Dicen que las mentiras tienen las patas muy cortas, pero la realidad es que a veces tarda en verse la verdad. Esta semana, en ElPlural.com les informábamos de que el grupo de ultra derecha Hazte Oír abandonaba la causa de la DANA tras no conseguir imputar a la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé ni al presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar, Miguel Polo, ni que se citara como testigo al presidente del Gobierno Pedro Sánchez. Su retirada evidencia lo que era un secreto a voces: a Hazte Oír jamás le han interesado las 230 víctimas de la riada, tan solo querían poner más palos en las ruedas del Gobierno de izquierdas.

Es muy llamativo que sí que sigan en otros procedimientos, oh sorpresa, todos ellos relacionados con el PSOE, como es el caso Begoña, el caso Koldo o el del hermano del presidente Sánchez. Pero igual que están ahí, ni están ni se les espera en otros que afectan al PP como por ejemplo el caso Kitchen.

Las acusaciones populares

Esta maniobra de Hazte Oír me recuerda a la propuesta del Gobierno de eliminar las acusaciones populares, una anormalidad que tan solo existe en España. Cuando el Gobierno lo propuso, desde el Partido Popular y desde el partido de ultraderecha Vox se rasgaron las vestiduras. Poco menos que acusaron al Ejecutivo de convertir España en una república bananera.

Pero lo ocurrido en Catarroja es el mejor ejemplo de que la mayoría de las acusaciones populares, siempre hay excepciones a la regla, no entran en los procedimientos penales por intereses genuinos, sino por intereses espurios. De hecho solo hay que recordar cuando Manos Limpias presentó la denuncia contra Begoña Gómez con un escrito basado en titulares de prensa y plagado de mentiras.

La pregunta que surge es sencilla: ¿Hay que eliminar este tipo de acusaciones populares formadas por asociaciones con fines muy poco claros (o demasiado, según se mire)? Y ojo, lectores, que me da lo mismo que esas acusaciones sean de derechas, que es lo que suele suceder, o de izquierdas. Lo único que tengo claro es que no se puede permitir que procedimientos judiciales tan brutales como es el de la DANA se conviertan en un circo de tres pistas que, además, prolonga el caso en el tiempo sin ningún sentido.  

Harina de otro costal son las acusaciones populares ejercidas por los partidos políticos. Ahí el debate es más profundo y complejo, pero si algo tengo claro es que no se presentan (ninguna) por altruismo, sino por defenestrar al contrario. Eso sí, la diferencia con los Hazte Oír, Manos Limpias o Liberum del mundo es absoluta.

Aun así, lectores, me encantaría que le dieran una vuelta al asunto. La pregunta que les lanzo es simple: ¿Acusaciones populares sí o acusaciones populares no? Piensen bien su respuesta, porque si se prohíben, los conspiranoicos y demás fascistas patrios se quedarían fuera, pero también el resto, ya sean los mismas acusaciones populares de derechas o de izquierdas. 

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