya principal partida responsable son los brutales recortes de la administración Trump se le suman también importantes recortes en el otro polo donde hasta ahora se lideraba el impulso y crecimiento de la AOD como Francia, Alemania y el Reino Unido. El irrenunciable, vigente y ya cincuentón compromiso del 0,7 sólo es cumplido por 4 de los 32 países de la OCDE, Dinamarca, Luxemburgo, Noruega y Suecia. 

Como referencia en 2015, al inicio de la actual etapa global vigente de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la AOD global era del 0,30% de la Renta Nacional Bruta combinada de todos los países donantes de la OCDE. Por entonces acumulaba un crecimiento respecto a 2014 de un 6,9%, hoy el retroceso es del 23,1%. España en 2015 cerró una AOD del 0,12% de la Renta Nacional Bruta, en 2025 está en el 0,27%. 

Mi primera reflexión es humanitaria. Si algo es irremplazable e insustituible es que la AOD es la única ayuda que llega a muchas poblaciones en situaciones críticas. Es en contextos donde la mera supervivencia de cientos de miles de seres humanos depende solo y exclusivamente de la ayuda humanitaria que llega en forma de AOD. O llega la AOD o no llega nada. Si las organizaciones humanitarias no tienen fondos suficientes y previsibles para crisis humanitarias como Sudán, Gaza o Somalia, la realidad de la ayuda no se mide entonces en porcentajes, se mide en coste de miles de vidas humanas. 

La segunda reflexión es sobre el propio sistema de contabilización de la AOD y sus implicaciones reales sobre las políticas públicas de cooperación internacional y ayuda humanitaria. Es necesario y positivo disponer de un sistema homologado de contabilización, lo que no se cuenta no existe se suele decir, pero en términos de AOD mucho más aún. Construir y mantener un relato frente a posiciones negacionistas es imprescindible, ahora mucho más que nunca. Tanto “la ayuda no llega”, “la ayuda no funciona” o “primero los problemas que tenemos cerca” son axiomas que además de falsos son contrarios a los intereses generales de cualquier sociedad avanzada y que aspira a progresar. Por eso las complejas tablas de porcentajes y cifras que para la inmensa mayoría no significan nada son extraordinariamente valiosas para hablar de hechos reales como salvar y proteger vidas, acceso a la educación y agua potable o reducir la desigualdad que sufren millones de niñas. Por eso defender e invertir para que haya mejoras en otros países es defender que las haya también en los propios países donantes. 

El cambio de enfoque y aproximación de los informes anuales de la OCDE y de los países donantes de la OCDE son un elemento crucial para el nuevo tiempo que la cooperación internacional ha comenzado a transitar. Si los recortes de AOD se acompañasen del impacto que esos recortes tendrán en años siguientes en términos de muertes evitables, acceso a formación profesional de jóvenes en África o número de mujeres que dejan de poder emprender negocios locales podría ayudar a revertir y gobernar el cambio sistémico que los recortes de ayuda pueden generar. No se trata de lo que hemos hecho sino de lo que ocurre por dejar de hacerlo. 

Una tercera reflexión tiene que ver con España y su política pública de cooperación internacional y ayuda humanitaria. La Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo en España (CONGDE) de forma precisa y oportuna ha emitido un posicionamiento sobre los datos de la OCDE. Si bien los porcentajes de AOD española del 0,27% respecto a la media europea del 0,42% son un dato alejado de lo que España es y aspira a ser en la comunidad internacional lo más importante en mi opinión es que el porcentaje de AOD de 2025 pueda debilitar los avances (algunos muy importantes) en reformas estructurales que han tenido lugar en los últimos años. Un sistema operativo reformado y reforzado tiene que ir acompañado de un esfuerzo adicional presupuestario suficiente y sostenible que lo consolide internacionalmente. 

Después de aquella primera lectura de 1998 sobre la AOD lo importante es que la melancolía no nos aleje de la realidad sino todo lo contrario. Hay una oportunidad en estos momentos de convertir los porcentajes e impactos reales, por eso los malos datos de la AOD si queremos puedan abrir un nuevo tiempo. 

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