Ni a Alberto Núñez Feijóo ni a Santiago Abascal les ha importado nunca el bienestar de Ceuta. La repentina sobreactuación del Partido Popular y de la extrema derecha ante la situación en la ciudad autónoma no responde a un ánimo constructivo ni a la defensa de los ceutíes, sino a puro cálculo partidista. Para la oposición, la crisis fronteriza es un ariete geopolítico y mediático con un único propósito: desgastar por cualquier medio al Gobierno de España y dinamitar la figura de Pedro Sánchez.

Todo les vale: propagación de bulos, acusaciones sin pruebas, discursos inflamatorios, amenazas de confrontación con Marruecos y una competición permanente por ver quién se muestra más duro. Frente a esta escalada, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha actuado con determinación desde el primer momento, desplegando planes de choque económicos, reforzando las plantillas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, destinando fondos extraordinarios para los servicios sociales y liderando en Europa la exigencia de una respuesta solidaria. Mientras el Gobierno construye soluciones reales, PP y Vox necesitan mantener vivo el conflicto para seguir alimentando el caos.

¿Desde cuándo le ha importado Ceuta al Partido Popular? La hemeroteca retrata la hipocresía de la derecha. Durante los mandatos de Rajoy y Aznar, la presencia institucional y la inversión real en la ciudad autónoma brillaron por su ausencia. Los problemas estructurales de Ceuta nunca estuvieron en las prioridades de sus Gobiernos. ¿Cuántas veces visitó Rajoy Ceuta como presidente para resolver sus carencias de infraestructuras? ¿Cuántas veces lo hizo Aznar para aportar soluciones duraderas? La respuesta es un silencio atronador que retrata el desinterés histórico del PP por este territorio estratégico.

Por eso resulta sangrante ver reaparecer a Aznar en plena crisis, buscando avivar la tensión en un territorio que exige la máxima responsabilidad de Estado. Aznar ha ido ahora a Ceuta a generar odio, crispación y problemas, que es lo único que sabe hacer. Lo único que hizo como presidente del Gobierno y lo único que sigue haciendo como expresidente del Partido Popular. El hombre que arrastró a España a la guerra de Irak contra la voluntad de los ciudadanos reaparece en un escenario frágil no para pacificar ni construir, sino para incendiar la convivencia.

Al mismo tiempo, asistimos a la proliferación de personalidades y colectivos de la extrema derecha que se dedican exclusivamente a alentar la violencia verbal y física. Son capaces de destruir las tiendas improvisadas de los migrantes, quemar sus escasas pertenencias y bloquear violentamente el reparto de comida a personas en situación de vulnerabilidad extrema.

Frente a esta crisis humana, la actitud del Partido Popular evidencia hasta qué punto Feijóo ha vendido su alma a la ultraderecha. Tanto que hablan en el PP de buscar soluciones urgentes para Ceuta, pero cuando llega la hora de actuar, se niegan rotundamente a aceptar a los niños y niñas migrantes no acompañados en sus comunidades autónomas.

La ley y los acuerdos del sistema interterritorial establecen con claridad la obligación de repartir de forma equitativa y solidaria la tutela de estos menores para no colapsar los servicios de acogida de la ciudad autónoma. Si los Gobiernos autonómicos del PP no lo hacen, es sencillamente porque son sumisos ante los postulados xenófobos de Vox. Feijóo ha preferido pisotear los consensos mínimos de Estado y la legislación vigente antes que poner en riesgo sus pactos territoriales con Abascal.

En este engranaje de cinismo político, el papel del presidente de Ceuta, Juan Vivas, resulta devastador. Vivas miente más que habla. Por un lado, acude a los medios de comunicación pidiendo acuerdos, solicitando auxilio económico y exigiendo el respaldo del Estado; por otro lado, su discurso es exactamente el mismo que el de Feijóo y Abascal. Y, desde la institución que preside, se dedica a poner palos en las ruedas para que las soluciones no avancen.

Al presidente de Ceuta lo único que le importa es que Feijóo llegue a la Moncloa. Se ha puesto servilmente a los pies de la dirección nacional de su partido para trazar una estrategia de crispación constante, llegando a cambiar de opinión sin pudor sobre medidas logísticas que él mismo apoyó en las actas oficiales, como el uso de las instalaciones portuarias para descongestionar los centros de la ciudad.

Para colmo de males, el Gobierno autonómico del PP en Ceuta tiene muchas explicaciones que dar a la ciudadanía tras las recientes informaciones sobre adjudicaciones de emergencia. Se han conocido contratos públicos por un valor cercano a los seis millones de euros concedidos de forma directa a empresas vinculadas familiarmente con miembros de la administración local. Una adjudicación de 3,27 millones de euros fue a parar a una firma dirigida por el hermano del secretario del presidente, mientras que otra licitación de 2,48 millones acabó en manos de una empresa cuyo propietario es primo del presidente de la Autoridad Portuaria.

Aunque la administración de Vivas argumente criterios técnicos y de urgencia, la sombra del clientelismo y el favorecimiento a familiares exige una rendición de cuentas inmediata y transparente. Defender Ceuta significa también fiscalizar que cada euro público destinado a la gestión de emergencias se administre con la máxima pulcritud e integridad. Una vez más, cómo en la Dana, el PP lo ve como una oportunidad de negocio.

El belicismo irresponsable de Feijóo y Abascal alcanza cuotas alarmantes cuando hablan abiertamente de atacar Marruecos y movilizar efectivos militares en la frontera. Levantan pasiones entre sus sectores más radicalizados agitando tambores de guerra. La derecha y la ultraderecha españolas siempre han deseado la confrontación; siempre han querido meter a España en conflictos bélicos.

Fue lo que hizo Aznar al alinearse con la invasión de Irak, fue lo que apoyaron complacientemente Feijóo y Abascal al aplaudir las agresiones internacionales impulsadas por Trump o al respaldar las acciones militares extremas en Oriente Medio. Buscan crear un clima de preguerra porque viven del conflicto, pero la inmensa mayoría de este país no quiere guerras ni aventuras bélicas; los españoles quieren paz, diplomacia y soluciones reales.

Pero detrás de lo ocurrido sigue sin aclararse el papel que ha jugado Israel en la intoxicación mediática de esta crisis. Declaraciones recientes del entorno diplomático israelí dejaron entrever que las posiciones firmes de Pedro Sánchez en defensa de los derechos humanos en Palestina "no podían salir gratis" a España.

A esto se suma el discurso agresivo de Donald Trump amenazando con consecuencias para nuestro país. La diferencia es nítida: Trump, Netanyahu y la extrema derecha internacional buscan líderes sumisos como hacen de buen grado Abascal y Feijóo. No toleran a un presidente como Pedro Sánchez, que se ha plantado con firmeza, defendiendo la soberanía nacional, el Derecho Internacional y los intereses de España desde el patriotismo real y no desde el envoltorio de la bandera.

La ecuación final es simple. De un lado está el Gobierno de España buscando soluciones estructurales desde el primer día: más inversión pública, refuerzo policial, diplomacia internacional y gestión humana de las fronteras. Del otro lado están Feijóo y Abascal, entre la demagogia barata y una siembra sistemática de odio. No buscan salvar Ceuta ni ayudar a sus habitantes; buscan generar el caos absoluto para tratar de derribar a un Gobierno legítimo a cualquier precio.

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