Quedamos en Antena 3 con el copresentador de Espejo Público. Mientras avanzo por el pasillo camino de la sala de invitados del programa que presenta Valls alguien me intercepta con un abrazo. Es Aimar Bretos. Está guapo y lo primero que me dice es “me hago caca”. No es que necesite ir al baño, es que está de los nervios por el inminente estreno de ‘La noche de Aimar’, su primer programa en laSexta. No me suelta prenda sobre la fecha de estreno, pero os confieso que no puedo más que desearle todo lo mejor porque siempre ha sido conmigo de lo más generoso. Desde los tiempos en los que nos cruzábamos por los pasillos del Grupo PRISA, él como presentador del informativo ‘Hora25’, yo como la mamarracha que presentaba el pódcast ‘¡Menudo Cuadro!’.
Después de este feliz encuentro sigo avanzando por el pasillo de Atresmedia y al fondo alguien me saluda con los brazos en alto. Es Miquel Valls, tan alto, tan guapo. Me pregunto cómo puede tener tanta energía si, echando mis cuentas, llevará despierto más horas de las aconsejables. Me recibe con abrazos y la mejor disposición para las fotos que acompañan este texto. Se le ve ilusionado con esta aventura, aunque no para de quitarle peso a su faceta literaria. Nos sentamos a charlar y su teléfono no deja de sonar, aun así, se centra en esta charla.
PREGUNTA: Has contado que no dijiste nada mientras escribías el libro porque no tenías nada claro que fuese a ser “digno de publicar”…
RESPUESTA: Mira, primero pensaba que era una broma del programa (Espejo Público), porque a mí esto me lo ofrecen un mes después de que falleciera mi padre. Yo estaba durmiendo, estaba echando una siesta y de repente empiezan a llamarme insistentemente al teléfono. Era una llamada de un número desconocido y decidí no responder. Al poco tiempo me mandaron un WhatsApp, “Hola, soy Rosa, de la editorial Planeta. Nos gustaría que escribieras un libro”. Lo primero que pensé es que era una broma del equipo, hablaré con ella, me grabarán y toda esa historia. Entonces llamé a distintos jefes y ya me di cuenta de que iba en serio. En un principio estaba como muy reacio a hacerlo y luego llegué a un pacto con la editora y le dije “oye, yo te voy a ir mandando los capítulos y todo lo que tú me pidas, pero si esto no es publicable, me lo dices y no hacemos nada”. Para mi sorpresa, según enviaba, estaban encantados y fascinados desde el primer día. Pero vamos, todos mis compañeros se han enterado un día antes de la salida del libro, cuando lo recibieron.
P: Susanna se enteró cuando le dijiste “¿presentas el libro?”, ¿no?
R: Sí, exacto. Me dijo “¡pero cuándo has escrito un libro!”. (Se ríe).
P: ¿Cuánto de ti hay en El ruido bajo la piel? Cataluña, una masía, un padre que se enfrenta a la enfermedad, el trasfondo del mundo del arte, la presión mediática…
R: A ver, al final hay muchos aspectos que sí que tienen que ver con mi vida. Y lo que sí que aparecen son unas descripciones muy minuciosas de cómo recibe a alguien una enfermedad terminal de un padre, un hijo o un hermano, y la descripción de cómo se siente una persona que no acostumbra a compartir todo su sentimiento con su familia o con su pareja. Y, sobre todo, también las descripciones y las nuevas situaciones a las que te enfrentas. Creo que todo eso está muy bien descrito. Por ejemplo, los silencios, los olores que cambian, todo lo que pasa dentro de casa. Y es verdad que el gran cambio, que al final una experiencia como la que vive mi protagonista, que yo también he vivido, cambia todo. Porque tú estás acostumbrado a que te cuiden y al final tú pasas a ser el cuidador de esta persona que te dobla la edad. Y esto la verdad es que sí que es bastante autobiográfico. Lo que no es autobiográfico es el robo que se sucede en la novela, que va en paralelo. Sí es un suceso real que hubo en Cataluña de un robo de una colección de arte de una familia muy conocida, pero no me sucedió a mí.

