Nosotros defendemos el derecho a la vivienda mientras ellos defienden la libertad. La libertad para especular. La libertad para forrarse a manos llenas escupiendo en un derecho constitucional. Esa Constitución que pisotean una y otra vez pese a que inventan que son los únicos que la defienden.
Era previsible. Las derechas han tumbado las reformas legislativas impulsadas por los movimientos sociales. Se quedaban cortas, incluso introducían cuestiones que nos chirriaban, pero al menos representaban un primer paso en esos necesarios avances en la conquista de derechos. Derechos a los que solo los especuladores y sus lacayos podían decir que no.
Solo podían decir que no aquellos a los que les importa poco o nada que haya familias asfixiadas por el precio de la vivienda, que haya gente hacinada en pisos patera donde cada habitación se cobra a precio de hotel, que haya jóvenes que no pueden emanciparse porque no encuentran ningún lugar donde vivir a precios asequibles, que haya tanta gente sin recursos al borde del desahucio sin que las administraciones les den soluciones habitacionales, que haya inquilinos invitados a irse a la calle porque no están dispuestos a asumir una subida del 30% en lo que pagan por los alquileres.
La respuesta a esta nueva agresión de las derechas contra los derechos de la gente está, otra vez, en las calles. En las mismas calles que los sindicatos de inquilinas y estudiantes han llamado a recuperar. Una llamada a la que una larguísima lista de movimientos ciudadanos, FACUA entre ellos, ha contestado al unísono.
Llenemos las calles. Porque nos estamos jugando mucho. Posiblemente, nos lo estemos jugando todo.
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