Gabriel Rufián e Irene Montero se estrenaron como dupla televisiva este martes en La Revuelta. Ambos quisieron convencer al electorado para que se sume a su dupla después de haber fracasado en la conformación de una candidatura conjunta de las izquierdas, sin embargo, en distintas ocasiones, sus intervenciones se quedaron flojas y sin recorrido. Como ya ocurriera en la entrevista a Sánchez, Broncano planteó distintos bloques para poder preguntar a los invitados sobre temas cercanos o sensibles que afectan a la política y la ciudadanía. En este 'cara a cara', si hubo dos momentos especialmente llamativos fueron los relacionados con el 'caso Errejón' y con la inmigración.
El presentador ponía sobre la mesa un asunto que ya le planteó al actual presidente del Gobierno: ¿qué debe hacer la izquierda para afrontar el debate de la inmigración sin caer en la xenofobia? En este momento se pudo apreciar como sus discursos políticos al respecto no se dirigen en la misma dirección. El de ERC aseguró que "lo primero es reconocer que la inmigración es un reto innegable", "que miles de personas lleguen a los barrios que llegaron mis abuelos hace 70 años es un reto, no digo un problema".
"Creo que se tiene que basar todo en inclusión, en aceptación, en derechos y en obligaciones, te llames como te llames", agregaba el catalán, que apuntaba que, a su juicio, "la derecha y ultraderecha no culpabilizan al migrante porque es negro, sino porque es pobre.
Mientras, Montero expresaba su oposición a esta postura, señalando que esa explicación desvía el foco de lo que, para ella, es la clave: "Si al final hablamos todo el día de esto no hablamos de los invasores que se meten en nuestros barrios como son los Airbnb o los pisos turísticos". "Cualquiera lo haríamos, [...] hay una falta de humanidad en tratar como no tratarías a quien tu más quieres mientras que a los verdaderos invasores nunca los nombramos", proseguía, apuntando también a los fondos buitre.
Por otro lado, seguramente el momento más incómodo llegó de la mano del 'caso Errejón'. Gabriel Rufián recordó la época en la que Montero, aún ministra, tenía a decenas de personas a las puertas de su casa y reprochaba que nadie le mostrara su apoyo en el Congreso. "¿Iba Errejón alguna vez a decirte qué tal estás?", le soltaba Broncano, sorprendiendo a los políticos. "No, por la cuenta que le traía", respondía ella, mientras que Rufián reía desviando la mirada.
"¿Qué se sabe? ¿Dónde está?", indagaba Broncano, provocando un silencio inicial entre los invitados. "Si alguien lo sabe no soy yo", terminaba contestando la de Podemos. Pese a que era evidente que ambos no estaban cómodos hablando del asunto, Broncano siguió acorralando: "¿Cuánto os sorprendió de cero a diez?", preguntaba, refiriéndose a las denuncias de acoso sexual que pesan sobre el que fuera uno de los fundadores de los morados.
"¿El qué?", preguntaba ella, como quien no sabe de qué le están hablando. "A mí un 10. Lo tengo que decir claramente, no miento", se mojaba entonces el catalán. "Yo creo que lo sabía bastante gente", añadía entonces la eurodiputada. "¿Y?", repreguntaba Broncano, al que se le quedaba coja la respuesta.
De nuevo, entre segundos de silencio, Montero salió como pudo del momento 'tierra, trágame': "Y ahí estaba. A veces pasa eso, lo hemos criticado muchas veces las feministas. Precisamente el poder te da una impunidad. En Madrid, la gente se conoce, sale por los mismos bares y ahí se mezclan periodistas con políticos, y todo se va sabiendo. El poder te da un manto de impunidad y eso es la cultura de la violación y lo que tenemos que romper. No miremos para otro lado", pedía la madrileña.
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