Si algo ha demostrado Alba Carrillo a lo largo de los años es que no se esconde. Ni en plató ni fuera de él. En su última entrevista, la modelo y colaboradora ha vuelto a reivindicar la formación, la lectura y la libertad como los pilares que han sostenido su carácter, ese que muchos califican de explosivo y que ella defiende como crítico.

Su salto a la fama llegó con Supermodelo, casi por casualidad. “La naturalidad me dio el pase a la final”, ha recordado sobre aquellos primeros pasos en las pasarelas. Desde entonces, su rostro se ha convertido en habitual de la televisión, aunque su vocación, ha dejado claro en más de una ocasión, nunca ha sido únicamente mediática.

Porque, más allá del foco y el ruido, Carrillo ha cultivado una faceta menos conocida: la académica. Ha cursado estudios de Criminología y Filología Hispánica y ha defendido que estudiar no es una pose, sino una necesidad vital. En una conversación con Diez Minutos ha confesado: “Estudiar me da paz, pero lo hago por evolución personal y porque me centra muchísimo. Creo que hay que estudiar para no dejarte llevar por la opinión de nadie. Para mí, estudiar es como meditar, al igual que leer”.

La lectura, de hecho, ha sido su refugio desde niña. Ha contado que comenzó a bailar en el conservatorio para corregir un problema de espalda, aunque lo que realmente le apetecía era quedarse en casa leyendo. “Mis padres, por cada sobresaliente, me compraban un libro, y ya sólo por eso me esforcé en estudiar”, ha explicado, dibujando una infancia marcada por el esfuerzo y el premio silencioso de las páginas.

En Hoy por Hoy ha ido un paso más allá al hablar del papel de la formación, especialmente en el caso de las mujeres. “Cuando eres mujer tienes que estar mucho más formada, porque tienes que tener más capacidad de crítica y lucha”, ha dicho. Y fiel a su estilo, ha rematado: “Tener la lengua larga tiene que ir acompañado de tener cosas en la mollera, y a mí me gusta tener la lengua larga”. Para ella, estudiar “es algo que hay que hacer toda la vida como comer, ir al baño, irte de vacaciones”, y ha zanjado que no se debería dejar nunca.
 

Una familia “moderna y especial”

Si hay algo que atraviesa su discurso es la importancia de su familia. Carrillo ha hablado en varias ocasiones del peso que han tenido sus padres en su forma de entender el mundo. De su madre ha destacado el carácter y la libertad que le inculcó: “Mi madre tiene mucho carácter y eso me encanta. Me veo reflejada en ella en muchas cosas. Desde muy pequeña me dijo que fuera libre y pensase como yo quisiera, aunque fuese diferente a ella”. No es casual que ambas hayan compartido experiencias televisivas como Supervivientes o Secret Story.

De su padre, menos conocido mediáticamente, ha heredado el humor. “El sentido del humor me viene de mi padre, que no es tan conocido, pero ha aportado muchísimo a mi personalidad”, ha asegurado. En Gran Hermano, durante el espacio de La curva de la vida, recordó que la relación de sus progenitores marcó profundamente su infancia. “Son un ejemplo de familia y de amor incondicional, pero en su época fue complicado porque me tuvieron a mí sin casarse”, relató entonces, definiendo a su padre como “muy sensible” y a su madre como “brillante”.

A esa construcción personal se suma el impacto que tuvo su físico durante la adolescencia. Con 1,78 metros de altura, ha reconocido que sentirse diferente dejó huella. “El estigma del físico me ha acompañado mucho y también me ha hecho mucho daño”, ha confesado. Con el tiempo, ha reflexionado, esa diferencia se convierte en fortaleza, pero cuando eres pequeño “te sienta como cuerno quemado ser diferente”.

Infancia lectora, familia poco convencional para su época, estudios universitarios y una personalidad que no pide permiso. Carrillo no ha renegado nunca de ninguna de esas piezas. Más bien al contrario. Las ha reivindicado como el armazón de una mujer que habla alto porque, como ella misma ha defendido, procura tener argumentos para hacerlo.

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