Durante años, la transición al vehículo eléctrico se ha medido con una referencia casi única: el número de puntos de recarga disponibles. Un trabajo publicado en npj Sustainable Mobility and Transport, revista de Nature Portfolio, propone ahora ampliar esa mirada y pone nombre a un fenómeno nuevo: la "pobreza de recarga". Los investigadores la definen como la incapacidad de acceder a una recarga suficiente, fiable, asequible y socialmente inclusiva. La diferencia es importante, porque un conductor puede tener teóricamente infraestructura a su alcance y, aun así, toparse con barreras que le impidan usar un eléctrico en su día a día.
Las cinco importantes variables
El artículo, firmado por investigadores del Stockholm Environment Institute, KTH Royal Institute of Technology, Linköping University y Lund University, no ofrece todavía un índice cuantificable. Propone un marco conceptual que deberá validarse con datos, articulado en cinco dimensiones.
- La primera es económica: depender de la red pública puede encarecer la recarga muy por encima de un punto doméstico, por lo que sugieren comparar ambos precios.
- La segunda es espacial, ya que no basta con que existan cargadores si obligan a desplazamientos excesivos.
- La tercera, funcional, atiende a la potencia, al funcionamiento real de los equipos y al tiempo necesario para lograr una conexión.
- La cuarta variable es el tiempo perdido: colas, desvíos, cargadores ocupados o intentos fallidos que penalizan a quien tiene menos flexibilidad horaria. Los autores incluso plantean medir los minutos perdidos cada semana como posible indicador.
- La quinta es digital, porque exigir aplicaciones, cuentas o suscripciones puede dificultar una recarga que físicamente está disponible.
En España, el 65% de la población vive en pisos
El concepto adquiere especial relevancia en España, donde el 65% de la población vive en pisos, el porcentaje más alto de la Unión Europea según Eurostat, frente al 48% de media comunitaria. Vivir en un piso no implica carecer de garaje, pero sí hace pertinente el perfil de quien no dispone de recarga privada sencilla. La ley permite instalar un punto privado en una plaza propia con solo comunicarlo a la comunidad, pero la situación se complica para quien carece de garaje o depende de actuaciones colectivas.
Precios, distancias, colas y facilidad de uso
Parte de estas barreras ya han llegado a la regulación europea, con el reglamento AFIR y la directiva de eficiencia energética de los edificios. Los autores van más allá y piden observar precios, distancias, colas y facilidad de uso, con dos recomendaciones: una red pública fiable, interoperable y asequible, y edificios preparados para facilitar la recarga privada. La pregunta ya no es cuántos puntos hay, sino si cualquier conductor puede usarlos en condiciones razonables.
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