La televisión privada española apenas llevaba quince años funcionando cuando vivió su segunda gran revolución. Después de la irrupción de Antena 3, Telecinco y Canal+ en 1990, parecía que el mapa audiovisual estaba definido. Dos grandes cadenas generalistas competían por el liderazgo mientras Canal+ ocupaba un espacio muy particular como televisión de pago. Sin embargo, a mediados de la década de los 2000 todo volvió a cambiar. El Gobierno abrió la puerta a nuevos operadores, nacieron Cuatro y laSexta y el mercado recuperó una competencia que muchos creían imposible. Paradójicamente, aquella segunda generación de cadenas terminaría desembocando pocos años después en el escenario contrario: la consolidación de dos grandes grupos que, todavía hoy, dominan el mercado televisivo.

El origen de esta historia hay que buscarlo en un contexto muy distinto al de los años noventa. La televisión digital terrestre comenzaba a dar sus primeros pasos y el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero apostó por ampliar la oferta televisiva. En noviembre de 2005 llegó Cuatro, fruto de la transformación de Canal+ en una cadena generalista en abierto, mientras que apenas unos meses después, en marzo de 2006, comenzó sus emisiones laSexta tras obtener una nueva licencia nacional. España pasaba de tres grandes operadores privados a cinco y el panorama volvía a agitarse. 

Aunque ambas compartían el objetivo de hacerse un hueco frente a Antena 3 y Telecinco, lo hicieron con estrategias completamente diferentes. Cuatro nació bajo el paraguas de PRISA con una imagen moderna, urbana y claramente dirigida a un público joven y de clase media. Su lanzamiento estuvo acompañado de una potente campaña de marketing y de un lema que resumía bien su filosofía: "La televisión que viene". Apostó por una realización diferente, una continuidad muy cuidada y una programación donde convivían la información, la ficción internacional y el entretenimiento.

La cadena encontró muy pronto programas que marcaron una época. Callejeros revolucionó el reportaje televisivo con un lenguaje mucho más cercano y una cámara pegada a la realidad. Cuarto Milenio, con Iker Jiménez al frente, convirtió el misterio en un fenómeno de masas. Supernanny popularizó un formato de coaching familiar que arrasaba en medio mundo, mientras Fama, ¡a bailar! llevó los talent musicales diarios a otra dimensión. Incluso los informativos, dirigidos inicialmente por Iñaki Gabilondo, buscaban diferenciarse con un estilo más pausado y analítico que el de sus competidores.

LaSexta eligió un camino completamente distinto. Desde su nacimiento apostó por el deporte y el humor como principales señas de identidad. Apenas unos meses después de comenzar sus emisiones sorprendió al hacerse con los derechos del Mundial de Alemania 2006, un golpe que le permitió darse a conocer entre millones de espectadores. Después llegaron la NBA, la Fórmula 1 y una programación deportiva que convirtió a la cadena verde en una referencia para los aficionados.

Pero fue el entretenimiento el que terminó definiendo su personalidad. En apenas unos años aparecieron formatos que marcaron una generación. Sé lo que hicisteis... revolucionó la televisión con una sátira diaria sobre el universo del corazón y la propia televisión. El Intermedio, con El Gran Wyoming, encontró un estilo propio mezclando actualidad, humor y crítica política. Poco después llegarían Salvados, de Jordi Évole, que transformó el reportaje de actualidad en horario de máxima audiencia, y El Objetivo, que consolidó la apuesta de la cadena por la información y el análisis. LaSexta había conseguido algo muy difícil: tener una personalidad reconocible en un mercado cada vez más competitivo. 

Mientras tanto, las cadenas tradicionales también reaccionaban. Antena 3 respondió reforzando la ficción nacional con éxitos como El Internado, Los hombres de Paco o El Hormiguero, que aterrizó en la cadena en 2011 tras varias temporadas en Cuatro. Telecinco, por su parte, consolidó un modelo basado en el entretenimiento y la telerrealidad con formatos como Gran Hermano, Supervivientes o Sálvame, mientras mantenía una potente producción de ficción con títulos como Aída, Hospital Central o La que se avecina. La competencia nunca había sido tan intensa.

Sin embargo, detrás de esa explosión creativa comenzaban a aparecer importantes problemas económicos. La crisis financiera de 2008 desplomó la inversión publicitaria y el mercado televisivo dejó de ser capaz de sostener a cinco grandes operadores privados nacionales. Los ingresos caían mientras aumentaban los costes de producción y de adquisición de derechos deportivos y cinematográficos. La situación obligó al Gobierno a modificar la legislación para permitir algo que hasta entonces estaba prácticamente vetado: las fusiones entre operadores de televisión. 

El primer movimiento llegó en diciembre de 2010, cuando Telecinco culminó la adquisición de Cuatro. La operación dio lugar al grupo Mediaset España, que reunía bajo un mismo paraguas Telecinco, Cuatro y el resto de sus canales de TDT. Dos años después se produjo la segunda gran integración. Tras un complejo proceso regulatorio, Antena 3 absorbió laSexta en octubre de 2012, una operación que acabaría dando lugar al actual grupo Atresmedia. 

La paradoja era evidente. Dos cadenas que habían nacido para aumentar la competencia terminaban integradas en los dos grandes operadores históricos. En apenas un lustro, el mercado había pasado de cinco grandes cadenas privadas independientes a dos grandes grupos audiovisuales con múltiples canales, productoras, radios y negocios complementarios. Había nacido el llamado duopolio televisivo.

Desde entonces, Atresmedia y Mediaset han concentrado de forma habitual la mayor parte de la audiencia de la televisión privada y, sobre todo, de la inversión publicitaria. Cada grupo dejó de competir con un único canal para hacerlo con un auténtico ecosistema: Antena 3, laSexta, Neox, Nova, Mega o Atreseries por un lado; Telecinco, Cuatro, FDF, Divinity, Energy, Boing o Be Mad por otro. La llegada de la TDT multiplicó esa estrategia y permitió segmentar la oferta según el tipo de espectador.

Con el paso del tiempo, muchos de los formatos que definieron aquella segunda generación siguen formando parte de la televisión española. El Intermedio, Salvados -durante su etapa regular-, Cuarto Milenio o El Hormiguero son herederos directos de aquella revolución iniciada por Cuatro y laSexta. Sin embargo, su legado más importante fue otro. Aquellas cadenas demostraron que todavía había espacio para innovar, romper moldes y encontrar nuevas formas de contar historias. Y, aunque acabaran integradas en dos gigantes audiovisuales, cambiaron para siempre el equilibrio del sector. Porque la segunda generación de televisiones privadas no solo amplió la oferta. También dio origen al modelo empresarial que, más de una década después, sigue marcando el rumbo de la televisión comercial en España.

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