La sexta entrega de la saga creada por Santiago Segura ha vuelto a colocar al personaje de Torrente en el centro de la conversación cultural y política. Torrente, Presidente, estrenada este 13 de marzo, ha arrasado en su primer fin de semana en cines con cerca de 300.000 espectadores y más de dos millones de euros de recaudación, confirmando que el irreverente policía interpretado por Segura sigue teniendo tirón casi tres décadas después de su debut en pantalla.

Entre la larga lista de apariciones sorpresa del filme - que incluye desde rostros televisivos hasta personajes del mundo político - destaca la del periodista y presentador Jordi Évole. Su participación ha llamado especialmente la atención y el propio comunicador ha querido explicar cómo acabó formando parte del proyecto en una columna publicada en La Vanguardia bajo el título “Mamá, lo siento, salgo en Torrente, Presidente.

En ese texto, Évole ha comenzado recordando la reacción que tuvo su madre cuando vio por primera vez la saga creada por Segura. “Recuerdo la cara de mi madre viendo el primer Torrente. El asco que le dio el personaje”, escribe, evocando una de las escenas más escatológicas del filme original. Aquella reacción, cuenta ahora, volvió a su cabeza cuando acudió al cine a ver la nueva entrega… aunque esta vez había un detalle que su madre aún desconocía y es que su propio hijo aparece brevemente en la película.

El periodista ha reconocido que ni siquiera se lo contó antes del estreno. “No le había dicho que en una escena hago un cameo. Se me olvidó”, ha ironizado, explicando que además firmó un acuerdo de confidencialidad que le obligaba a mantener el secreto. La cláusula era lo suficientemente estricta como para que, bromea, con la sanción económica “Segura podía haber hecho Padre no hay más que uno 6.


Entre la ilusión y las críticas

Évole ha admitido que aceptar la propuesta no le resultó especialmente difícil. Según explica, las dos primeras entregas de la saga le “volaron la cabeza” y participar en ella le hacía ilusión. Su papel, de hecho, es mínimo: “Se podía escribir en un post-it”, ha señalado, añadiendo que incluso aportó alguna idea al guion gracias a la libertad que le dio el director.

Lo que sí le sorprendió fue la reacción de su entorno cuando empezó a comentar el proyecto. El periodista ha explicado que el recibimiento fue muy distinto según la generación. Mientras que muchos jóvenes celebraron la noticia - “la chavalada que no había nacido con el primer Torrente adora al personaje”, ha escrito -, entre compañeros de su misma quinta encontró más reticencias.

Algunos, cuenta, le reprocharon su participación en una saga que históricamente ha generado polémica por su humor irreverente y provocador. “¿Cómo vas a salir tú en Torrente tal y como está España ahora?”, recuerda que le dijeron. Otros incluso le advirtieron de que quizá compartiría pantalla con personas situadas “en las antípodas ideológicas”.

Évole ha respondido a esas críticas con ironía. “Hay tantos cameos que, si todos te caen bien, eres idiota”, ha escrito, añadiendo que algo parecido le ocurre a menudo incluso dentro de los medios donde trabaja. “Eso ya me pasa viendo a algunos colaboradores de la cadena donde trabajo o del periódico en el que escribo. ¿Y?”, ha añadido.
 

La contradicción como parte del debate

Más allá de la anécdota cinematográfica, el periodista aprovecha su columna para reflexionar sobre la dificultad de mantener posiciones ideológicas completamente coherentes en el espacio público. En su opinión, exigir pureza absoluta a quienes se identifican con la izquierda puede terminar reduciendo el debate a círculos cada vez más cerrados. “Si los periodistas de izquierdas quisiésemos ser seres sin contradicciones, deberíamos escribir en un fanzine hecho con cuatro amigos en una imprenta de barrio”, ha afirmado. Para reforzar esa idea cita una reflexión reciente del comunicador Marc Giró: “Ser de izquierdas es agotador”.

Para Évole, la clave está en no abandonar el espacio cultural o político por miedo a esas contradicciones. “Creo que hay partido y hay que disputarlo”, sostiene, defendiendo además que el humor puede ser una herramienta útil para hacerlo. “Y si puede ser riendo, mejor”, ha añadido.
 

Una sátira política que vuelve a dividir opiniones

La nueva película de Segura vuelve a apostar por la sátira política como uno de sus ejes centrales. En esta ocasión, el personaje de Torrente termina convertido casi por accidente en líder de un partido populista llamado NOX, una caricatura del auge de determinadas corrientes políticas.

El propio Évole ha descrito el planteamiento con tono irónico. El protagonista entra en política porque sus dirigentes ven en él a alguien “populista y con valores de mierda que cuadran con los suyos”. A lo largo del filme aparecen también referencias a líderes internacionales como Donald Trump o Javier Milei, retratados en clave satírica.

Tras acudir a una proyección en los cines de Cornellà, el periodista ha asegurado que disfrutó de la experiencia. “Lleno total a las 12 de la mañana. Gente de todas las edades”, ha contado, destacando el ambiente intergeneracional de la sala. “Nos reímos en muchos momentos. Me lo pasé en grande”.

Aun así, reconoce que el componente político del filme seguirá generando interpretaciones muy distintas. “Cada uno hará su lectura desde su trinchera”, ha escrito, convencido de que Segura juega precisamente con esa ambigüedad.

Una idea que el propio director resume desde el primer momento de la película, con una advertencia que aparece en pantalla nada más comenzar. Cualquier parecido con la realidad, recuerda el texto, “es una putada”.

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