Durante décadas hubo imágenes que nunca llegaron a las pantallas, historias que quedaron fuera del relato oficial y lugares sobre los que apenas existía documentación audiovisual. Ahora, la televisión pública ha decidido volver sobre ese pasado. Del archivo del NO-DO a la investigación sobre el asesinato de Federico García Lorca y, ahora, al interior de las criptas de Cuelgamuros, RTVE está convirtiendo la memoria reciente de España en una de sus grandes apuestas documentales.

No es una coincidencia ni una sucesión de producciones aisladas. Todos estos contenidos forman parte de Lo hacemos público, la nueva ventana de prime time de La 1 dedicada a documentales históricos. Una estrategia con la que RTVE ha decidido mirar hacia episodios de la historia reciente del país y, en algunos casos, recuperar precisamente aquello que durante décadas quedó fuera de la televisión.

El último ejemplo llega desde San Sebastián. RTVE estrena en el Festival Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible, un documental que permite acceder por primera vez con cámaras al interior de las criptas del antiguo Valle de los Caídos, cerradas durante casi seis décadas. Allí permanecen los restos de más de 33.800 víctimas de la Guerra Civil, unas 12.000 de ellas sin identificar. El equipo se adentra en un espacio que hasta ahora permanecía fuera de la mirada de las cámaras para acompañar también el trabajo de identificación de los restos.

Cuelgamuros llega después de que RTVE haya vuelto a abrir las latas del NO-DO. La segunda temporada de Los archivos secretos del NO-DO rastrea los fondos de la Filmoteca Española para recuperar imágenes que fueron rodadas pero nunca llegaron a proyectarse en los cines. Entre ellas aparecen imágenes inéditas del 23-F y del teniente coronel Tejero, pero también episodios aparentemente más pequeños que permiten reconstruir cómo funcionaba la maquinaria propagandística del régimen: desde unos hippies en Ibiza hasta unas prospecciones petrolíferas que terminaron en fracaso o un retrato de Franco alejado de la solemnidad habitual. En los almacenes de la Filmoteca todavía se conservan más de 6.000 latas con material del NO-DO que no llegó a ver la luz.

La primera temporada ya había demostrado que rebuscar en ese pasado podía tener recorrido televisivo. El espacio alcanzó un 15% de cuota en su estreno y un 11,5% de media en el conjunto de sus capítulos. La segunda temporada ha vuelto al prime time de los viernes con la misma fórmula: imágenes desconocidas, investigación y la pregunta de por qué determinadas historias quedaron fuera del relato que el NO-DO llevaba obligatoriamente a los cines españoles.

Y después llegó Lorca. Con motivo del 90º aniversario del asesinato del poeta, Lorca, las horas perdidas ha reconstruido sus últimos días utilizando documentación, testimonios de historiadores e investigadores y recreaciones protagonizadas por Ángel Ruiz. El documental adopta incluso el lenguaje del true crime para intentar responder a algunas de las incógnitas que siguen rodeando su detención y asesinato. La intención declarada por RTVE es acercar esta investigación a un público amplio y convertir la historia de Lorca en un relato sobre la memoria y la Guerra Civil.

Y hay un dato que ayuda a entender por qué esta estrategia tiene recorrido más allá del servicio público que RTVE está obligada a prestar. La audiencia está respondiendo. Los archivos del NO-DO ya habían demostrado que un documental histórico podía competir en el prime time, y la apuesta por Lorca ha mantenido esa capacidad de convocatoria. El interés no parece limitarse, por tanto, a un público especializado o académico: hay espectadores dispuestos a sentarse frente a la televisión para descubrir imágenes que no habían visto, reconstruir episodios que creían conocer o acercarse a una historia que durante décadas quedó incompleta en las pantallas.

Ahí está probablemente lo más interesante de Lo hacemos público. RTVE no se limita a colocar la memoria histórica en una parrilla por una cuestión de obligación institucional. Está intentando hacerla televisión: encontrar en los archivos una historia, rodearla de investigación, darle ritmo, personajes e imágenes y llevarla al horario de mayor consumo. El NO-DO se convierte así en una puerta para revisar cómo el franquismo construyó su propio relato; Lorca, en una investigación sobre uno de los asesinatos más simbólicos de la Guerra Civil; y Cuelgamuros, en la posibilidad de mirar por primera vez dentro de un espacio que durante décadas permaneció cerrado.

La apuesta llega, además, en un año especialmente marcado por la recuperación de la memoria democrática y con una programación que seguirá ampliándose con otros documentales, entre ellos ¡Cuánta guerra!

Hay algo casi simbólico en el recorrido. El NO-DO fue durante décadas la ventana a través de la que millones de españoles recibían una versión cuidadosamente seleccionada de la realidad. Ahora RTVE vuelve a aquellas mismas imágenes para preguntar qué quedó fuera. Y mientras abre las latas que nunca llegaron a las salas de cine, lleva sus cámaras a un lugar donde hasta ahora no habían podido entrar.

Del NO-DO a Lorca. De Lorca a Cuelgamuros. Una televisión pública que mira hacia atrás para enseñar aquello que durante demasiado tiempo permaneció fuera de la pantalla. Y que, de paso, está comprobando que conocer ese pasado también interesa a la audiencia.

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