Cinco años después de que la Sierra de las Nieves fuese declarada Parque Nacional, la pregunta es inevitable: ¿qué ha hecho realmente la Junta de Andalucía para estar a la altura de ese reconocimiento histórico? La respuesta es incómoda para Moreno Bonilla. Muy poco. Las inversiones prometidas no llegan, los municipios siguen esperando y el parque avanza más por inercia y por el empuje del Gobierno de España que por la implicación real del Ejecutivo andaluz.

El que presumía de combatir el despoblamiento rural se ha convertido, en la práctica, en uno de los principales frenos al desarrollo de la Sierra de las Nieves. Donde debía haber planificación, inversión y visión de futuro, hay parálisis. Donde debía haber oportunidades para el turismo rural y la creación de riqueza, hay abandono. Cinco años después, el Parque Nacional es más un título que una política pública real.

Moreno Bonilla prometió en 2019 una supuesta “revolución verde” en Andalucía. Hoy esa promesa suena a propaganda vacía. Su gestión ambiental acumula sombras: el conflicto permanente en Doñana, la pérdida de prestigio internacional, la falta de políticas ambiciosas contra el cambio climático y, ahora, el abandono silencioso del Parque Nacional de Sierra de las Nieves.

Aunque Doñana y Sierra de las Nieves sean espacios distintos, el daño reputacional es compartido. La salida de Doñana de la Lista Verde de la UICN y los enfrentamientos institucionales hasta 2025 han proyectado una desconfianza evidente sobre la política ambiental de la Junta. Si el Gobierno andaluz no ha sabido proteger su emblema histórico, difícilmente puede convencer de que está cuidando con rigor el parque nacional más joven de Andalucía.

El 23 de junio de 2021, tras una larga tramitación parlamentaria, el Senado aprobó definitivamente la declaración de la Sierra de las Nieves como Parque Nacional. Era el decimosexto de España y el tercero de Andalucía. Aquella decisión generó enormes expectativas en los municipios del entorno. Se habló de inversiones, de empleo, de mejora de infraestructuras y de un nuevo modelo de turismo sostenible. Cinco años después, esos compromisos han desaparecido del discurso y, lo que es más grave, de los presupuestos.

La crítica más extendida es clara: tras la foto institucional, llegó la parálisis. Ni los presupuestos de 2025 ni los avances de 2026 reflejan partidas extraordinarias acordes a la categoría de Parque Nacional. No hay un plan inversor sólido ni una apuesta real por el territorio. Los ayuntamientos, mientras tanto, denuncian que están asumiendo costes de mantenimiento y atención turística que corresponderían a la Junta de Andalucía.

La Sierra de las Nieves abarca más de 23.000 hectáreas entre municipios como Benahavís, El Burgo, Istán, Monda, Parauta, Ronda, Tolox y Yunquera. Es uno de los espacios naturales más singulares de Andalucía, con una riqueza paisajística, botánica y geológica excepcional. Su biodiversidad es un patrimonio de primer orden mundial que debería ser motivo de orgullo y de inversión pública sostenida.

El gran símbolo del parque es el pinsapo, un abeto endémico en peligro de extinción. La Sierra de las Nieves alberga los mayores bosques de pinsapos del mundo, más de 3.000 hectáreas que representan el 65 % del pinsapar español. A ello se suman los afloramientos de peridotitas, únicos en Europa, y una fauna de enorme valor ecológico. Defender este patrimonio no es solo ecologismo, es también una forma de patriotismo.

Sin embargo, desde la declaración del parque, Moreno Bonilla ha estado ausente cuando había que actuar. No estuvo cuando tocaba señalizar el parque. No estuvo cuando había que mejorar los accesos. No estuvo cuando era imprescindible planificar el uso público. Y tampoco ha estado cuando los municipios han reclamado inversiones para aprovechar de forma sostenible el aumento de visitantes.

Uno de los grandes déficits es la red de carreteras. Los accesos desde Ronda, Yunquera o Tolox siguen siendo insuficientes y generan cuellos de botella cada fin de semana. No se han ejecutado los planes de movilidad sostenible prometidos y la falta de inversión pone en riesgo tanto la experiencia del visitante como la seguridad y la conservación del entorno.

Tampoco se ha apostado con decisión por el turismo rural. Faltan centros de interpretación modernos, servicios básicos, señalización adecuada y personal suficiente. El aumento del turismo tras la declaración como Parque Nacional no se ha traducido en desarrollo económico real porque la Junta no ha acompañado el proceso con inversión pública.

Moreno Bonilla presume de haber invertido más de 25 millones de euros en la Sierra de las Nieves. Pero el relato se desmonta al analizar los datos. De esos fondos, solo una parte procede directamente de la Junta. Una cantidad significativa corresponde a fondos europeos y a recursos del Gobierno de España que la Junta se limita a gestionar. No es inversión propia adicional, es financiación externa.

De hecho, el Gobierno de Pedro Sánchez ha movilizado cuatro millones de euros para un plan de 33 actuaciones destinadas a transformar el modelo turístico de la zona. Frente a eso, la aportación autonómica resulta claramente insuficiente para dinamizar el territorio y frenar el despoblamiento.

El caso del Centro de Visitantes de Conejeras es paradigmático. Anunciado como la gran puerta de entrada al parque, se ha convertido en un símbolo de la gestión a medio gas. Durante meses, el edificio estuvo terminado pero cerrado. Falta personal, falta actividad y falta impacto real en la economía local. Mucha propaganda y poca eficacia.

A ello se suma la ausencia de señalización. Cinco años después, es posible recorrer los principales accesos desde Málaga o Alozaina sin encontrar un solo cartel que indique la entrada a un Parque Nacional. Una dejación difícil de justificar y aún más difícil de explicar a los municipios afectados.

Son numerosos los pueblos integrados en el parque —Alozaina, Benahavís, Casarabonela, El Burgo, Guaro, Igualeja, Istán, Monda, Ojén, Parauta, Ronda, Serrato, Tolox y Yunquera— que siguen esperando inversiones que nunca llegan. Moreno Bonilla prometió combatir el despoblamiento rural, pero su inacción está provocando justo lo contrario.

Cinco años después, el balance es claro: hay un Parque Nacional sobre el papel, pero no una política pública a la altura. La Sierra de las Nieves no necesita más anuncios ni más fotos. Necesita inversión, planificación y compromiso real. Todo lo que, hasta ahora, Moreno Bonilla no ha querido o no ha sabido ofrecer.

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