Los trabajadores de la Cadena Ser continúan enfrentándose a los continuos cambios que la cúpula va dictaminando con el fin de obtener una nueva jerarquía. Además, al margen de estos movimientos de fichas, desde hace tiempo que también deben convivir con nuevas órdenes por parte de los mandos que sirven de enlace con Joseph Oughourlian, presidente de PRISA. Como contaba este medio recientemente, se ha impuesto un modelo de censura previa con las piezas sobre Isabel Díaz Ayuso, pero, ¿cuál ha sido la reacción de la redacción?

Siguiendo la cronología, en mayo de 2025, ElPlural.com ya contó que el mismo Oughourlian, a través de sus directivos de reciente nombramiento, dejó claro a varios de los líderes de opinión del grupo radiofónico que quería adoptar un nuevo rumbo que pasara por "hacer menos seguidismo del Gobierno". Es más, las fuentes internas consultadas reproducían cuál había sido la orden exacta: "No tiene sentido hablar tanto del novio de Ayuso".

Al "menos Ayuso y más Sánchez" pronunciado en aquella reunión, en la que se encontraban importantes nombres como el de Àngels Barceló, se han ido sumado otras directrices más recientes, aunque en la misma línea de acción. Hace algunas semanas, como publicaba recientemente este medio, Fran Llorente, nombrado director de contenidos de Cadena Ser por Oughourlian, y uno de los hombres más señalados en los últimos meses en el marco de la derechización de la emisora, impuso una nueva regla.

Llorente dio la orden expresa de que cualquier noticia relacionada con Ayuso, por mínima que fuera, se le notificara. Es decir, la información debe pasar previamente por su persona. Este movimiento ha sido interpretado por la redacción como una forma de censura previa que, según apuntan, nunca se había dado en el seno de la Ser.

¿Cuál ha sido la reacción de los redactores? Hacer caso omiso a esta orden de Llorente y, por tanto, de Oughourlian. De hecho, hace una semana, cuando se conocía el contenido del demoledor informe que la UCO entregaba sobre el novio de la presidenta regional, Alberto González Amador, al juzgado de instrucción número 19 de Madrid, la Cadena Ser era uno de los primeros medios en informar de la noticia. 

Por lo tanto, según apuntan dichas fuentes internas, esta confrontación entre las nuevas normas de la cúpula y la rebelión de la redacción hacen que el ambiente no sea muy bueno en la emisora, predominando un clima de tensión. 

Los que ya han caído en la Ser

En cuestión de meses, el grupo radiofónico ha encadenado relevos, ceses y movimientos internos que han alterado el equilibrio tradicional de poder en la emisora y han abierto un clima de incertidumbre en las redacciones. Todos ellos, bajo la batuta de Joseph Oughourlian.

El punto de partida de esta sacudida se sitúa en la remodelación profunda de la dirección de PRISA Media tras la llegada de Pilar Gil como consejera delegada, con el impulso directo de Oughourlian. Desde ahí, los cambios han ido descendiendo en cascada. Entre los primeros en caer se encuentra Carlos Núñez, hasta entonces al frente de la división de medios, cuya salida marcó el inicio de una nueva etapa de centralización del poder.

Poco después llegaría uno de los relevos más significativos en la estructura de la Ser: la destitución de Ignacio Soto como director general de la cadena, sustituido por Jaume Serra. Un movimiento que, según fuentes internas, consolidó el giro hacia una estructura más vertical y con mayor supervisión directa desde la dirección de PRISA.

En paralelo, otro nombre clave del organigrama también salió del centro de decisión editorial: Montserrat Domínguez, hasta entonces directora de contenidos de la Ser, fue reemplazada en el marco de una reestructuración que colocó a Fran Llorente al frente del área de contenidos y audiovisual. Su salida, interpretada dentro de la emisora como una de las más relevantes por su peso en la definición de la línea editorial, supuso el fin de una etapa de coordinación relativamente autónoma de los grandes programas de la cadena. Junto a ella, también abandonó funciones de responsabilidad José Miguel Contreras, otro de los perfiles con capacidad de influencia en la arquitectura interna del grupo.

El siguiente movimiento de calado llegó con la remodelación del área de informativos y la reorganización del liderazgo de redacción digital, donde el nombre de Guillermo Rodríguez empezó a aparecer recurrentemente en las quinielas internas. Rodríguez, que ya había sido situado en el pasado como posible pieza de recambio en distintas fases de tensión interna, ha sido finalmente señalado como uno de los últimos afectados por esta oleada de cambios, en un contexto en el que su perfil era considerado próximo a etapas anteriores de la dirección editorial.

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