La sanidad pública en Andalucía ha dejado de ser un derecho garantizado para convertirse en una carrera de obstáculos. Hoy, la vida de los pacientes depende más de su código postal o de su cuenta bancaria que de la eficacia del sistema. Este domingo, las calles de las capitales andaluzas volverán a teñirse de blanco en una movilización que ya es un grito de auxilio de una sociedad que ve cómo Moreno Bonilla está desmantelando el edificio del bienestar social.

El modelo de Moreno Bonilla ha tocado fondo, arrastrando a ciudadanos y profesionales a un abismo de precariedad. No es un problema de gestión coyuntural, sino una estrategia deliberada de asfixia para favorecer el negocio privado. El sentimiento de abandono es ya una realidad transversal que ha logrado algo histórico: unificar a toda la sociedad bajo un mismo manifiesto por la supervivencia.

Lo que reflejan las cifras es una auténtica "fuga masiva" de profesionales sanitarios que no encuentran razones para quedarse. Mientras el presidente vende una Andalucía de “ensueño”, la estadística es demoledora: Andalucía lidera la fuga de profesionales a nivel nacional, habiendo perdido 1.937 enfermeras en un solo año. El sistema actúa como una fábrica de talento que luego regala a otras regiones por ser incapaz de ofrecer condiciones dignas.

Esta descapitalización no es un fenómeno aislado de las grandes capitales; responde a un ranking de desmantelamiento por provincias que demuestra que el problema es sistémico: Málaga encabeza la pérdida neta con 273 enfermeras menos, seguida de Cádiz con 127, Almería con 121, Jaén con 82, Córdoba con 66 y Sevilla con una pérdida de 59 efectivos en plantilla fija. Es un goteo incesante de talento que nos deja huérfanos de cuidados.

Esta sangría nos sitúa en el vagón de cola asistencial, con una ratio de solo 5,56 enfermeras por cada 1.000 habitantes. La cifra es insultante comparada con el 8,8 de la media europea. Para que el Servicio Andaluz de Salud (SAS) cumpliera los estándares mínimos de la Unión Europea, Moreno Bonilla tendría que contratar a 25.000 enfermeras de forma inmediata.

La situación de los médicos es, si cabe, más alarmante. Andalucía pierde facultativos todos los días, con una media de 15 profesionales que solicitan el traslado cada semana. No son números: es el médico de cabecera que no te atiende porque su plaza está vacante o el especialista cuya cita se demora meses. El Consejo Andaluz de Colegios advierte que la tasa de reposición será un fracaso absoluto si no se frena este sangrado.

El colapso es dramático en las salas de urgencias. Lo vivido en el Hospital de Valme, hace unos días, con más de 60 pacientes a la espera de una cama y cerca de 500 entradas en apenas 24 horas, es la radiografía del desastre. Ver a pacientes acumulados en pasillos, sin la intimidad y en áreas saturadas, es la estampa habitual de una gestión que prefiere ignorar el problema antes que invertir.

El sindicato SATSE alerta sobre un colapso crónico que ya no entiende de picos estacionales. Es una carencia estructural de personal y de infraestructuras que la Junta se niega a reconocer. Mientras tanto, las direcciones de los centros se limitan a activar protocolos de refuerzo que funcionan como meros parches sobre la herida abierta.

En atención primaria, el portal "Clic Salud+" es ahora un monumento a la frustración. Intentar pedir una cita y encontrarse con que no hay disponibilidad hasta dentro de dos semanas es dejar al ciudadano desprotegido. Cuando la puerta de entrada al sistema se cierra, el engranaje se quiebra, empujando a miles de andaluces a contratar seguros privados. Es el objetivo encubierto de la derecha: convertir la salud en un bien de consumo.

Los resultados están a la vista: la mitad de los andaluces suspenden o dan un "cinco raspado" a su sanidad pública. La valoración no ha dejado de caer en picado desde que el PP llegó a San Telmo. Nuestra comunidad está a la cola de España en satisfacción del paciente. Los andaluces son los que peor valoran la atención primaria, las consultas de especialistas y, de forma muy preocupante, incluso el servicio de emergencias 112.

La gestión de los servicios periféricos también desprende un fuerte olor a privatización. La reciente adjudicación del servicio de ambulancias en Huelva a un fondo de inversión ha dejado en una situación crítica a 300 familias. Es el síntoma de una administración que delega sus responsabilidades en entidades que buscan rentabilidad financiera por encima de la seguridad de los pacientes.

A esto se suma el escándalo por los fallos en los cribados de cáncer de mama. La falta de recursos y la descoordinación en programas de prevención tan sensibles son la prueba definitiva de que el deterioro ha alcanzado niveles peligrosos. No se puede jugar con la salud preventiva cuando hay vidas en juego. Es una negligencia institucional que clama al cielo.

Moreno Bonilla ha intentado vender una imagen de moderación, pero la realidad de los hospitales ha roto su máscara No se puede gobernar de espaldas a médicos, enfermeras y pacientes. Este domingo, desde la Plaza de la Marina en Málaga hasta las calles de Sevilla, Huelva o Jaén, Andalucía enviará un mensaje de unidad inquebrantable.

La movilización es la prueba de que el pueblo andaluz no se resigna. Si la Junta sigue ignorando las señales de colapso, el coste político será lo de menos; el verdadero coste es el humano. Es hora de dejar de derivar miles de millones a la privada y devolverle a Andalucía la sanidad pública que se ganó a pulso hace décadas.

Tras siete años de promesas incumplidas, la paciencia de los andaluces se ha agotado. El deterioro ha alcanzado un punto de no retorno en el que la gestión de Moreno Bonilla evidencia un modelo ideológico agotado. Andalucía no aguanta más degradación ni más fuga de sus mejores profesionales hacia el exterior.

El grito de las Mareas Blancas es la antesala de una exigencia mayor: el cambio en el Palacio de San Telmo. Solo las urnas podrán frenar este desguace y recuperar la dignidad del sistema. Andalucía necesita un gobierno que crea en lo público y cuide a quienes nos cuidan. El cambio ya no es una opción política, es una urgencia vital. La marea es imparable y su respuesta en las próximas elecciones será definitiva.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio