La acampada de la Puerta del Sol se ha convertido en uno de los principales símbolos de las protestas por la vivienda en Madrid. Tras la multitudinaria manifestación contra los desahucios y por el derecho a una vivienda digna, el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid ha decidido mantener una acampada en pleno centro de la capital para reclamar medidas frente a una crisis que afecta especialmente a quienes tienen dificultades para acceder a una vivienda o asumir el coste del alquiler.

La movilización ha recibido apoyos de distintos sectores sociales y también de rostros conocidos, pero no todos comparten la estrategia elegida por los manifestantes. El colaborador de Malas Lenguas José Miguel Villarroya ha cuestionado abiertamente el sentido de mantener una acampada como forma de protesta y ha situado el origen del problema en un marco mucho más amplio: el capitalismo.

“Capitalismo”, ha respondido cuando se le pregunta por el problema que, a su juicio, está detrás de la situación actual. Villarroya ha considerado que existe una contradicción entre denunciar que el problema es el propio sistema y limitar la respuesta a una acampada. “Lo que deberían hacer ahí, en lugar de estar haciendo acampadas, que dicen que el problema es el sistema, pues el sistema no se derrumba con acampadas”, ha sosenido.

Su crítica no se dirige únicamente contra la protesta concreta de Sol, sino contra una determinada forma de entender la movilización social. En su opinión, las protestas necesitan analizar las condiciones económicas y sociales que provocan los problemas que pretenden combatir.

“Las protestas que no tienen en cuenta las condiciones materiales y no se realiza un análisis de clase y un análisis material para destruir el sistema, pues se van a quedar donde están”, ha afirmado.

Una crítica a la estrategia de protesta

A pesar de sus críticas, Villarroya ha dejado claro que no cuestiona que los ciudadanos tengan derecho a protestar. “Me parece muy bien que la gente se siente y se ponga a protestar en la Puerta del Sol”, ha reconocido.

El problema, según su planteamiento, está en considerar que ese tipo de movilización pueda producir por sí misma una transformación profunda de las estructuras económicas y sociales. “Eso no lleva para nada”, ha sentenciado.

Sus palabras introducen así una discusión dentro del propio movimiento reivindicativo: no solo qué se reclama, sino también qué herramientas pueden utilizarse para conseguir cambios. Mientras los participantes en la acampada defienden la ocupación del espacio público como una forma de visibilizar el problema de la vivienda y mantener la presión social, Villarroya considera insuficiente esa estrategia si no va acompañada de un análisis estructural y de acciones dirigidas a modificar las relaciones económicas que, según él, están en el origen del problema.

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora