El estilo de vida actual, marcado por las prisas constantes, la exigencia profesional y las dificultades para equilibrar trabajo y vida personal, ha transformado el estrés en algo cotidiano más que puntual. Ya no se trata de episodios aislados: hoy forma parte del día a día de una gran parte de la población. De hecho, distintos estudios señalan que 6 de cada 10 personas en España reconocen sufrir estrés, una realidad que, cuando se prolonga en el tiempo, termina afectando no solo al descanso, sino también a la salud emocional y a la calidad de vida en general.

Los especialistas hablan de un auténtico “estado de alerta continuo”, en el que el organismo permanece activado incluso cuando debería relajarse. Esto dificulta desconectar, altera el ánimo y acaba pasando factura tanto a nivel mental como físico. Entre las señales más habituales aparecen el insomnio, la irritabilidad, la falta de motivación o esa sensación de bloqueo tan difícil de explicar. En algunos casos, además, el cuerpo también se resiente con síntomas como palpitaciones, contracturas musculares o molestias digestivas.

Uno de los grandes perjudicados es el descanso. Dormir bien se ha convertido en un reto para muchos: casi la mitad de los adultos no logra un sueño reparador y una parte importante se levanta con la sensación de no haber descansado lo suficiente. Esta tendencia no solo afecta a los adultos, sino también a los más jóvenes, ya que aproximadamente uno de cada cuatro niños y adolescentes presenta problemas relacionados con el sueño.

El “exceso de cortisol”: la explicación del estrés continuo

En este contexto, cada vez más personas intentan poner nombre a este malestar que no siempre saben interpretar. Es precisamente por ello que conceptos como el cortisol han ganado protagonismo en la conversación pública como forma de explicar el impacto del estrés. “El cortisol es una hormona esencial para la vida y forma parte de una respuesta fisiológica correcta y saludable”, explica Raquel Gallego, farmacéutica y parte del equipo de formación del laboratorio Vitae Health Innovation.  

"La exposición prolongada al cortisol alto provoca cambios metabólicos, cardiovasculares y estructurales, y si no se equilibra: alteraciones cardiovasculares, resistencia a la insulina, debilidad del sistema inmune, problemas digestivos, trastornos de ansiedad, insomnio, burnout y agotamiento emocional", añade Lluisa Varela, Directora Técnica y de I+D+i de Vitae Health Innovation.

En condiciones normales, el organismo alterna entre fases de activación, necesarias para reaccionar en situaciones de exigencia, y fases de recuperación, que permiten restablecer el equilibrio. El problema surge cuando este ciclo se rompe y el cuerpo permanece en un estado de alerta constante, lo que provoca niveles de cortisol muy elevados durante largos periodos. “Muchas personas no son capaces de pasar del estado de activación, es decir, no consiguen desconectar, lo que impide que el organismo vuelva a un estado de reposo”, prosigue Raquel Gallego.

Cuando el estrés deja de ser algo puntual y se prolonga en el tiempo, el organismo entra en un estado de desajuste que muchos expertos relacionan con un exceso de cortisol, la hormona clave en la respuesta al estrés. Esta situación sostenida puede alterar el descanso, reducir la eficacia del sistema inmunitario y favorecer la inflamación. Además, cada vez es más habitual que también tenga un reflejo directo en la salud digestiva, con síntomas como hinchazón, digestiones lentas o malestar abdominal.

Los especialistas insisten en que el objetivo no es eliminar el estrés —ya que forma parte de los mecanismos naturales de adaptación—, sino aprender a regularlo de forma eficaz. En este sentido, cobra especial importancia reforzar los propios sistemas del cuerpo, especialmente aquellos implicados en el equilibrio del sistema nervioso, para recuperar la capacidad de respuesta y bienestar.

