Mientras Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal insisten en que España se encamina hacia el desastre económico, los datos oficiales dibujan una realidad radicalmente distinta. España ha superado por primera vez en su historia los 2 billones de dólares de Producto Interior Bruto (PIB), un hito que sitúa al país en la élite de las grandes economías mundiales y que desmonta, cifra a cifra, los bulos económicos difundidos por la oposición.

El cierre de 2025 confirma esa fortaleza. La economía española creció un 2,8%, el doble que la media de la eurozona, consolidándose como el principal motor de crecimiento entre las grandes economías avanzadas. Lejos del estancamiento que algunos auguraban, el PIB aceleró hasta un 0,8% en el último trimestre del año, dos décimas más que en el trimestre anterior, mostrando una inercia positiva que anticipa un sólido arranque de 2026.

A este dinamismo se suma otro dato clave: la moderación de la inflación. El Índice de Precios de Consumo (IPC) se situó en enero de 2026 en el 2,4%, cinco décimas menos que en diciembre. Se trata del mayor descenso mensual desde marzo de 2025 y consolida la senda de estabilidad de precios en línea con los objetivos del Banco Central Europeo. En un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, incertidumbre geopolítica y desaceleración en otras economías europeas, España no solo resiste, sino que lidera.

El Fondo Monetario Internacional ha confirmado esta tendencia. Según sus últimas estimaciones, España alcanza ya los 2,04 billones de dólares de PIB al inicio de 2026, duplicando el tamaño de su economía en apenas dos décadas. En 2003, el PIB español apenas superaba el billón de dólares. Hoy, el país se sitúa como la duodécima economía del mundo y consolida su posición como cuarta economía de la eurozona.

Medido en euros, el PIB alcanza los 1,6 billones, con un crecimiento del 5,7% a precios corrientes respecto a 2024. No se trata solo de una cifra simbólica. Superar los 2 billones de dólares implica mayor peso internacional, más capacidad de atracción de inversión y una mejora estructural de la competitividad. Es también un indicador de estabilidad macroeconómica que contrasta con el relato de crisis permanente que defienden Feijóo y Abascal.

Las previsiones para los próximos años refuerzan esta perspectiva. El FMI estima un crecimiento del 2,3% para 2026 y del 1,9% para 2027, situando nuevamente a España por encima de sus principales socios europeos. Además, el PIB per cápita supera ya los 40.000 dólares, reduciendo progresivamente la brecha con las economías más avanzadas y consolidando la mejora del bienestar medio.

El empleo es uno de los pilares fundamentales de esta evolución. En 2025, la mitad de todo el empleo creado en la eurozona se generó en España. La tasa de paro descendió por debajo del 10% por primera vez desde 2008, un umbral simbólico tras más de una década marcada por las consecuencias de la crisis financiera. No solo se crea empleo, sino que se hace con mayor estabilidad y calidad, como reflejan los datos de la Encuesta de Población Activa. La reforma laboral ha contribuido a reducir la temporalidad y a fortalecer la contratación indefinida.

Este comportamiento del mercado laboral tiene un efecto directo sobre las familias. El consumo de los hogares creció un 3,4% en 2025, impulsado por la creación de empleo y la recuperación del poder adquisitivo. Las familias ganaron un 1,5% de capacidad de compra gracias a incrementos salariales por encima de la inflación y a la moderación de los precios. Frente a los mensajes de empobrecimiento generalizado, los indicadores muestran una mejora tangible en la economía cotidiana.

La inversión también refleja confianza en el futuro. En 2025 creció un 6,3%, la tasa más elevada desde 2018. Destaca especialmente la inversión en bienes de equipo, con un aumento del 9%, así como la inversión en construcción, que avanzó un 5,2%. Estos datos apuntan a expectativas empresariales positivas y a una apuesta por ampliar capacidad productiva y modernizar infraestructuras.

El crecimiento ha sido además equilibrado entre sectores. La construcción lideró el avance con un 5,6%, seguida de los servicios (+3,2%), la industria (+2,3%) y la agricultura (+0,5%). Esta diversificación reduce vulnerabilidades y fortalece la resiliencia frente a posibles shocks externos. La demanda interna aportó 3,6 puntos al crecimiento del PIB, compensando el impacto negativo del sector exterior en un año marcado por tensiones comerciales globales.

Especialmente relevante es la aceleración registrada en la recta final del año. El avance del 0,8% en el cuarto trimestre no solo fue el más elevado de 2025, sino que deja una inercia de crecimiento cercana al 1,1% para el inicio de 2026. Este dinamismo confirma que la economía española mantiene un ritmo sólido incluso en un entorno internacional menos favorable.

Parte de este desempeño se explica por la transformación estructural impulsada en los últimos años. Los fondos europeos Next Generation han actuado como catalizador de inversión en digitalización, transición energética e innovación. España ha incorporado nuevos motores de crecimiento vinculados a la inteligencia artificial, la modernización industrial, la sostenibilidad y la mejora de la productividad en sectores estratégicos como la logística, la energía o los servicios avanzados.

Informes internacionales sitúan a España entre las economías que mejor han integrado la innovación en su modelo productivo. No se trata de depender exclusivamente de grandes gigantes tecnológicos, sino de una digitalización transversal que alcanza a pequeñas y medianas empresas, administración pública y tejido industrial. Esta modernización contribuye a elevar el potencial de crecimiento a medio plazo.

En este contexto, el contraste entre los datos oficiales y el discurso catastrofista resulta evidente. Mientras Feijóo y Abascal alertan de un supuesto colapso económico, el país supera los 2 billones de PIB, lidera el crecimiento en Europa, reduce el desempleo, modera la inflación y aumenta la inversión. Los datos del INE, el FMI y otros organismos internacionales coinciden en señalar una etapa de expansión sostenida.

España encara retos importantes, desde la consolidación fiscal hasta la mejora de la productividad a largo plazo. Pero la fotografía actual dista mucho del escenario de crisis permanente que describen algunos dirigentes políticos. El avance del PIB, la mejora del empleo y la estabilidad de precios dibujan una economía que gana peso internacional y refuerza su posición en Europa.

Superar los 2 billones de dólares de PIB no es solo una cifra redonda. Es la constatación de un cambio de escala económica y de una trayectoria de crecimiento sostenido en un entorno complejo. En un momento en que otras grandes economías europeas muestran síntomas de estancamiento, España encabeza la expansión y consolida su recuperación estructural.

En definitiva, la economía española atraviesa una fase de crecimiento robusto y diversificado. Las cifras oficiales no avalan el relato de declive, sino que apuntan a liderazgo, estabilidad y transformación. España supera los 2 billones de PIB y los principales indicadores macroeconómicos desmontan, uno tras otro, los bulos económicos de Feijóo y Abascal.

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