P: Curiosamente Elvira, el nombre de tu protagonista, es el mismo que el de la oncóloga que trató a tu padre…
R: Eso es.
P: ¿Y este homenaje?
R: Mira, Elvira igual que el resto tampoco sabía nada del libro. Yo me sentí muy acompañado por la oncóloga de mi padre durante toda la enfermedad y el otro día recibió el libro y claro, se quedó como fascinada. Comparte nombre con la protagonista de la historia, pero no tiene nada que ver su vida, que la desconozco.
P: ¿De dónde has bebido para el personaje de la madre de Elvira?
R: Al final creo que hay muchas madres así. Yo creo, en España, hay muchas madres que se casaron felices y que luego fueron anuladas por el hombre, que era más que la mujer. Entonces, si hay un hombre que tiene más poder, más dinero, más clase social que tú, te haces un poco pequeña y al final empiezas a vivir en una etapa de frustración en la vida. Y esto yo creo que muchas veces se vive en silencio porque las mujeres todavía no se atreven en muchas ocasiones a verbalizar cómo se sienten y cómo están. Sobre todo, cuando ya tienes una cierta edad y cuando no vives en una gran ciudad. Y más aún cuando todo se produce en un entorno que es mediático.
P: Hay un debate que está ahora en boga y que no sé si lo has pensado en algún momento del proceso de creación de tu novela. Tu compañera Sonsoles Ónega ha hablado de cómo se percibe dentro del mundo de la literatura a los periodistas de tele que deciden escribir un libro. ¿Qué te parece ese debate?
R: En mi caso, desde el primer día digo 'yo no soy escritor'. Soy un contador de historias, cada mañana cuento 40.000 historias en cuatro minutos y ahora se me da la oportunidad de contar una historia en 400 páginas. ¿Por qué no voy a poder hacerlo? Con todo el respeto a los escritores. El debate sería ¿qué necesitas tú para ser un escritor o un comunicador? No sé, yo simplemente he contado toda esta historia con toda la honestidad que he podido, con la escritura como hablamos todos y metiendo ingredientes en los que todo el mundo se pueda sentir reflejado.
P: Con mucho pudor…
R: Bueno, y con mucho pudor. Pero es verdad que ahora - también el otro día me lo preguntaba un compañero tuyo - hay un boom en el que parece que todos los que salen por la tele escriben.
P: Bueno, tampoco creo que sea así.
R: No lo sé, yo pensé ¿y qué quieres que te diga yo? ¿Sabes? No lo sé. O sea, al final, cuando una editorial apuesta por una historia entiendo que verá algo que tiene algo de sentido.

P: Empezaste en los informativos de TV3, ¿te ves ahora haciendo un informativo?
R: Pues mira, sí. La verdad es que sí. En aquel momento es verdad que me pilló muy joven, que era muy inexperto, que no dominaba nada la actualidad y esto me creaba muchísima inseguridad. Era mi primera vez delante de una cámara y cometía muchísimos errores, pero ahora con el tiempo sí me parece que podría ser algo también interesante. Aunque estoy muy cómodo contando historias de un modo distinto porque, al final, en un informativo tienes el tiempo muy pautado, muy marcado y todo tiene que ir muy rodado. Y un magazine o un programa de actualidad, te permite ser mucho más cercano y escuchar mucho a la gente. Pero no lo descartaría en un futuro.
P: Has hecho mucha calle en televisión, ¿se vive mejor en los platós?
R: Creo que hay tiempo para todo. La calle es la mejor escuela, porque cuando tú te enfrentas a un directo lo haces solo en tu plató que está en movimiento, que es la calle, con factores externos que nunca sabes lo que va a pasar. Además, en calle metes muchas horas, buscas el testimonio, buscas los temas, las exclusivas. Está fenomenal para una etapa con una cierta edad, conocí toda España de suceso en suceso. Luego ya llega un punto que es verdad que igual priorizas otras cosas en tu vida, poder dormir cada noche en tu casa… Llegado a ese punto sí, se vive mejor en un plató. Para mí un plató es mucho más cómodo y yo creo que para los compañeros también, porque al final te sientes mucho más arropado. Pero la mejor escuela está en la calle porque las cosas suceden en la calle, no suceden en un plató.
