Hace unos días, al ir a pagar un desayuno en un bar de una localidad costera andaluza en la frontera con Portugal, dije que iba a pagarlo con tarjeta, pero cambié sobre la marcha al ver que tenía suelto y lo hice en efectivo. Un parroquiano, que apuraba su café en la barra, terció y dijo "mejor así, porque Pedro Sánchez no se enterará, que ya pagamos muchos impuestos."

La anécdota me sirvió para aclararle a mi espontáneo interlocutor que era mejor el dinero digital que el efectivo y que los impuestos, que tanto denigran la derecha y la ultraderecha, sirven para mantener los servicios públicos que usamos a diario (sanidad, educación, infraestructuras...)

Mi anónimo contertulio se animó y afirmó que con el "sello del coche" bastaba para mantener las carreteras (sin duda no tiene la menor idea de lo que cuestan las infraestructuras que disfruta). El tema de la columna semanal estaba servido. Hay que combatir la desinformación, ya que a menudo se proyecta la idea de que los impuestos son un "agujero negro" sin explicar quién los gestiona ni para qué sirven.

En la actual bronca política, los impuestos suelen presentarse como un castigo o una pérdida de libertad. Sin embargo, el sistema tributario es, en realidad, la suscripción colectiva que pagamos para tener centros de salud, colegios, bibliotecas, policías, ejército y un largo etcétera. Para entender el debate, el primer paso es saber qué pagamos y quién se queda con qué, porque en España el poder de recaudar está repartido entre tres niveles de administración.

Los impuestos estatales son los que alimentan la caja común para las grandes políticas nacionales (pensiones, defensa, infraestructuras estatales) y para redistribuir riqueza entre comunidades autónomas.

El IRPF (Renta): Es el más importante. Es un impuesto progresivo (paga más quien más gana). Aunque lo recauda el Estado, financia con él las comunidades autónomas y ayuntamientos.

El IVA (Consumo) lo pagamos todos al comprar cualquier producto. También los inmigrantes sin papeles, aunque se quiere hacer creer que no. Es un impuesto indirecto que no distingue entre ricos y pobres, por lo que es el menos redistributivo.

El Impuesto sobre Sociedades grava los beneficios de las empresas. Es una pieza clave para asegurar que las grandes corporaciones también contribuyan al sostenimiento del país.

Muchas veces la ciudadanía culpa al Gobierno central de impuestos que, en realidad, gestionan y deciden las comunidades autónomas. Es aquí donde reside gran parte de la "confusión" interesada.

Sucesiones y Donaciones grava las herencias. Aunque es estatal, está cedido a las autonomías, que tienen la potestad para bonificarlo casi totalmente, algo que suele hacer la derecha como bandera electoral, pese a que la mayoría de los ciudadanos no ha de pagarlo porque va por rentas, y son las altas la que que más se benefician de estas exenciones.

El de Patrimonio grava a quienes tienen grandes fortunas y el de Transmisiones Patrimoniales (ITP) es el que se paga, por ejemplo, al comprar una casa de segunda mano. en lugar del IVA. Este también está cedido a las autonomías.

Los impuestos locales son los que financian la limpieza de las calles, el alumbrado, los parques, el mobiliario urbano, la recogida de basuras...

El IBI lo paga cualquier propietario de un inmueble, menos la Iglesia, aunque no sea un edificio de culto. Es la joya de la corona de los ayuntamientos, que igualmente cobran por construir, a los bares, etcétera. El IVTM (Sello del coche) es el impuesto de circulación y la plusvalía se paga cuando se vende una propiedad y esta ha ganado valor.

La próxima vez que escuches que "el dinero está mejor en tu bolsillo", recuerda que en tu bolsillo no cabe un hospital, ni una universidad pública, ni una red de trenes, ni el ejército, ni la UME, ni los bomberos, ni las ayudas a sectores en crisis o a las víctimas de catástrofes.

Por otra parte, la presión fiscal en España está por debajo de nuestro entorno europeo. Esto es: pagan más, y con un rápido vistazo se comprueba que a más impuestos, más desarrollo y más Estado del bienestar. Ya lo dijo el juez de la Corte Suprema de Estados Unidos Oliver Wendell Holme: "Los impuestos son el precio que pagamos por la civilización, en la selva no existen".

La "confusión" sobre quién recauda qué sirve a menudo para que ciertas administraciones eludan su responsabilidad en los recortes de servicios públicos, mientras culpan a otras de la presión fiscal. Un ciudadano informado es mucho más difícil de manipular.

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