Los meses de calor traen días soleados, pero también tormentas repentinas que convierten el asfalto en una trampa mortal. Los expertos de Alquiber, compañía líder en renting flexible, recuerdan que las primeras gotas son las más traicioneras: al mezclarse con polvo y polen, crean una capa resbaladiza que reduce drásticamente la adherencia. Ante este escenario, la precaución y una conducción adaptada son las mejores aliadas.
Menos velocidad e incrementar la distancia
El consejo fundamental es moderar la velocidad y aumentar la distancia de seguridad. Los movimientos bruscos, tanto de volante como de freno, pueden provocar un derrape o una salida de vía. Si la lluvia arrecia y se forman bolsas de agua, el riesgo de aquaplaning se dispara. En ese caso, lo indicado es levantar suavemente el pie del acelerador, sin pisar el freno, para que el coche recupere el agarre por sí solo.
Es necesario mantener una buena visibilidad
Pero no solo el suelo preocupa. La visibilidad cae en segundos. Mantener la luna delantera limpia y las escobillas en buen estado es imprescindible; ante el empañamiento, el aire acondicionado soluciona el problema.
Además, hay que ayudar a los demás conductores a vernos: luces de cruce siempre encendidas, y antiniebla solo si la lluvia es torrencial. Si el granizo o el agua impiden ver la carretera, lo más seguro es detenerse en un lugar que no obstruya el tráfico, con balizas y luces de emergencia activadas.
El coche, un lugar seguro en caso de tormenta eléctrica
Un dato que muchos ignoran es que, ante una tormenta eléctrica, el habitáculo del vehículo es seguro porque actúa como jaula de Faraday: la electricidad se conduce por la superficie exterior. Aun así, conviene apagar la radio y no tocar piezas metálicas.
Por último, consultar la previsión meteorológica y el estado de las vías antes de salir puede evitar sorpresas; pero si el aguacero te pilla en ruta, seguir estas pautas marca la diferencia entre un susto y un accidente.
Neumáticos en buen estado y presiones adecuadas
Alquiber, apuesta por la seguridad y el mantenimiento preventivo, recordando que unos neumáticos en buen estado y con la presión adecuada son el primer seguro contra el asfalto mojado. Porque, aunque la lluvia sea primaveral, el peligro no entiende de estaciones.
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