P: Antes de llegar a copresentar Espejo Público trabajaste nueve años en todos los programas de la productora de Ana Rosa, ¿se paga un peaje por irse a la competencia?
R: Mira, yo creo que al final esto es un mercado laboral y como en todos los mercados se producen ofertas. Y cuando tú crees que pueden ser interesantes, hay que aprovecharlas. Es verdad que yo con Ana Rosa he sido muy feliz, he aprendido mucho a su lado y al final también todas las relaciones cambian y evolucionan. Cuando me llegó la oferta creí que era el momento idóneo para explorar nuevos horizontes. Respecto a que me fuera a hacer la competencia a ella, pues al final tampoco decides tú de donde te llaman… Yo estoy ahora muy contento y muy feliz. Llevo aquí tres años y estoy con ganas de mucho más.
P: ¿Se produjo una felicitación cuando te fuiste a Espejo?
R: ¿Por parte de quién?
P: De Ana Rosa o de su segunda, o de la cúpula donde trabajabas
R: No, no hubo felicitación. Hubo una comunicación por mi parte y bueno, y ya está. La verdad es que no la hubo, por parte de muchísimos compañeros sí. Pero también tienes que interpretar mucho esto, ¿sabes? Luego nos hemos visto alguna vez que hemos coincidido y la relación es buena.
P: ¿Y cómo es presentar con Susanna Griso?
R: Es muy fácil, la verdad. Muy divertido cuando toca ser divertido y como si nos conociéramos de toda la vida. Ella es una persona muy generosa, como también lo era Ana Rosa y me siento muy cómodo a su lado.
P: ¿Es complicado llegar a un formato que lleva tantos años como Espejo?
R: Sí, pero es verdad que llegué en un momento en el que el formato cambió un poco. Por primera vez se puso un sofá, por primera vez se tocaron temas más de entretenimiento o más sociales, con una puesta en escena que igual antes no había. El programa cambió un poco pero supongo que la intención es la misma, que es sentarnos en este sofá que tenemos escuchando los problemas que tiene la gente o las historias que tenemos que contar cada día.
P: Hay un dato que me divierte de tu carrera profesional y es que hiciste el casting para presentar Mapi…
R: ¡Ay, sí! ¿Como sabes eso?
P: Cosas que sabe uno…
R: Pues sí, era un programa de Televisión Española que presentabas con un robot que no veías, que tenía un cabezón enorme. (Se ríe).
P: ¿Te dio pena que al final no fueras el elegido o cuando viste que no funciona, dijiste “mira, mejor”? (Finalmente el concurso fue presentado por Jandro)
R: Hice el casting porque la cadena tenía mucho interés en que lo hiciera. Fue divertido, después no le di tampoco más vueltas.
P: ¿Por qué la gente tiene que acercarse a una librería y comprar El ruido bajo la piel (Espasa, 2026)?
R: Pues mira, es un thriller emocional donde los protagonistas van marcados por muchos sentimientos que la cabeza humana al final es capaz de aguantar, de soportar. Al final tiene todos los ingredientes para que te pueda gustar. Tiene sexo, tiene un gran robo, tiene parte de investigación para saber quién ha robado, tiene la degradación de una familia que muchas veces no somos conscientes de lo que estamos viviendo y al final yo creo que tiene un poco de todo y aun así es para todos los públicos. Hay mucha gente que me escribe y me dice que se identifica mucho con la protagonista de esta historia porque cuando entra la enfermedad en casa de una familia, todo el protagonismo, evidentemente es para el enfermo que está viviendo con esta enfermedad, pero hay veces que pasamos por alto la gente que tiene alrededor la figura de los cuidadores. Y esto para mí también era importante tenerlo en cuenta y reflejarlo.
P: ¿Te volverías a animar a escribir otra?
R: De momento no. Justo me lo acaban de preguntar y de momento no. Vamos a terminar la promoción y las firmas y luego ya veremos.
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