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La Séptima llega con las urnas a la vuelta de la esquina: una nueva voz progresista entra en juego en la televisión

El nuevo canal, que reivindica una televisión progresista pero no partidista, tendrá que construir su identidad en plena campaña electoral

La Séptima. FesTVal
La Séptima. FesTVal

Dicen que es importante estar en el momento adecuado y en el lugar oportuno. Y si no, que se lo digan a La Séptima. La cadena impulsada por José Miguel Contreras verá la luz el próximo 5 de noviembre. Hasta este lunes a primera hora, una fecha como cualquier otra. Sin embargo, pasadas las 09:00 horas del mismo, el nacimiento pasaba a enmarcarse en plena campaña electoral. El canal, que se ha presentado abiertamente como "progresista", pero no "partidista", afronta así su primer gran reto, el de demostrar qué hueco quiere ocupar en el mercado televisivo en un momento clave. 

Pedro Sánchez anunciaba este lunes el adelanto de las elecciones generales al 29 de noviembre y, casi al mismo tiempo, Javier Ruiz confirmaba que el proyecto que dirige editorialmente cambiará su hoja de ruta para debutar con un especial dedicado a los comicios: “Vamos a nacer con un especial elecciones”, comunicaba el periodista.

La coincidencia convierte el nacimiento de La Séptima en algo más que la incorporación de un nuevo canal al mando a distancia. Por primera vez en dos décadas, una nueva televisión generalista de ámbito nacional se dispone a entrar en escena y lo hará en uno de los momentos en los que la televisión puede tener una mayor capacidad para influir en la conversación pública. No es una cuestión de atribuir a una cadena la capacidad de decidir por sí sola el voto, sino de entender el papel que siguen desempeñando los medios cuando millones de ciudadanos reciben, contrastan y construyen su visión de la actualidad a través de ellos. Y durante una campaña electoral, esa responsabilidad -y esa capacidad de marcar qué se cuenta, cómo se cuenta y qué queda fuera del foco- adquiere todavía más peso.

La Séptima, además, no llega sin posicionamiento. Su propio impulsor, José Miguel Contreras, ha explicado abiertamente que el proyecto quiere ocupar un espacio progresista, aunque lejos de convertirse en una televisión partidista. En septiembre rechazaba que la cadena hubiera nacido para apoyar a un Gobierno concreto y calificaba de “estupidez” esa interpretación. “Nosotros nos equivocaríamos radicalmente, si hacemos un canal de televisión partidista, un canal de televisión vinculado a una figura política o a un partido determinado, porque eso va en contra de lo que es la televisión”, defendió. Su intención, añadía, es que sea un canal “obligatoriamente” abierto.

Ahí está precisamente una de las claves del proyecto. La Séptima se presenta como una televisión progresista, pero sus responsables quieren separar esa mirada ideológica de la lógica partidista. Contreras ha defendido que el canal pretende llenar un espacio de audiencia progresista sin que nadie se sienta “en ningún caso ofendido, molesto o excluido”. También ha señalado que la cadena defenderá valores como la igualdad, la diversidad y una “España plural”.

Javier Ruiz ha ido incluso un paso más allá al definir el modelo como la “anti-Fox News”, precisamente porque, a su juicio, el ecosistema televisivo español está “virado a la derecha”, con TVE como excepción en el escenario actual. El director editorial sostiene que la televisión tendrá una vocación progresista, pero no estará dirigida únicamente a espectadores progresistas: su objetivo es abrirse a públicos diferentes y hacerlo desde el periodismo y el directo.

Es una distinción importante, especialmente cuando el canal va a debutar con una campaña electoral prácticamente recién estrenada. La cadena no podrá limitarse a explicar qué quiere ser en teoría: tendrá que demostrarlo ante un acontecimiento político que obliga a tomar decisiones editoriales constantemente. Qué asuntos abrirán sus espacios de actualidad y análisis político, qué temas ocuparán horas de directo, qué voces se incorporarán al debate y, sobre todo, desde qué enfoque se explicará todo ello serán algunas de las primeras cartas de presentación de La Séptima.

Porque una campaña electoral también se libra en televisión. Las formaciones políticas compiten por los votos, pero también por el espacio mediático: por colocar sus mensajes, marcar la agenda, responder a sus adversarios y conseguir que determinados asuntos permanezcan durante horas en la conversación pública. En ese escenario, que aparezca una nueva cadena con una apuesta declaradamente informativa y progresista no es un detalle menor.

Además, la propia estructura del proyecto refuerza esa idea. El proyecto impulsado por Contreras ha apostado por un modelo centrado en la actualidad -aunque insisten en que el entretenimiento también tendrá un papel destacado- y el directo, con Javier Ruiz como director editorial y una programación que pretende seguir la información prácticamente durante toda la jornada.

Cabe recordar que la última incorporación al espacio televisivo se produjo hace 20 años, cuando en 2006 laSexta se presentaba en sociedad. Un año antes, Cuatro comenzó sus emisiones en abierto. Desde entonces, el escenario ha cambiado radicalmente: han llegado las plataformas, se ha fragmentado el consumo, han crecido las redes sociales y la televisión tradicional ha perdido parte del monopolio que ejercía sobre la conversación pública.

Precisamente por eso resulta especialmente significativo que el nuevo proyecto nazca ahora y, además, con unas elecciones como primer gran acontecimiento. La televisión ya no ocupa el mismo lugar que hace 20 años, pero continúa teniendo una capacidad de alcance y de influencia que no se puede ignorar. Y La Séptima va a comprobarlo prácticamente desde el primer día. No tendrá que esperar meses para encontrar un gran acontecimiento que ponga a prueba su modelo, sino que tendrá que construir su identidad mientras el país construye también su decisión electoral.

Lo cierto es que puede ser una gran oportunidad para el canal, pero que el examen es especialmente exigente también es innegable. Una cadena que nace en circunstancias normales tiene tiempo para probar programas, ajustar formatos, encontrar a su público y corregir errores. La Séptima tendrá que hacerlo mientras trata de convencer a los espectadores de seguir la campaña electoral desde su señal. 

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