Cuando se cumplen 50 años del fallecimiento de Clara Campoamor, traigo a nuestra memoria un pensamiento que no está demodé, para quienes somos demócratas, progresistas, feministas y socialistas.
"Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad de género humano en política para que sea cosa de dos. No podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras".
Hace unos días, interesándome por algunos aspectos en materia de igualdad en mi comunidad, nuestra querida Andalucía, desmenuzaba los propios informes de quienes piensan que el papel lo soporta todo y que se puede ejercer la política desde las palabras vacías de hechos.
El gobierno de la Junta de Andalucía, el que escribe una cosa y ejerce la contraria para no enfrentar con quienes piensan en una nuestra tierra en blanco y negro.
Ese informe de la propia Junta de Andalucía dicta que el 87,9% de las trabajadoras andaluzas lo hacen en el sector servicios, donde sufren precariedad laboral. Esas mujeres son las que disponen de menor riqueza y presentan mayor riesgo de pobreza que los hombres, esas mujeres son las que menos realizan una carrera tecnológica o ingeniería.
El 29% de empresas andaluzas cuentan con tan solo una mujer en puestos directivos y aunque se habla de una reducción de las diferencias en el tiempo que invierten las mujeres en los cuidados, esto no es por una mayor contribución de los hombres.
Pues bien, ante esto, sigue guardada en un cajón, la nueva Ley de Promoción de la Igualdad de género en Andalucía, que venía a ampliar la normativa vigente desde 2007, potenciando el papel de la coeducación como herramienta principal para promover una sociedad igualitaria, libre de discriminación y violencia machista, incorporando un régimen sancionador, que permite intervenir para evitar y prevenir situaciones de desigualdad de género. Además, prevé la elaboración de un plan especial contra la desigualdad salarial, implementación de planes de igualdad municipales o la creación de la carta de derechos de las mujeres en materia de salud sexual y reproductiva y un plan integral contra la trata y la explotación sexual de mujeres y niñas.
Y sigue guardada, simplemente porque no les interesa la mejora de la situación de las mujeres andaluzas, sino su propio rédito político ante sus socios de gobierno, que niegan la desigualdad, la violencia y que nos consideran a las feministas, feminazis.
Pues ante esto, tal y como decía Clara Campoamor, las mujeres andaluzas alzamos la voz para decir: "Resolved lo que queráis, pero nosotras no permitiremos que lo hagáis fuera de nosotras y es ahora con el derecho al voto que tanto nos costó conquistar, cuando podemos demostrar que la agenda feminista es imparable, porque estamos hartas que nos juzguen, de que nuestra palabra tenga menos valor, de cobrar menos y trabajar más, de empleos precarios, de tener que demostrar día a día la capacidad que poseemos, hartas que nos acosen, violen o maten, nadie decidirá por nosotras".
Es ahora, más que nunca, cuando debemos devolver a aquellas diputadas, que lucharon por nuestros derechos y que siempre tendremos en la memoria, una respuesta contundente. No se trata de ser más, se trata de ser igual.
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