Ace of Spades nos lleva a un western oscuro, lleno de seres demoníacos y criaturas poseídas, donde encarnamos a un tahúr capaz de canalizar magia a través de su baraja. La idea es tan sencilla y, a la par, potente: formar jugadas de póker para lanzar disparos mágicos y abrirnos paso entre enemigos cada vez más duros.

Al juego creado por Benjamín Amorín se suma el arte de David Rubín, que le sienta como un guante. Sus ilustraciones refuerzan esa mezcla de película del Oeste maldita, fantasía demoníaca y con guiños al Heavy Metal, convirtiendo cada carta en una pequeña pieza con mucha personalidad.

Benjamín Amorín y David Rubín en la presentación de Ace of Spades

Ficha técnica

  • Jugadores: 1 en solitario o 2 en cooperativo.
  • Objetivo: derrotar a una legión de 12 enemigos hasta llegar al enfrentamiento final contra el nigromante demoníaco Lord Overkill.
  • Mecánica principal: gestión de mano y combinaciones de póker para hacer daño.

Curva de aprendizaje: póker con truco

El juego es sencillo de aprender si conoces las jugadas del póker. En mi caso, que no soy jugador habitual, me costó poco entrar en la dinámica. Las combinaciones ya las conocía, pero si tienes dudas el manual y la plantilla con diales explican bien cuáles son y cuánto daño hacen al “disparar”.

La capa extra llega con las figuras y los ases, que añaden daño a las jugadas. Las figuras suman +1 y los ases +3, así que no solo importa formar una buena combinación, sino también con qué cartas la formas. Además, al derrotar enemigos vas consiguiendo habilidades, algunas de un solo uso y otras que duran toda la partida. Permiten cambiar palos, modificar colores, hacer más daño o robar más cartas, y hay que calcular bien cuándo usarlas.

El manual es breve y no resulta difícil de asimilar. No es uno de esos juegos en los que necesitas varias partidas solo para entender qué está pasando.

Lord Overkill, enemigo final de Ace Of Spades

Interacción: mejor a dos de lo que esperaba

Creo que Ace of Spades funciona muy bien en solitario. Tú robas, tomas las decisiones y haces las jugadas. Tiene ese punto de reto personal en el que todo depende de cómo gestiones la mano, cuándo arriesgas y cuándo aceptas una jugada más modesta.

Sin embargo, a dos jugadores me ha resultado más fácil de lo que pensaba. De hecho, ganamos a la segunda partida, mientras que en solitario todavía no he conseguido derrotar a Lord Overkill. El juego limita la comunicación entre jugadores, porque en teoría no puedes dar detalles concretos sobre tus cartas y jugadas, pero al jugar en cooperativo al final es muy difícil no acabar hablando (y, por lo tanto, colaborando) más de la cuenta. En cualquier caso, hemos venido a divertirnos y cada uno manda en su casa.

Lo interesante del modo cooperativo es que abre bastante la partida. Aunque cada jugador tenga una mano de cinco cartas, hay otras tres cartas comunes en la mesa que pueden utilizar ambos para formar combinaciones. Eso permite cierta coordinación sin romper del todo la incertidumbre. Incluso puedes pedirle al otro jugador que te respete una carta concreta porque te puede venir bien en el siguiente turno.

Toma de decisiones: tentando a la suerte

La toma de decisiones en Ace of Spades va mucho de tentar a la suerte. Puedes jugártela a buscar una escalera, esperar que salga una carta concreta o descartar parte de tu mano para intentar mejorarla, pero nada te asegura que el mazo vaya a darte lo que necesitas. Además, en los modos más sencillos de juego puedes acceder al descarte y contar cuántas cartas han salido ya para calcular las probabilidades de que llegue la que necesitas.

Las opciones de descarte y de renovar el mazo, dos o tres veces según avanza la partida, ayudan a controlar un poco el azar. Pero el riesgo sigue ahí. No siempre después de una mala mano llegan buenas cartas, y eso obliga a decidir si merece la pena apurar una jugada mediocre o arriesgarte a por algo más potente.