Claves para comprender y gestionar el estrés en el día a día

En los últimos años, diferentes compuestos naturales han ganado protagonismo por su papel en la regulación del estrés. Ingredientes como la ashwagandha, el GABA o el magnesio han sido objeto de estudio por su capacidad para actuar sobre el sistema nervioso y contribuir al equilibrio emocional y mental. La ashwagandha, considerada un adaptógeno, destaca por su función reguladora: no solo ayuda a promover la calma en momentos de sobrecarga, sino que también puede apoyar los niveles de energía y la claridad mental cuando aparece el cansancio.

Esto es así porque, en palabras de Luisa Varela, "mientras un relajante natural (como la manzanilla o valeriana) actúa principalmente para calmar el sistema nervioso, un adaptógeno actúa como un regulador que modula la respuesta del cuerpo al estrés, equilibrando la energía sin sedar y aumentando la resistencia física y mental". Por su parte, el GABA, explica la experta antes mencionada, "es el principal neurotransmisor inhibidor de nuestro sistema nervioso central, y es crucial para reducir la excitabilidad neuronal y promover la calma. Ayuda a disminuir el estrés, la ansiedad y mejora la calidad del sueño".

Además, el magnesio, especialmente en su forma de bisglicinato, que es una sal aborbible de magnesio, desempeña un papel clave en el correcto funcionamiento del sistema nervioso. "Es ideal para la función, recuperación y relajación muscular. Ayuda a prevenir calambres, reducir la fatiga muscular y aliviar contracturas gracias a su alta biodisponibilidad y efecto relajante en el sistema neuromuscular", concluye Varela.

En este contexto, desde Vitae Health Innovation han desarrollado PowerVita, un complemento que combina estos activos con el objetivo de apoyar la respuesta natural del organismo frente al estrés. Tal y como explica la Directora Técnica y de I+D+i de Vitae Health Innovation, “la intención no es solo aliviar los síntomas, sino acompañar al cuerpo para que recupere su capacidad de adaptación. De este modo, las personas pueden sentirse más descansadas, con mayor claridad mental y mejor preparadas para afrontar las exigencias del día a día”.

¿Qué esperar de PowerVita?

Incorporar un complemento como PowerVita en la rutina diaria no implica resultados inmediatos, pero sí progresivos. Tal y como explica Lluisa Varela, los adaptógenos actúan de forma gradual sobre el sistema nervioso. "Los beneficios de los adaptógenos en el sistema nervioso suelen notarse entre las 3 y 4 semanas de uso constante", aunque matiza que algunas personas pueden notar cambios más sutiles a partir de las dos primeras semanas. Por otro lado, el momento de la toma puede adaptarse a las necesidades de cada persona, según explica Varela, que insiste que la constancia es lo más importante. "Generalmente, se recomienda tomarlos en ayunas por la mañana para energía y enfoque, o por la noche para relajar y mejorar el sueño", añade. 

Más allá de la suplementación, Varela subraya la importancia de acompañar el proceso con pequeños hábitos que potencien sus efectos. Entre ellos, destaca uno especialmente sencillo y eficaz: la respiración diafragmática lenta, con exhalaciones prolongadas, una práctica que ayuda a activar el sistema nervioso parasimpático y a inducir un estado de calma. No obstante, también recuerda que no todos los perfiles son aptos para este tipo de compuestos. En el caso de la ashwagandha, su uso no está recomendado durante el embarazo o la lactancia, ni en personas con enfermedades autoinmunes, problemas de tiroides —especialmente hipertiroidismo— o afecciones hepáticas e hipertensión. Asimismo, aconseja consultar con un profesional sanitario si se están tomando tratamientos para la ansiedad, la tiroides o la diabetes.

En un mercado cada vez más saturado de soluciones rápidas contra el estrés, desde Vitae Health Innovation defienden un enfoque más completo. Según Varela, PowerVita “no se limita a aliviar síntomas concretos”, sino que apuesta por una fórmula sinérgica pensada para abordar la sobrecarga mental y la fatiga emocional desde una perspectiva global, ayudando al organismo a recuperar su equilibrio natural y mejorar su capacidad de adaptación.

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