Titula en una entrevista ‘El Mundo’ “Una mañana en Vega, el club privado de Iñigo Onieva: “No queremos que se convierta en un club de latinoamericanos”’. El subtítulo no es mejor, en él aseguran que “Vega Members Club se ha impregnado del universo de Iñigo Onieva”. ¿Estará ese universo del que usted me habla aquí entre nosotros? ¿Será un universo en nuestro sistema solar? Lo cierto es que dado ese titular me produce bastante pavor pensar si en ese universo de Iñigo Onieva se produce la segregación racial a la que alude semejante declaración. Curiosamente al rato de publicarse fue modificado y pasó a rezar así: ‘En el club privado de Iñigo Onieva: “Queremos que haya un equilibrio entre la comunidad local y la internacional”’. Que por encima de no querer que el club se convierta en un club de latinoamericanos está el sí querer su dinero. Ironías de la vida.

He estado pensando mucho sobre el comportamiento de Onieva y la verdad es que creo que necesitamos a personajes como él. Personalmente, pocas cosas me divierten más que una persona con sus incoherencias. En el caso de Iñigo podríamos llamarla “la incoherencia caviar”. La incoherencia caviar es un extraño trastorno que te hace pasar de poner los cuernos a tu pareja durante un nanosegundo en el metaverso, a luego cortejarla públicamente asumiendo que solo eres un imperfecto ser humano que aspira al perdón de tal deidad. La incoherencia caviar es esa que te lleva a bufar a los compañeros de prensa cada vez que tienes ocasión por preguntarte de tu vida privada pero luego sentarte a charlar con el ‘¡Hola!’ en cuanto tienes media excusa para pasar por caja.

Todos sabemos que los famosos en ‘¡Hola!’ hablan de macroeconomía y de aceleración de partículas, malpensados. Por eso Onieva se guarda siempre sus mejores sonrisas para la revista del saludo, porque nadie la merece como ellos. El ‘¡Hola!’, ese reducto último de la dignidad que merece alguien de tan rancio abolengo como Onieva. ¡Si no existieras habría que inventarte, Iñigo! No quiero ni pensar por un segundo que no existieras en nuestro universo y tu lugar lo hubiera ocupado un latinoamericano cualquiera. No vaya a ser que nuestra crónica social se convirtiera en “un club de latinoamericanos”. Ojalá algún día formemos parte de tu universo, un universo que estoy seguro que en lugar de heliocéntrico como el nuestro es tamaracéntrico, y seguro que ella es el astro rey de tu sistema solar y no hay satélite alguno capaz de eclipsarla ni siquiera en el ‘Burning Man’.

Lo cierto es que en casa de la Preysler esta semana tienen mucho de lo que hablar, entre los titulares de Iñigo, el ‘¡Hola!’ de esta semana y la increíble historia de superación de Ana Boyer y Fernando Verdasco la comida del domingo promete estar cargada de épica. ¿Ah, que no conocéis la increíble historia de superación del matrimonio Verdasco-Boyer? ¿Es que acaso no tuvisteis el corazón en un puño pensando en lo que podrían estar viviendo al estar atrapados en medio de la guerra? Será que no tenéis corazón en el pecho, o que sois fríos como un tempano de hielo. Pero no sufráis en diferido, que el ‘¡Hola!’ fue el encargado de confirmar la evacuación del matrimonio de tierra hostil, esa tierra hostil que pertinentemente eligieron como su hogar familiar. En fin, que todo está manga por hombro, pero como decía Edgar Allan Poe “Tengo una gran fe en los tontos, autoconfianza la llaman mis amigos”.

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