Jugando en solitario, cuentas con una mano de ocho cartas. Las jugadas (de la dificultad normal en adelante) exigen jugar siempre cinco de ellas, con lo cual en algún momento tendrás que utilizar alguna que te vendría bien para más adelante.

Ese equilibrio entre cálculo y suerte es parte de la gracia. Hay momentos en los que tienes claro lo que quieres hacer, pero no sabes si el juego te va a dejar hacerlo.

Un juego rápido al principio, más exigente después

El ritmo de juego, al menos en mis experiencia en solitario y partidas a dos, deja algo claro: los primeros turnos van muy rápido. Los enemigos tienen menos vida, las jugadas salen con cierta facilidad y la partida avanza sin demasiadas vueltas.

La cosa cambia a medida que los enemigos se endurecen. Ahí ya no basta con cualquier combinación. Hay que pensar mejor qué cartas pueden venir, cuándo conviene descartarse, si merece la pena gastar una habilidad o si es mejor guardarla para más adelante.

Aun así, cuando pierdes no se queda una sensación de cierre, te apetece una revancha echando otra partida para probar si esta vez gestionas mejor las habilidades, arriesgas en otro momento o tienes algo más de suerte con los robos.

Momentos memorables

Jugando a dos, uno de los grandes momentos fue derrotar a Lord Overkill con jugadas muy poderosas. En modo normal, además, el juego exige usar el As de Picas en una combinación para vencerlo, lo que convierte el final en algo más tenso.

La inclusión del Joker hacia el tramo final también dejó un momento muy bueno. Robarlo en una primera mano potente nos allanó bastante el camino y nos permitió encarar el desenlace con otra sensación.

Pero también hay momentos más pequeños que funcionan muy bien. Por ejemplo, robar justo la carta que necesitas para hacer el último punto de daño que le queda a un enemigo. Cuando ocurre resulta muy satisfactorio. Ahí el juego consigue que una sola carta tenga peso.

Ergonomía y calidad de componentes

En mesa, Ace of Spades luce muchísimo. Las cartas de enemigos, y también algunas de la baraja de póker, cuentan con el arte de David Rubín, que es uno de los grandes reclamos del juego. Son cartas muy vistosas, con una identidad visual muy marcada.

Las cartas de enemigo, además, tienen un tamaño más grande que las cartas de póker y cuentan con textura, lo que les da más presencia. Cada enemigo entra en mesa con entidad propia, no como una simple carta más.

El pequeño "tablero" de juego con sus diales también me parece claro. Es de cartón grueso y permite llevar las cuentas de forma cómoda. Se podría haber resuelto con tokens, sí, pero así queda más visual y sencillo.

La carta de enemigo se coloca simplemente debajo del tablero, sin tener que insertarla ni hacer nada raro. Los bonos permanentes quedan visibles y la gestión durante la partida resulta bastante limpia.

Además, hablamos de un juego que ronda los 25 euros, un precio bastante ajustado para la cantidad de cartas ilustradas, el tablero con diales y la calidad general de los componentes que incluye la caja. Lo más importante: por ese precio da para muchas partidas y cada vez que salgas escaldado en tus duelos con los esbirros de Lord Overkill volverás a por más.

8,4
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"Ace of Spades convierte una baraja de póker en un duelo mágico contra demonios, con el arte de David Rubín como gran reclamo y una mecánica sencilla que deja ganas de revancha, sobre todo cuando la suerte no acompaña".
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ESTÉTICA
9'5

David Rubín firma un Oeste demoníaco, sucio y muy visual, con cartas que entran por los ojos.

MECÁNICA
8

Póker convertido en disparos mágicos, con habilidades que añaden decisiones sin complicar el conjunto en exceso aunque hacen estrujarse el coco.

RITMO Y FLUIDEZ
7,5

Arranca rápido y se vuelve más exigente cuando los enemigos obligan a pensar cada descarte.

REJUGABILIDAD
8,5

Pierdes y apetece volver a intentarlo: cambiar una decisión, arriesgar distinto o esperar mejor suerte.

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