Los bancos españoles han obtenido los mejores resultados de su historia en 2022, 21.119 millones de euros. Gracias al incremento de los tipos de interés, el sector volverá a ser rentable y aumentará su competitividad. Las acciones de los pequeños inversores se revalorizarán; los más afortunados recibirán una retribución en forma de dividendo. Estos resultados son, en definitiva, una buena noticia para España.
Los bancos son actores sistémicos con trascendencia macroeconómica. Sus decisiones pueden ahogar o aliviar economías domésticas. Con la activación del ciclo del crédito, los bancos impulsan a las pequeñas y medianas empresas; les permiten pagar sus facturas a tiempo o internacionalizar su negocio. Además, los bancos cuidan de nuestros ahorros, e incluso los invierten en nuestro nombre para sacarles rentabilidad. Como actores sistémicos, los bancos pueden hacer mucho por las familias y empresas de nuestro país.
El Banco Central Europeo quiere ralentizar la economía. Sobre el papel, esta es la única forma de frenar la inflación. Esta política monetaria siempre conlleva destrucción de tejido productivo y de empleos. La subida de tipos de interés va a dificultar la vida de los ciudadanos y de las empresas y va a aumentar los gastos corrientes de quienes tengan préstamos vinculados al Euribor. Muchas hipotecas en España están referenciadas a este índice, lo que aumentará la cuota que pagan las familias mensualmente. ADICAE estima que la subida del Euribor supondrá un sobrecoste de 12.000 millones de euros para los hogares españoles.
Aunque nos parezca un problema lejano, en 2021 se registraron 110 desahucios diarios, más de 40.000 en un solo año, un 30% más que en 2020. Nadie quiere volver a ver las lamentables imágenes que se produjeron tras el estallido de la crisis financiera de 2008: familias con niños, sacadas a rastras por la policía de sus hogares ante nuestra indolencia. Vergüenza.
En los años que siguieron a la crisis, los españoles tuvimos un comportamiento ejemplar. Una trama de especulación había puesto en jaque nuestro sistema financiero. Algunos bancos españoles, como el Banco de Valencia, habían concedido hipotecas sobre activos inmobiliarios que valían hasta una décima parte del precio que se estaba pagando.
La paralización del ciclo del crédito, la inexperiencia de los gestores, el régimen jurídico-económico de las cajas de ahorro y, sobre todo, un desprecio absoluto a la diligencia con que deben conducirse este tipo de operaciones llevó a algunas entidades de crédito al borde del abismo. Fue necesaria una reestructuración total del sistema bancario español. Los bancos solventes se hicieron cargo de los insolventes, previa limpieza de los activos tóxicos con cargo al erario público. Como mínimo, 58.000 millones de euros que pagamos entre todos los contribuyentes; al contado y sin protestar. Todavía no hemos podido recuperar ese dinero; ni está claro que lo vayamos a hacer. Igual que los españoles en su momento acudimos en ayuda del sistema financiero, ahora que la subida de tipos amenaza las economías de empresas y familias, el sistema financiero debería estar preparado para acudir en ayuda de los españoles.
Conozco los argumentos que afirman que los bancos operan en un entorno hipercompetitivo, que la mayoría de los beneficios los han obtenido en el extranjero, y no en España, o que cumplimos por muy poco las exigencias de capital y solvencia que impone el Banco Central Europeo. Pero mi opinión es que los bancos, como han hecho la mayoría de sectores, deberían comportarse con responsabilidad y perseguir, además de la maximización de beneficios, el bienestar de la sociedad en que operan. Buscar el bien común, no sólo el propio; por convencimiento, ni por necesidad ni por conveniencia; en eso consiste la ética, asignatura pendiente de nuestros bancos.
Recientemente, los bancos han firmado con el gobierno un Código de Buenas Prácticas para proteger a los deudores hipotecarios más vulnerables de la subida de los tipos de interés. El programa, por el momento, ha tenido poco éxito; muy pocas familias han solicitado acogerse. ¿La razón? Para empezar, las condiciones son rigurosas. Para poder beneficiarse, por ejemplo, es necesario que la carga hipotecaria se haya visto incrementada en un 30%. Hay hogares vulnerables para los que, tras sufrir durante meses los rigores de la inflación, pedirles un 5, un 10 o un 15 por ciento de incremento en la cuota hipotecaria es pedirles demasiado. Por otro lado, los bancos apenas han comunicado a sus clientes la existencia de este Código de Buenas Prácticas. Lo lógico es que, si has firmado este mecanismo porque estás convencido de que es necesario, y no por razones cosméticas y de mercadotecnia, lo promociones entre tus clientes a través de los canales de venta habituales.
Al margen de las hipotecas, la banca podría hacer ciertos gestos en esta época de bonanza y beneficios extraordinarios. La retribución de los depósitos en España, es decir, el interés que nos paga el banco por prestarle nuestro dinero, está muy por debajo de la media europea. De hecho, los bancos españoles son los que peor remuneran el pasivo de toda Europa. Y, según Standard & Poor’s, tienen margen de sobra para hacerlo.
Celebro los resultados de los bancos, anunciados la semana pasada, pero espero que hayamos aprendido algo de la anterior crisis financiera, donde 600.000 personas fueron expulsadas de sus hogares. Confío en que, si la economía se ralentiza, se destruye empleo y las familias vulnerables no pueden pagar sus créditos hipotecarios, los bancos pasen de la estética del marketing a la ética ciudadana, que exige de nosotros tratar con generosidad y misericordia a quienes lo están pasando mal.
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