Con muchos pantanos soltando agua, otros casi llenos y un gran número de ríos y arroyos desbordados, la preocupación por la seguridad de las presas españolas ha saltado a la actualidad. Un informe de la Asociación de Ingenieros de Caminos, entidad privada fundada en 1903 y anterior a la creación del Colegio Oficial en 1954, sobre la necesidad de incrementar los controles y la inversión en el mantenimiento de estas infraestructuras esenciales, ha llevado al ABC del sábado último a titular en portada que lo que le ha pasado a la red ferroviaria podría ocurrirle en un futuro cercano a nuestros embalses.

Pero, en un momento como el actual, en el que algunos ultras azuzan con lemas como "Oscar Puente mata a la gente" y en el Parlamento la derecha habla de sentar en el banquillo al Gobierno por negligencia criminal sin esperar los resultados de las investigaciones abiertas sobre el descarrilamiento de Adamuz, conviene refrescar la memoria y recordar la historia reciente de la seguridad de nuestras infraestructuras hidráulicas.

El 9 de enero de 1959, casi en el ecuador de la dictadura, reventó la presa de Vega de Tera en la provincia de Zamora. Ocho millones de metros cúbicos de agua arrasaron el pueblo de Ribadelago con el trágico balance de 144 personas muertas. El franquismo lo consideró un desastre natural, no se encontraron ni responsables ni culpables, pese a que las causas del siniestro fueron defectos de construcción, empleo de materiales de poca calidad y episodios de corrupción administrativa. La censura reinante se encargó de silenciar el tratamiento informativo en la prensa y la radio de la época. La televisión daba entonces sus primeros pasos. Un botón de muestra más de cómo Franco, tan elogiado ahora por los votantes de Vox, trataba a los españoles.

El 20 de octubre de 1982, en el último tramo del gobierno de UCD, la rotura de la presa de Tous en Valencia provocó la muerte de 40 personas. Una gota fría (dana) llenó el embalse, se tardó en dar la orden de desaguar y, cuando se dio, las compuertas no se abrieron porque la tormenta afectó al sistema eléctrico. Una sucesión de errores y deficiencias fue la causa del desastre, según reveló la investigación posterior.

Con estos precedentes, el Ministerio de Transición Ecológica debe apresurarse a dar información abundante sobre los protocolos de mantenimiento y las inversiones que se hacen en nuestra red de embalses, una de las mayores de Europa, ante las posibles polémicas venideras y que las consecuencias del cambio climático aumenten los impactos sobre unas infraestructuras vitales para nuestra supervivencia.

El ABC de Sevilla volvía este domingo en su portada con el tema de las presas y enumeraba las que se deberían construir en Andalucía y no se han levantado todavía. 

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