Opinión

A cara de 'Perro'

Pedro Sánchez afronta unas elecciones decisivas entre los ladridos de la derecha y la necesidad de plantar cara para defender los derechos y la democracia

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EP.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EP.

Siempre me ha encantado esa expresión. A cara de perro. Sale de las vísceras, de las tripas, de ese rincón del cuerpo donde se acumulan las cosas que una ya no está dispuesta a tragarse. O, al menos, yo la pronuncio así. A boca llena, pero con la mandíbula apretada. A la mierda la férula de descarga, los dientes juntos y la lengua ahí, en posición de por aquí no pasa nada más. Con esa mezcla de rabia y determinación que llevas en el cuerpo y en el alma cuando sabes que lo que viene da una mijita de miedo. Bueno, una mijita por no decir un pavor de la leche, sin lactosa, por favor, y también da rabia y coraje.

Ir a cara de perro no es simplemente ponerse serio. No, no. Es cuando algo te toca la fibra sensible, cuando te pisan el callo de la dignidad y decides que hasta aquí hemos llegado. Decides no agachar más la cabeza ni mantener esa educación que algunos exigen a los demás mientras ellos se limpian los zapatos en las normas más elementales de convivencia y de humanidad.

Ay, Perro Sánchez. Pedro Sánchez, quiero decir, aunque a estas alturas el apodo haya adquirido vida propia y hasta tenga más humanidad que los que lo inventaron. Tiene mucha guasa que llamen Perro Sánchez a quien gobierna mientras ellos se pasan el santo día ladrando. Tiene su aquel que la mofa venga de quienes parecen haber confundido el Congreso con la selva y la oposición con una jauría. Mucho ladrido, mucha espuma por la boca, mucho golpe de pecho y mucho anunciar el apocalipsis con espray de pimienta en la mano.

Será que, cuando faltan argumentos, siempre queda el recurso del ladrido. Ahora tocaría citar aquello de "Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos". Al Perro le toca ir a cara de perro en estas elecciones. Sin medias tintas. Y a los demás nos corresponde algo que va mucho más allá de las simpatías o antipatías que pueda despertar Pedro Sánchez. Nos corresponde exigir una sociedad en la que los derechos no sean moneda de cambio y la democracia no se reduzca a una cuestión de quién tiene dinero para comprarla.

El Perro se juega su futuro político. Los demás nos jugamos bastante más. Nos jugamos derechos, libertades y una democracia que no debería tener que defenderse a dentelladas, pero tampoco resignarse a vivir entre ladridos. Hay silencios que son prudencia y otros que empiezan a parecerse demasiado a la rendición. Y por ahí no pasamos. Si de ladridos va la cosa, que no se equivoquen: no hace falta ladrar más fuerte para plantar cara, basta con tener el coraje de ir a cara de perro.

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Etiquetas Pedro Sánchez PSOE