Hay una imagen que resume perfectamente el modelo de gestión de la derecha ante cualquier crisis: el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, frente a su ordenador, consultando una inteligencia artificial para refutar los informes de los mejores virólogos del mundo. Podría parecer una escena cómica, casi entrañable. No lo es.

Cuando la OMS escogió a España para gestionar la crisis del hantavirus —porque confía en nuestro sistema sanitario, en nuestra capacidad científica, en nuestra experiencia— la respuesta de Clavijo fue la de un adolescente con WiFi: búsqueda rápida, resultado instantáneo, certeza absoluta. Para qué molestar a los epidemiólogos de tu propio departamento de salud, cuando tu ordenador tiene la respuesta.

No es un caso aislado. Es un patrón. Y tiene dos caras igualmente peligrosas: la parálisis y la temeridad. Mazón, mientras Valencia se ahogaba bajo el agua de la Dana, seguía en su fiesta particular. Más de doscientos muertos después, aún buscaba excusas. 

El PP, cuando el Prestige amenazaba nuestra costa, decidió ignorar a los científicos y mandar el chapapote «al quinto pino»: el resultado fue la mayor catástrofe ecológica que ha sufrido este país. Cuando la derecha actúa sin escuchar a los expertos, destruye. Cuando no actúa, mata. En ambos casos, las consecuencias las sufren los ciudadanos y las responsabilidades, misteriosamente, no llegan nunca.

¿Qué pretendían hacer con el MV Hondius? ¿Hundirlo? Conviene recordarlo: en ese barco viajan 14 españoles. Además de muchos más ciudadanos europeos y de otros países aliados. Pero más allá de la geopolítica —que debería bastar para que cualquier gobierno reaccionara con seriedad— se trata, simplemente, de seres humanos. Y eso, para cierta derecha, parece un dato menor.

No sólo se trata de la clásica insolidaridad económica y social de la derecha, es también su alergia al conocimiento. Es la desconfianza en los expertos, el mismo impulso que lleva a cuestionar las vacunas, a dudar del cambio climático, a tratar la evidencia como una opinión más. Entre consultar la IA para rebatir a los científicos y negar la esfericidad de la Tierra hay, créanme, una línea muy fina. Y Clavijo, Ayuso, Feijóo y compañía llevan tiempo caminando hacia ella.

Frente a eso, nuestra posición es clara: los científicos mandan. El criterio técnico no se negocia en un mitin ni se rebate con un chatbot. Y la solidaridad —esa palabra que la derecha pronuncia solo en campaña— no es un lujo ideológico: es inteligencia colectiva. Incluso desde el egoísmo más descarnado, que es el lenguaje que ellos entienden: si un virus escapa al control de un país sin medios, rebota. Vuelve multiplicado. No distingue pasaportes.

España está gestionando esta crisis con profesionalidad, con criterio científico y, sobre todo, con humanidad. Tenemos motivos para el orgullo. Y tenemos, también, motivos para el miedo: el miedo a que un día nos pille una epidemia con un Clavijo al mando, buscando la solución en la güija o en los posos del café.

Manel de la Vega. Senador y primer secretario del PSC en Terres de l’Ebre.

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