Suelo pensar que, para conocer en toda su profundidad muchos hechos y circunstancias de la vida, puede ser muy conveniente tener algunas nociones sobre cómo funciona la psicología humana. Por ejemplo, las tácticas de la maldad humana deberían ser de obligado aprendizaje en los planes educativos desde la infancia. Todos tendríamos que tener información clara sobre cómo actúan los seres humanos perversos, sobre sus técnicas y sus herramientas, para aprender a identificarlos y defendernos de ellos; lo cual no es otra cosa que aprender a defenderse del famoso “mal” del que tanto se nos habla en abstracto, pero que nadie nos aclara; desgraciadamente es un tema bastante oculto y que nos afecta a todos, en contextos sociales y políticos y, por supuesto, también en contextos personales.
Existe un único protocolo científico que diagnostica perfectamente la perturbación que técnicamente se llama psicopatía y coloquialmente maldad extrema, el Test Hare de Psicopatía (PCL-R, Robert Hare, 1991); aunque la inmensa mayoría nunca son ni diagnosticados ni detectados, quien esté bien informado los puede identificar con cierta facilidad, porque están por todos lados, la inmensa mayoría aparentemente integrados en la sociedad. Son muchos los rasgos que les caracterizan, y todos ellos derivados de esa incapacidad de empatizar, de poder ponerse en la piel del prójimo. Algunos de ellos son el narcisismo, la egolatría, la envidia, el egocentrismo desmesurado, la ausencia de sentido de la moral, la tendencia a dañar al otro y, como buenos narcisistas, son incapaces de la más mínima autocrítica; de tal manera que siempre atribuyen a los otros las malignidades propias.
Y ese mismo narcisismo les conduce a un egoísmo desmesurado que les hace emplear parámetros opuestos cuando se trata de considerar algo respecto de uno mismo o respecto del otro. La sabiduría popular, en lenguaje coloquial, lo denomina “la ley del embudo” (lo ancho siempre para mí, y lo estrecho siempre para el otro).Y así las cosas, en política, nos encontramos con frecuencia con este tipo de tácticas coercitivas y estrategias psicológicas aberrantes que las derechas y sus aliados ejercen contra el presidente y su gobierno; a modo de ofensiva inmoral de acoso que está muy alineada con ese tipo de conductas, digamos que psicopáticas.
Lanzar bulos es psicopático. Se trata de mentir sobre el otro para desprestigiarle. Es algo terrible, sólo propio de perturbados y de seres muy malvados. Hay personas que lo hacen buscando desprestigiar a alguien a quien odian o envidian. Conozco bien varios casos. Y hay partidos políticos y medios de desinformación que hacen lo mismo para destruir a un oponente, porque de manera decente y democrática son incapaces de ganarles en las urnas. Es la misma maldad en diferentes contextos. Y ahora le toca el turno al ministro de Transportes, Oscar Puente. Es obvio que están aprovechando el accidente ferroviario de Adamuz, para responsabilizarle directamente de cara a la opinión pública desinformada y acrítica, para seguir desgastando al gobierno progresista y, a la vez, polarizando a la sociedad.
¿Responsabilidades políticas? Por supuesto, si las hubiera habría que exigir explicaciones contundentes a quien corresponda. El responsable último, el ministro de Transportes, Oscar Puente, hombre inteligente, eficiente y muy brillante, ha estado cumpliendo sus obligaciones, informando, atendiendo a la prensa, y pendiente de la investigación, de los heridos y de los familiares de los fallecidos desde el mismísimo minuto uno. Pero los que jamás se sienten responsables de nada exigen responsabilidades inmediatas a Puente desde antes, incluso, de esclarecerse los hechos y las causas del accidente; aunque sean responsables de casi ocho mil muertes de personas mayores en las residencias de Madrid, abandonados por el llamado protocolo de la muerte; o aunque hayan muerto 229 personas ahogadas por unas gravísimas negligencias, el presidente de la Comunidad valenciana de asueto y de muy larga sobremesa, y una gestión desastrosa de los dispositivos de emergencia. Una vergonzosa ley del embudo.
Puente ha comparecido la semana pasada, a petición del Partido Popular, en una sesión extraordinaria de siete horas, en el Senado para explicar con todo detalle lo que se sabe hasta ahora del accidente de Adamuz. En su comparecencia ha hecho una comparativa que explica bien muchas cosas: el 24 de julio de 2013 se produjo un accidente similar en Angrois, La Coruña, con un total de 80 víctimas mortales. El gobierno Rajoy no consideró ninguna comparecencia para explicar nada del accidente; la entonces ministra de Transportes no compareció en ningún momento ni en el Congreso ni en el Senado. Ni se dieron explicaciones de ningún tipo a los ciudadanos, a pesar de la gravedad de la tragedia.
Clama al cielo la diferente vara de medir que utilizan estas derechas antidemocráticas y psicopáticas; porque, repito, las tácticas que utilizan contra el adversario son psicopáticas de manual, y tristemente legitimadas por un contexto político mundial, con Trump a la cabeza, en el que se están validando y promoviendo las peores miserias del ser humano. Y sorprende la facilidad del partido más corrupto de Europa de exigir responsabilidades a otros cuando ellos no asumen ninguna. Es, como digo, una vergonzosa, inmoral y miserable Ley del embudo.
Coral Bravo es Doctora en Filología